Norma histórica: Benedicto XVI abre a anglicanos las puertas de la Iglesia Católica
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El Vaticano dio un grio histórico
Sin embargo, el impulso más importante se dio a raíz del Concilio Vaticano II, durante el Pontificado de Juan XXIII.
La Declaración conjunta firmada en 1966 por la que católicos y anglicanos se comprometen a buscar soluciones; la visita del entonces arzobispo de Canterbury, Michael Ramsay, cabeza de la iglesia anglicana, a Pablo VI en 1966, o la creación de la Comisión Internacional Católico-Anglicana, (ARCIC, de sus siglas en inglés) que por primera vez se reunió en 1970, son algunas de las muestras del diálogo entre ambas confesiones.
Aunque en estos años las distancias entre católicos y anglicanos se han acortado, las diferencias entre ambos credos radican sobre todo en el misterio de la Eucaristía, el orden sagrado y la autoridad de la Iglesia.
Posteriormente se añadió la aceptación de la ordenación presbiteral y episcopal de mujeres, la admisión a la comunión eucarística de divorciados vueltos a casar y la legitimidad moral de los métodos anticonceptivos.
En medio de este clima de entendimientos el Arzobispo Carey viajó a Roma en diversas ocasiones, como la de 1996 para tratar sobre la Primacía del Papa, o la de 2000, que junto a Juan Pablo II asistió en Roma a la apertura de la Puerta santa de San Pablo Extramuros, en una celebración ecuménica sin precedentes en la historia.
Sin embargo, después de que en 2008 el Sínodo General de la Iglesia de Inglaterra autorizara la ordenación de mujeres obispos, el Vaticano, a través del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, se manifestó contrario a esta decisión, que advirtió supondrá "un obstáculo para la reconciliación" entre las ambas Iglesias.



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