A la caza de los misiles de Saddam
-
EEUU impondrá un arancel del 100% a medicamentos importados para incentivar la producción nacional
-
EEUU: el secretario de Defensa le solicitó la renuncia inmediata al jefe del Estado Mayor del Ejército
En la última oportunidad, el mayor fracaso de los militares de EE.UU. fue el no haber derrotado a los Scuds. En 1991, EE.UU. dedicó 2.493 misiones a lo que se llamaría la «Gran Caza de Scuds». Pero ni siquiera se anotó un sólo punto contra un misil ni su lanzadores móviles en Irak aunque sí destruyó lo que resultaron ser algunos camiones cisterna de combustible y señuelos de Alemania Oriental idénticos a los reales. Los Scud no sólo provocaron el caos en Israel el mes que los misiles llovieron sobre Tel Aviv. También mataron a 28 soldados estadounidenses cuando uno de estos misiles destruyó su cuartel en Dhahran (Arabia Saudita). Después se supo que su información sobre los Scuds era errónea.
Esta vez EE.UU. tiene más información sobre el paradero de los lanzadores de Scud. Las fuerzas especiales israelíes integrantes de la unidad Shaldag (martín pescador en hebreo) realizaron misiones de reconocimiento en el occidente de Irak, en busca de probables sitios de lanzamiento próximos a buenos escondites. La inteligencia israelí también identificó para EE.UU. las posibles zonas de lanzamiento y las mejores posiciones elevadas para rastrearlos. Washington le prometió a Israel que enviará comandos al occidente iraquí durante los primeros minutos de la guerra para buscar los Scuds y ordenar ataques aéreos para destruirlos.
Pero esas precauciones son en gran medida políticas porque, en realidad, existen pocas probabilidades de que los comandos se topen con equipos Scuds en la vastedad del desierto iraquí. El Pentágono seguiría dependiendo de satélites espías y aviones para detectar a los Scuds en movimiento, una vez que fueron lanzados, y para eso cuenta con sistemas de vigilancia que avanzaron mucho en los últimos 11 años. En lugar de enviar la información a EE.UU. -como hubo que hacer en la Guerra del Golfo-, estos sistemas nuevos proporcionarían a los comandantes en la región el acceso directo a la información, permitiéndoles, por ejemplo, enviar a los cazas y los aviones no tripulados Predator contra los Scuds. La idea es reducir lo que el Pentágono llama la «cadena de eliminación», o sea el tiempo transcurrido entre encontrar un objetivo y su destrucción.
¿Será éste lo suficientemente breve? El general John Jumper, jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea, dice estar «muy» seguro de que EE.UU. tendrá mejor suerte eliminando Scuds en una segunda Guerra del Golfo. Pero un estudio de la corporación Rand de este año concluyó que la Fuerza Aérea de EE.UU. aún no puede detectar ni destruir Scuds en un plazo de 10 minutos, mientras los iraquíes pueden abandonar el sitio en seis minutos. Los esfuerzos para eliminar los Scuds móviles seguirán siendo relativamente ineficaces hasta que se desarrollen sistemas mejorados de reconocimiento sean desarrollados, según el informe de Rand. De acuerdo a Myron Hura, uno de sus autores, Saddam, podría anular toda ventaja obtenida por EE.UU. en los últimos 11 años desplegando más señuelos y ocultando los Scuds auténticos en zonas pobladas o próximos a mezquitas y escuelas. «Sigue siendo un desafío difícil», comenta Hura.
¿Si los comandos no pueden eliminar al misil y su lanzador, y si el lanzador no puede ser destruido una vez que dispare, que queda para interceptar a los Scuds mientras se acercan a sus objetivos? La tecnología aquí también ha mejorado mucho desde 1991. Con la ayuda financiera y técnica de EE.UU., Israel construyó, a un costo de 2.000 millones de dólares, un sistema antimisil llamado Arrow. Aunque todavía es nuevo y no ha sido probado en combate, Israel calcula que el Arrow podrá destruir el 90 por ciento de los Scuds entrantes.
Mientras, EE.UU. está gastando 12.000 millones de dólares para desarrollar una nueva generación de Patriots. El original fue diseñado para destruir aviones y sólo se lo ha utilizado para derribar misiles en plena Guerra del Golfo. A diferencia de la generación de Patriots anterior, que destruye su objetivo explotando al pasar junto al mismo, el Patriot nuevo lo destruye chocando contra él. El Pentágono, viendo la posibilidad de una guerra con Irak, impulsó recientemente la fabricación del Patriot nuevo, a un costo de 10 millones de dólares por misil.
Fuentes militares estadounidenses dicen que hay mucho en juego en una futura campaña antiscud. Aunque a Saddam le quedaran algunos misiles en la manga, podría en el futuro tener la motivación -y la capacidad-para cargarlos con ojivas químicas devastadoras. La inteligencia estadounidense no está segura por qué Saddam no lo hizo la última vez. Quizá estaba convencido de que Washington respondería con armas nucleares. O quizá fuera porque sus ingenieros no pudieron perfeccionar el fusible complejo necesario para esparcir una nube de gas sarín o VX de 800 metros de diámetro, una niebla mortal capaz de matar a miles de personas a su temible paso. Este tipo de dispositivos utilizados para accionar las bolsas de aire de seguridad (airbags) de los automóviles son comunes ahora.




Dejá tu comentario