14 de junio 2006 - 00:00

Preparativos en secreto absoluto

Washington y Bagdad (EFE, AFP) - George W. Bush despachó a su gabinete el lunes a la noche con el argumento de que estaba cansado, pero en vez de ir a su dormitorio, salió hacia la Base Andrews, donde quince minutos después abordó el Air Force One rumbo a Bagdad, en una visita organizada con un secreto sin precedentes.

Tan secreto fue el traslado de Bush a Irak que ni siquiera el nuevo primer ministro iraquí, Nuri al-Maliki, fue informado. Al-Maliki y su gabinete esperaban mantener una teleconferencia con Bush y su plana mayor, por lo cual se trasladaron a la embajada estadounidense en la «Zona Verde» de Bagdad, el área con mayores medidas de seguridad, explicó el asesor de Bush Dan Bartlett.

Recién cuando el helicóptero que trajo al mandatario estadounidense tocó tierra en el lugar, Al-Maliki y su personal fueron informados de que la entrevista con Bush sería en persona.

Este segundo viaje de Bush a Bagdad se desplegó con una trama muy similar a las novelas de espionaje. La Casa Blanca emitió el lunes un comunicado que puntualizaba que el presidente estadounidense se reuniría durante los dos días siguientes en Camp David con su gabinete, y que luego mantendría una teleconferencia con Bagdad para analizar los próximos pasos de los EE.UU. en Irak y apoyar al nuevo gobierno iraquí.

Pocas horas antes de la partida de Bush, periodistas que cubren la Casa Blanca fueron contactados individualmente en restoranes, cafés y en sus hogares, para ser informados de que viajarían con el presidente a Irak y que no podían decirle a nadie de su viaje, ni siquiera a sus parejas.

El lunes, los periodistas -despojados de sus teléfonos y dispositivos de comunicación-fueron trasladados en colectivo a la base aérea militar dando una vuelta para no llamar la atención. Luego abordaron el Air Force One, que esperaba estacionado en las sombras, lejos de las luces de la terminal.

A las 9.07 de la noche, Bush ascendió al avión y anunció a los periodistas que «El POTUS está a bordo», usando el acrónimo del servicio secreto utilizado para señalar al presidente de los Estados Unidos.

Bartlett informó que el viaje fue planeado con un mes de anticipación, en medio de un secreto absoluto, con la excepción de seis asesores claves del mandatario.

Cuando el avión de Bush despegó, sólo el vicepresidente Dick Cheney, la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, y el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, sabían del viaje, según apuntes de los periodistas a bordo del Air Force One.

Dejá tu comentario

Te puede interesar