En la sede de la Agencia Nacional de Imágenes y Cartografía en las afueras de Washington, los cartógrafos del Pentágono analizan la avalancha de imágenes satelitales que reciben a diario desde Irak y actualizan la Base de Datos de Posicionamiento Digital, compuesta por mapas computarizados con las coordenadas de los principales arsenales, puestos de comando e instalaciones de defensa aérea de Saddam Hussein. Mientras tanto, una fábrica de Boeing en las afueras de St. Louis (Missouri) trabaja a doble turno en el montaje de un arma revolucionaria especial para esos blancos: dispositivos guiados por computadora que, cargados con las coordenadas del Pentágono, convierten bombas tontas en armas de sorprendente precisión e increíblemente baratas.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Si estalla una guerra entre Estados Unidos e Irak, el papel de los fabricantes de armas de ambos países podría ser más decisivo para el resultado que en conflictos anteriores. En una batalla entre los dos ejércitos, Estados Unidos llevó sin dudas las de ganar en términos de equipamiento. Pero para lograr su objetivo de pacificar a Irak tras el combate, debe ganar sin arrasar el país, para lo cual es fundamental dar en los blancos correctos. Irak, dado el estado de agotamiento de sus fuerzas militares, sólo podría mejorar sus posibilidades desplegando armas de destrucción masiva contra las tropas estadounidenses invasoras con la esperanza de causar miles de bajas.
Estados Unidos y enfrentó esta amenaza en 1991, cuando luchó contra las fuerzas iraquíes para expulsar a Irak de Kuwait. En aquella ocasión, Bagdad no desplegó sus armas más temibles. Pero los iraquíes no ha probado aún lo que les tiene reservado Estados Unidos si estalla una nueva guerra. Con la Guerra del Golfo Pérsico, el mundo conoció la bomba inteligente, capaz de derribar blancos específicos con una increíble precisión. Sin embargo, la nueva generación de bombas inteligentes hace que aquellas parezcan de juguete. Además, como son tan baratas de fabricar y fáciles de usar, es de suponer que serán muchas más las que caigan sobre blancos iraquíes en caso de un nuevo conflicto. En 1991, en la operación Tormenta del Desierto, las municiones guiadas por precisión representaron 7% de las bombas utilizadas. Ese porcentaje saltó a 30% en 1999 en el conflicto de Kosovo y a en 60% en Afganistán el año pasado. Los funcionarios del Pentágono señalan que, de desatarse una guerra con Irak, tienen intenciones de utilizarlas en 100%.
• Malas experiencias
Los avances logrados en materia armamentista son producto de las malas experiencias. En 1991 el mal tiempo y el humo que emanaba de los yacimientos petroleros de Kuwait incendiados por las tropas de Saddam obligaron a muchos aviones estadounidenses a regresar a sus bases sin cumplir con su misión y que sus sistemas de guía láser no podían ver a través del smog. Al concluir el conflicto, el jefe del estado mayor de la fuerza aérea, el general Merrill McPeak, envió una nota a los diseñadores de armas con el mensaje: Necesitamos municiones guiadas por precisión para todo clima.
La idea de McPeak era producir bombas inteligentes capaces de conectarse con los satélites del Sistema de Posicionamiento Global GPS que giran alrededor de la Tierra para que el humo no les impida atacar. Su idea se hizo realidad en 1998, cuando el Pentágono compró su primera JDAM o munición combinada de ataque directo. Los dispositivos JDAM se adosan a la cola de las bombas tontas comunes y les permiten saber siempre dónde están gracias a la información que reciben del avión o, una vez arrojadas, del GPS.
Las JDAM ofrecen más protección a los pilotos. A diferencia de las bombas guiadas por láser desde aviones que vuelan a unos 4,5 km de altura, las JDAM pueden arrojarse desde unos 10,5 km, muy por encima del alcance del fuego enemigo, y a unos 25 km del blanco.
En la Guerra del Golfo Pérsico, sólo un puñado de aviones podía lanzar misiles guiados y bombas de precisión y en cantidad limitada. Ahora, prácticamente toda la flota de aviones de guerra estadounidenses está en condiciones de hacerlo.
A algunos estrategas les preocupa que las reservas de municiones JDAM cerca de 20.000 no alcancen en caso de una nueva guerra contra Irak. Por esta razón, la fábrica Boeing en las afueras de St. Louis está produciendo 2.000 unidades al mes y pronto aumentará su producción. Según Mc-Peak, el principal problema es que la inteligencia no ha crecido tanto como la precisión del sistema. Muchas veces las JDAM hacen impacto en las coordenadas correctas, pero en los blancos equivocados, como ocurrió en 1999 con el debut del sistema durante la campaña de Kosovo cuando un B-2 lanzó tres JDAM sobre la embajada china en Belgrado creyendo que era un edificio militar de los yugoslavos. Desastres similares han ocurrido recientemente en Afganistán.
¿Con qué blancos programaría Estados Unidos las JDAM? Además de los blancos tradicionales posibles arsenales que podrían alcanzarse en forma segura desde el aire, instalaciones de defensas aéreas y centros de comando y control una nueva guerra aérea apuntaría a los palacios de Saddam y a otras muestras de su poderío, como las estaciones de transmisión de televisión. Al menos en un principio, señalan funcionarios del Pentágono, el grueso de las fuerzas militares iraquíes no estaría en el blanco. Washington prefiere conservar el ejército de Saddam intacto para que pueda mantener en orden el país en una eventual era post-Saddam.
Las armas de destrucción masiva de Saddam serían un blanco urgente pero delicado. Aunque no las usó la última vez, los estrategas estadounidenses tienen razones para creer que podría hacerlo en una guerra cuyo objetivo explícito es derrocarlo.
También desde ese momento, seis satélites de inteligencia estadounidenses del tamaño de auto-buses merodean el cielo de Irak todos los días. Tres satélites KH-11 y tres Lacrosse intentan dar con los lugares en los que Saddam podría estar produciendo armas de destrucción masiva y con indicios que pudieran indicar que está moviendo sus misiles Scud a las posiciones de lanzamiento.
Las fuerzas militares de Estados Unidos están considerando atacar las instalaciones subterráneas con armas diseñadas para producir un calor intenso que mata a las esporas de las armas biológicas y descompone las sustancias tóxicas de las armas químicas sin liberar toxinas en la atmósfera. Los funcionarios del Pentágono señalan que otra opción sería intentar dejar fuera de operación los arsenales de armas biológicas y químicas de Irak y las instalaciones lanzamisiles con potentes armas de microondas conocidas como bombas E, que derretirían los circuitos de las computadoras necesarios para operar dichos sistemas.
Dejá tu comentario