Jerusalén (AFP, EFE, Reuters) - Una reñida pulseada entre el líder del partido centrista Kadima, Ehud Olmert, y el número uno de los laboristas, Amir Peretz, complicó ayer la constitución de un gobierno de coalición en Israel, tras las recientes elecciones legislativas.
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Peretz, un ex dirigente sindicalista, se convirtió en blanco de todas las críticas por haber sugerido una alianza gubernamental con la derecha y los partidos religiosos para imponer un plan de «reformas sociales de urgencia».
El objetivo de estas formaciones sería impedir un gabinete liderado por Kadima («Adelante»), ganador de las elecciones del pasado 28 de marzo.
Estos partidos anunciaron públicamente su disposición a reducir sus aspiraciones en materia de medidas sociales y a relanzar la Hoja de Ruta (el plan de paz internacional), con el fin de desbaratar el proyecto de retirada parcial y, de ser necesario, unilateral de Cisjordania del primer ministro interino, Ehud Olmert.
Promesa
Durante la campaña electoral, Peretz había prometido exactamente lo contrario: una retirada negociada de la mayor parte de Cisjordania y una negativa rotunda a formar gobierno con la derecha, que se opone a este plan.
La idea de una alianza entre la derecha y los laboristas «es una estafa y una violación flagrante de la palabra dada», escribió el diario «Yediot Aharanot».
Ante la avalancha de críticas internas y externas al partido, los partidarios de Peretz trataron de calmar los ánimos y desmentir la versión.
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