París - La campaña electoral puso de manifiesto el estado de un amplio sector de la sociedad francesa, desafiante frente a su clase política, angustiada ante el futuro y tentada por replegarse sobre sí misma. Las siguientes son algunas claves del rechazo de los franceses ayer.
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• El deterioro de la situación económica. Los detractores de la Constitución no creen que su rechazo vaya a desencadenar una crisis: a su juicio, la crisis existe ya. La importante tasa de desempleo, que vuelve a superar 10 por ciento, el mediocre crecimiento económico, la pérdida de poder adquisitivo y el encarecimiento de la vida nutren el pesimismo y la inquietud de los votantes del No y dan munición a quienes sostienen, como los soberanistas, que la construcción europea y en particular el euro no beneficiaron a Francia. «La mayor parte de las opiniones públicas europeas se caracteriza por un fuerte nivel de pesimismo respecto del futuro. En Francia, ese pesimismo no sólo no es nuevo, sino que se sitúa en un nivel récord: más de 75 por ciento de los franceses opina que año tras año las cosas empeoran», observaba Brice Teinturier, director general del instituto de opinión TNS-Sofres. Prueba de que el deterioro de la situación económica es un factor determinante es que el No fue mayoritario en las capas más desfavorecidas de la sociedad.
• La impopularidad del gobierno. Aunque Europa se haya convertido en origen de casi todos los males para ellos, los partidarios del No se vuelven también contra un poder político, encarnado por el presidente Jacques Chirac y el primer ministro Jean-Pierre Raffarin, que no sólo no ha sabido mejorar la situación de los ciudadanos más vulnerables sino que, en su opinión, la empeoró.
Chirac y Raffarin pagaron de golpe el precio de reformas rechazadas como la de las pensiones, las 35 horas o la educación que consiguieron sacar adelante a fuerza de firmeza y de hacer caso omiso de protestas multitudinarias.
• Temor
• La ampliación, mal digerida. Como ocurrió cuando España y Portugal iban a ingresar en la Comunidad Europea,se teme la invasión de una horda de plomeros polacos -una figura estrella de la campaña-, dispuestos a trabajar más horas y por menos dinero que los franceses.
• Rechazo del liberalismo y la mundialización. Especialmente en el frente del No en la izquierda, pero también en casi toda la sociedad francesa, liberal se ha convertido en un insulto. Incluso la «economía de mercado» de la que se habla en la Constitución, aunque sea « social» y «tendiente al pleno empleo», es denunciada como una perversión por una izquierda que apuesta por la ruptura con el sistema. ¡Qué importa que la noción de economía de mercado figurara en el primer Tratado de Roma de 1957 y que por ahora sea el único modelo económico que ha funcionado! Los partidarios del No dicen además que el corset liberal que impone la Constitución no permitirá a Francia preservar su modelo social y sus servicios públicos, y quedará grabado en el mármol y no podrá ser revisado. La mundialización, acompañada por el espectro de las deslocalizaciones, genera el mismo rechazo sin tener en cuenta que las empresas galas figuran entre las más beneficiadas por la mundialización económica.
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