“La obra nos obliga a reflexionar sobre nuestros prejuicios. Hay un encuentro entre dos generaciones más que un choque”, dice Javier Daulte, director de “Me gusta”, de Alberto Rojas Apel, con el regreso de Damián de Santo al teatro, junto con Julieta Zylberberg y Lu Grasso. La comedia que aborda las nuevas formas de pareja y “trieja” debutó el fin de semana en el Paseo La Plaza y se presenta de viernes a domingos. Dialogamos con Daulte.
Periodista: ¿Qué le atrajo del texto para querer dirigirla?
Javier Daulte: Me divirtió y me sorprendió, no creí que se iba a atrever a ir por donde va. Plantea situaciones, personajes y diálogos tan buenos, con vínculos entrañables, que alude a las nuevas formas vinculares que están apareciendo. La trama se centra en una pareja de cuarentones y una niñera de otra generación con una cabeza muy distinta. Ella vive todo con mucha naturalidad en cuanto a las nuevas maneras de relacionarse respecto de las parejas y el amor, que descoloca a este matrimonio y los deja patas para arriba.
P.: ¿A qué se refiere cuando dice que la obra se atreve a ir por donde va?
J.D.: Se atreve al planteo de lo que es la “trieja”, estas nuevas formas de amor. Nos hace preguntar muchas cosas, plantea cómo son los prejuicios que cada generación tiene que vencer. La generación que viene también tendrá que vencer otros.
P.: ¿Qué plantea sobre ese choque generacional?
J.D.: En esta generación está la diversidad de género, “les chiques”, en la obra el personaje de Lu Grasso es Joey, no binario, en contraste con esta generación más grande. En las nuevas está ese típico vínculo de pareja abierta, la trieja, que si bien son cosas que existen desde siempre deja de ser algo raro. Y la chica joven entiende a los cuarentones, gusta de ellos respecto de su forma más tradicional del amor.
P.: ¿Cómo creció la obra del papel al escenario?
J.D.: La vi como una comedia luminosa, ligera de equipaje pero no liviana. Sentía que tenía que fluir. Son ocho escenas en las que no quería que hubiera esperas, la primera ya tenía que contar con esa agilidad desde la puesta. Para eso definí claramente el tono de los vínculos y la primera decisión no la invento yo sino que la saco del texto aunque otro director podría haber hecho otra cosa. Ésta no es una pareja desgastada y en las últimas, acá no hay una crisis tremenda. Están bien pero se les presenta la posibilidad de estar mejor y eso implica un riesgo. Aparece lo tremendo cuando nos plantean la posibilidad de estar mejor y en eso se puede perder mucho, puede salir mal y ser peor el remedio que la enfermedad. Es como cuando la pareja plantea tomarse un tiempo y eso se convierte en algo definitivo. Se pregunta qué pasa cuando con mucho amor igual no alcanza.
P.: ¿Qué puede decir de las nuevas generaciones de dramaturgos que usted forma?
J.D.: Se está produciendo mucha dramaturgia y está la posibilidad de pasar a un montaje. Ese es el gran entrenamiento, en otros países para que un dramaturgo llegue a estrenar hay muchos más obstáculos, en cambio aquí se arriesga y el aprendizaje es enorme. Siempre impulso a los autores a que las obras se hagan, porque el aprendizaje respecto de la dramaturgia no termina cuando se cierra la obra sino cuando se monta; la experiencia con el público es un proceso fundamental. Buenos Aires y Argentina nos da ese lujo, se escribe mucho y se hace mucho. La vitalidad de la dramaturgia es enorme y muchos autores argentinos logran estrenar sus obras en calle Corrientes como este caso.
P.: ¿Cómo se sabe cuál es el circuito adecuado para cada obra?
J.D.: Son diversos los caminos y los diseños de producción, cada obra debe encontrar su nicho. Hay veces que es un conjunto de variables las que hacen que algo termine resultando excelente, entre esas variables está que se haga en el lugar donde debe estar, a veces la misma obra con los mismos actores en el teatro equivocado puede ser un rotundo desacierto. A veces una obra está en calle Corrientes cuando debería estar en un teatro más pequeño y a veces a la inversa. Hubo obras de mucho éxito en un lugar que pasa a otro y no funciona. Recuerdo “Art”, que fue un éxito, pero cuando la leyeron grandes actores y productores la rechazaron porque creyeron que no iba a funcionar. O el caso de “Baraka”, que dirigí y fue muy exitosa acá pero en Inglaterra resultó un gran fracaso. Luego de tantos años de experiencia seguimos sin saber cuál es la fórmula, y eso es lo interesante. De pronto aparecen materiales como este, de un autor que nunca estuvo en calle Corrientes y se le da esa posibilidad.
P.: ¿Y cuándo estrena nuevas obras de su autoría?
J.D.: Estoy ensayando “Carnicería” que subirá al Regio con Karina K, Flor Raggi, Marcos Montes y Agus Daulte y más adelante “El sonido”, escrita por mi y con el mismo equipo de actores de “Luz testigo” que espero estrenar para el festejo de los 30 años de Espacio Callejón.
P.: Ya treinta años.
J.D.: Yo lo tengo hace ocho pero el Callejón de los Deseos cumple treinta y haremos un festejo con el estreno de “El sonido”. Este año se volcó más gente al teatro y el año pasado ya no nos fue tan mal en relación al 2022 bastante duro. Este año se recupera un poco según los números.
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