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24 de junio 2005 - 00:00

Podría haber sido un gran fallo

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El fallo de la Corte sobre las leyes de Punto Final y Obediencia Debida satisface y reacomoda algunas conciencias, y en esto muestra mezquindad porque complica al país por fines individuales distintos del dolor de deudos. No era un reclamo de la mayoría de la sociedad sino de un sector y no fue declarado como propósito entre las postulaciones que antecedieron en las urnas al actual gobierno. Ni siquiera nunca fue declarado como propósito por la estructura política que designó, sin elección interna partidaria acorde con la democracia, las figuras de presidente y vicepresidente. Las reivindicaciones de minorías son válidas en la Historia pero dentro de determinados principios. La pasividad ante la agresión a que fue sometido el que pide la reivindicación; su no inicio de las hostilidades o si las hubiera iniciado que haya sido forzado bajo condiciones de opresión política y no democracia vigente; la inexistencia de crímenes propios equiparables en cantidad y virulencia a los de sus agresores; que se les haya negado a las víctimas una justicia imparcial para defenderse; que no haya imparcialidad de la Justicia en la decisión de las reivindicaciones; que se produzcan en un término acotado de tiempo para que no mantengan heridas abiertas que inmovilicen o convulsionen un país y, finalmente, que se respeten los postulados del Derecho para los demandados por quienes quieren reivindicación. Salvo que, efectivamente, se les negó una Justicia imparcial y que no son equiparables en cantidad aunque sí en virulencia los crímenes a los de sus represores, los otros principios de una reivindicación justa sobre la subversión de los años '70 no se cumplen con este fallo de la Corte. Si la reivindicación no se ciñe a los principios objetivamente observados no es tal sino revancha bajo el amparo de una circunstancia política del momento. La reivindicación del pueblo judío por el Holocausto cumple todos los principios; igual que el sacrificio de armenios en 1915. Tampoco en Latinoamérica la cantidad de víctimas desde la guerrilla en Chile se igualó ni cercanamente a la brutalidad y número de víctimas de su represión. Es, por tanto, el de la Corte un fallo político, parcial y no acorde a Derecho. Satisface a unos pocos con peso hoy en la Justicia, distraerá por años de apelaciones a la Nación de su mejor progreso y hasta tiene un fin subalterno: en la medida en que el país se encamine a formas alternativas modernas de hacer política y llegar a gobernar como centroderecha o centroizquierda le asegura al Frente de la Victoria del matrimonio Kirchner el predominio en el segundo sector a través de haber logrado este fallo.

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