Un gran diario -el francés «Le Monde»- ha sido sindicado, por dos periodistas que lo investigaron, de abuso de poder, intimidaciones, presionar pequeñas editoriales para obtener participación en sus medios, alianzas estratégicas con funcionarios y falsear su contabilidad para no mostrar la crisis que padece. Todo esto se ha revelado en el libro «La cara oculta de 'Le Monde'», de Philippe Cohen y Pierre Péan. La obra se imprimió en secreto en España para evitar que, mediante acciones legales, se impidiera su venta en Francia, donde se ha convertido en un bestseller y ha desencadenado un escándalo que aún continúa. Ofrecemos fragmentos de dos comentarios: el de Cristina Frade, aparecido en el diario «El Mundo» de España, perteneciente al Grupo Recoletos, donde se cuestiona a «Le Monde» y se comenta el libro de Cohen y Péan. También la floja defensa de «Le Monde» realizada por el escritor Mario Vargas Llosa desde las páginas de «El País» de España, del Grupo Prisa. Ayer, el diario «Le Monde» presentó una demanda ante el Tribunal de Gran Instancia de París por difamación contra Pierre Péan y Philippe Cohen y contra la editorial Fayard y su presidente, Claude Durand. Reclama un millón de euros en concepto de daños y perjuicios.
"Le Monde" ha sido desde su creación (1944) la gran cabecera de la prensa francesa. Dos periodistas han escrito un libro de 600 páginas para intentar demostrar que «Le Monde» es una máquina que hace y deshace reputaciones por oscuros intereses.
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«Desde hace cerca de 10 años, tenemos la sensación de que nos han robado nuestro periódico», afirman Pierre Péan y Philippe Cohen, autores de «La cara oculta de 'Le Monde'» (Editions Mille et Une Nuits), libro de más de 600 páginas que denuncia cómo el vespertino, «utilizando su poder de intimidación, se ha deslizado insidiosamente del papel de contra-poder hacia el abuso de poder permanente». Para los periodistas Péan y Cohen, como para miles de políticos, empresarios e intelectuales, el diario fundado por Hubert Beuve-Méry en 1944 fue también durante mucho tiempo imprescindible, periódico de referencia, un engranaje esencial de la democracia francesa desde la Segunda Guerra Mundial. Pero sostienen que el trío que tomó las riendas del vespertino en 1994 - Jean-Marie Colombani como presidente del directorio y director de la publicación, Edwy Plenel como director de la redacción y Alain Minc como presidente del Consejo de Vigilancia-ha traicionado el espíritu fundacional.
Dicen que «Le Monde» al que aseguran que es «un Pravda moderno» y «ya no es aquel periódico riguroso, equilibrado y austero sino una máquina al servicio de sí misma, que hace y deshace reputaciones en función de sus intereses empresariales y de una estrategia que poco tiene que ver con el deber de informar y con la «subjetividad desinteresada» o con «la mirada esclarecedora e intelectualmente honrada sobre el mundo» que preconizaba Beuve-Méry». Según Péan y Cohen, su investigación de dos años era más necesaria si cabe «porque 'Le Monde' se presenta como parangón de virtud y no deja de hacer la moral a los demás. El motor de este libro es la distancia entre su discurso y la realidad».
• Negativa
La dirección de «Le Monde» no quiso recibir ni responder a sus preguntas cuando Cohen solicitó una entre-vista para cotejar la información que había reunido para su obra. Y una vez publicado el libro ha anunciado acciones legales contra los autores, el editor y el semanario donde apareció un adelanto, «L'Express», y su director. Los redactores del semanario «Le Nouvel Observateur», vinculado a «Le Monde» por un cruce de acciones, también han señalado «tres puntos alarmantes mientras 'Le Monde' no responda»: a saber «el arte del doble rasero y la falta de transparencia del equipo dirigente, las faltas deontológicas y la situación financiera extremadamente alarmante».
El libro relata, entre muchas otras cosas, cómo «Le Monde» presionó al gobierno de Lionel Jospin para que subvencionara con más de 12 millones de euros a las Nouvelles Messageries de la Presse Parisienne (NMPP), el organismo que distribuye la prensa en la capital francesa. Y por esta intervención, el periódico también consideró que merecía ser recompensado, con 10% de la subvención anual. Como en otros casos, dicen Péan y Cohen, se intentó disimular el pago, pero un comisario de cuentas de las NMPP amenazó con denunciar el asunto al procurador (fiscal) de la República. «Cuando el patrón de 'Le Monde' anuncia en su editorial que el año 2001 ha demostrado la capacidad de 'Le Monde' para resistir a la degradación de la situación económica y para reaccionar con éxito al choque del 11 de setiembre, comprendo que esta sociedad, que realizó beneficios en 2000, ha resistido bien y sigue dando beneficios», explica el experto en el libro. «Hay que encontrar la información esencial, el resultado neto consolidado. Y éste ha pasado de un beneficio de 7,4 millones de euros a una pérdida de 13,1 millones (...).
O bien, si se quiere comparar con el pasado, las pérdidas de 2001 casi se han multiplicado por dos respecto a las pérdidas dramáticas del ejercicio 1994, último año del antiguo 'Le Monde'». El libro subraya también que a pesar de los grandes titulares sobre la favorable progresión del periódico, las ventas diarias en quioscos y otros establecimientos -a su juicio «el verdadero termómetro de la salud de un diario»- no han dejado de bajar desde 1995: 236.133 en aquel año, 213.014 en 2001.
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