6 de abril 2006 - 00:00

Prometió Humala en su cierre una revolución nacionalista

El candidato presidencial Ollanta Humala cerró ayer su campaña, con un fuerte tono nacionalista, frente a una multitud de seguidores en la capital peruana.
El candidato presidencial Ollanta Humala cerró ayer su campaña, con un fuerte tono nacionalista, frente a una multitud de seguidores en la capital peruana.
Lima - De espaldas al hotel Sheraton y frente al Palaciode Justicia y a su enorme bandera peruana -¿un mensaje subliminal?-, el candidato nacionalista Ollanta Humala concluía al cierre de esta edición su campaña en esta ciudad ante decenas de miles de simpatizantes, ocasión en la que prometió moralizar la política y llevar adelante su proyectada revolución nacionalista.

La multitud, de varias decenas de miles de personas pero seguramente menos que las 150 mil imaginadas por los organizadores, estalló al ver a su hombre. El deseo, la arenga de todos, del candidato y la gente, era «el triunfo en primera vuelta», confiando en que los encuestadores hayan subestimado la fuerza del fenómeno Humala. A eso apuntó la demostración de fuerza de anoche.

  • Reivindicaciones

  • El tono del discurso y las consignas que acompañaron el acto fueron puramente nacionalistas. Desmintiendo la imagen que muchos tienen en el exterior, nadie se acordó de Marx, de Lenin o del Che. No hubo puños izquierdos en alto. Sólo reivindicaciones de lo peruano, «lo nuestro», lo popular.

    El escenario desde el que hablaba Humala, montado en tres de los cinco carriles del Paseo de los Héroes Navales en el centro de Lima, estaba enmarcado en una enorme bandera rojiblanca. Abajo, mucho «gorro, bandera y vincha», remeras blancas y rojas, carteles improvisados con el eslogan oficial -«Amor por el Perú»-, maquetas con la olla -el símbolo partidario-, merchandising, prendedores, libritos con una « biografía del líder», folletos...

    Cuando Humala comenzó a hablar hubo entusiasmo, pero la gente fue entrando en clima de a poco. No es que Humala no tenga seguidores convencidos. Lo que hay que entender es la idiosincrasia de quienes llegaron allí más temprano, gente en general humilde, hombres en su mayoría provenientes del Perú serrano, de cultura india, poco expresivos.

    Casi cuatro horas antes del discurso del polémico Humala, favorito según las últimas encuestas, algunos seguidores comenzaron a congregarse espontáneamente en la plaza del Paseo de los Héroes Navales. Había música para todos los gustos, arengas, pero poca respuesta.

    «¿Quién va a ser el próximo presidente del Perú?», preguntaba desde el escenario la cantante de un grupo que podría calificarse como de «fusión andinopop». Silencio. «¿Qué pasa, ya están cansados?», se quejaba. «¿Dónde están esas palmas nacionalistas?», hasta que, por fin, casi piadosamente, algunos aplausos justificaban eludir el compromiso de seguir con las arengas.

    Cara a cara, quienes se animaban a dar su parecer hablaban de la corrupción, la falta de compromiso de «los políticos», las necesidades de siempre, un resentimiento palpable hacia «los ricos», eran denominadores comunes entre quienes se animaban a dar su parecer. Y Chile, mucho sobre Chile, también.

    «Acá hubo muchas inversiones chilenas. Demasiadas. Aviones, electricidad, de todo. Ya es hora de que las riquezas del Perú sean para los peruanos», dijo un hombre al borde de la indignación. Más tarde, una hora antes del discurso de Humala, comenzaron a llegar los grupos organizados, algo más de clase media, gente más joven y formada en grandes columnas e identificables con banderas, remeras iguales, vinchas y hasta con pañuelos en sus cabezas. Ahí cambié el clima, llegó el calor. Justo a tiempo para el golpe de efecto final.

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