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El polémico mandatario libio, Muamar Gadafi.
• Funcionarios libios le dan la espalda a Gadafi
La cadena de televisión Al Yazira reportó que el ministro del Interior libio, Abdel Fattah Younes al Abidi, dimitió para apoyar la revuelta.
El canal emitió un video amateur que mostraba a Abidi sentado en su escritorio leyendo un comunicado en el que también instó al Ejército libio a unirse al pueblo y a sus "demandas legítimas".
Además del ministro del Interior, al menos ocho embajadores de Libia han presentado en las últimas horas su renuncia, disconformes con la represión de las protestas populares, informó la cadena catarí de televisión Al Yazira.
Los diplomáticos que han dejado sus puestos son los jefes de las misiones libias en Estados Unidos, Polonia, India, Indonesia, Australia, Malasia, Australia y el embajador ante la Liga Árabe, con sede en la capital egipcia.
La cadena entrevistó a uno de ellos, el embajador libio en la India, Ali el Essawi, quien denunció que Trípoli "está ocupada por mercenarios" y se está utilizando al Ministerio de Asuntos Exteriores "contra los libios".
"Están haciendo cosas terribles contra la gente", agregó el diplomático, refiriéndose al uso de la fuerza de la policía y del Ejército contra los participantes en las manifestaciones que estallaron el pasado 17 de febrero.
"Gadafi debe renunciar para que se pare este baño de sangre. No tiene ninguna legitimidad", agregó el ahora exembajador libio en Nueva Delhi.
Las potencias mundiales condenaron el uso de la fuerza contra manifestantes, con el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, acusando a Libia de disparar a civiles desde aviones militares y helicópteros.
El Consejo de Seguridad de la ONU se reunió a puertas cerradas para discutir sobre Libia. Washington y Europa exigieron dar fin a la violencia y el ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, Guido Westerwelle, declaró que "una familia gobernante, amenazando a su pueblo con la guerra civil, traspasó los límites".
• Más de 300 muertos desde el inicio de las revueltas
Los actos de violencia a raíz de la revuelta popular contra el régimen libio dejaron 300 muertos -242 civiles y 58 militares-, según datos presentados el martes por la noche antes de una rueda de prensa por Saif al Islam, hijo de Gadafi.
Cerca de la mitad de las víctimas fueron contadas en Benghazi, segunda ciudad del país, situada 1.000 km al este de Trípoli y foco de la insurrección.
Se trata de las primeras cifras oficiales sobre las víctimas de la rebelión popular iniciada hace una semana.
Más temprano, testigos que huían hacia Egipto a través de la frontera indicaron que Gadafi está usando tanques, aviones de guerra y mercenarios para luchar contra crecientes manifestaciones en su contra.
En tanto, cientos de refugiados se dirigían a Egipto a bordo de tractores y camiones, describiendo una ola de matanza y pillaje desatado por la revuelta.
Grupos de oposición estiman cifras mucho mayores de víctimas fatales y la encargada de derechos humanos de la ONU, Navi Pillay, dijo que la matanza era un crimen contra la humanidad, exigiendo una investigación internacional.




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