¿Quién es François Hollande?
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François Hollande
Separado de Royal y animado por su nueva pareja, a la que definió como la mujer de su vida, la periodista Valérie Trierweiler, Hollande se dedicó entonces a preparar su carrera hacia el Palacio del Elíseo, pivotando desde el ala más centrista del Partido Socialista.
Para ello se sometió a una gran transformación, física y personal. Amante de la buena mesa y del fútbol, perdió peso y cambió su carácter, de forma que el Hollande bromista e irónico dejó paso a un político más acorde con la idea de un presidente de Francia, serio, reposado y "normal", según su propia definición.
Antes incluso de que los escándalos sexuales y judiciales frenaran la carrera presidencial a Dominique Strauss-Kahn, entonces favorito para convertirse en el nuevo presidente de Francia, Hollande anunció su intención de ser candidato.
Unas elecciones primarias abiertas a todos los simpatizantes de izquierda en otoño de 2011, en las que pese a no ser partidario de aquellos comicios derrotó a otros cinco candidatos -entre ellos a la propia Royal y a Martine Aubry, cabeza del partido-, le sirvieron como plataforma de lanzamiento de su carrera hacia el Elíseo y lo ayudaron a subirse en la ola favorable de los sondeos, de la que no se bajó desde entonces.
De padre médico con convicciones de extrema derecha y madre trabajadora social de izquierda, a sus 57 años Hollande llega a la presidencia apoyado también por el aliento de la socialdemocracia europea, que ve en Francia la veta desde donde recuperar peso político en el continente, con elecciones a la vista en Italia y Alemania en el próximo año y medio.
El nuevo presidente, que estudió derecho, políticas y comercio en prestigiosas instituciones como Science Po de París o la Escuela Nacional de la Administración (ENA), cuna de la mayor parte de los políticos franceses, trazó un programa que aúna rigor financiero y políticas de inversión para fomentar el crecimiento.
Además, ha prometido renegociar el tratado europeo de estabilidad fiscal con el objetivo de introducir más estímulos públicos.
A ello suma numerosos dardos envenenados al mundo de las finanzas, al que responsabiliza de la crisis, y guiños a la juventud, al profesorado y a la función pública.
Desde entonces, y a medida que se acercaba la cita electoral y Sarkozy se iba escorando a la derecha, el imperturbable Hollande se desmarcaba también de su rival en materia de inmigración, cuestión que catapultó a la extrema derecha de Marine Le Pen en a primera vuelta de los comicios.
Finalmente, el hombre por el que casi nadie apostaba hace tan solo cuatro años, por un afortunado cúmulo de factores, según algunos, y por predestinación y constancia, según otros, recupera para los socialistas el escalón del que se bajó Mitterrand hace ahora 17 años.




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