10 de abril 2006 - 00:00

Réditos electorales del antichilenismo

Lima (enviado especial) - El nacionalismo de Ollanta Humala influyó decididamente en aspectos importantes de la campaña electoral. Entre ellos, en uno sensible en este país: la relación con Chile.

Chile es el principal inversor extranjero en Perú, con cuatro mil millones de dólares que le dan una importante presencia en varios sectores de la economía, desde la aeronáutica hasta la distribución eléctrica, pasando por el comercio.

Pero los rencores del pasado están aquí a flor de piel. «Yo no soy antichileno, pero tampoco me voy a dejar pisar el poncho por Chile», dijo Humala haciendo un negocio político fácil. Así, sugirió que limitaría la presencia de capitales de ese país en los sectores estratégicos de la economía.

Para no perder el tren, Lourdes Flores y Alan García debieron imitarlo parcialmente, sobre todo cuando el debate giró alrededor de la futura privatización de los puertos, propuesta por el gobierno saliente. «Es que los dos países tenemos una nítida competencia en el Pacífico», se justificó «Lulú». Y es verdad: el principal puerto peruano, El Callao, es competidor del chileno de Mejillones. Esto dio a los tres candidatos el motivo para cerrarle la puerta de ese negocio al dinero proveniente del cada vez más rico vecino del Sur.

Otro tema que le sirvió a Humala para hacer antichilenismo fue el permanente pertrechamiento de las FF.AA. de ese país, que definió como «compulsión a la compra de armas». Chile debió salir a desmentir que tenga intención de provocar una carrera armamentistay tendió puentes con el entorno del candidato, en reuniones que trascendieron y pusieron a Humala en un aprieto.

Otro gesto hostil fue en torno al gas, un problema serio para un Chile en desarrollo y cada vez más necesitado de energía.

Michelle Bachelet está complicada: la Argentina no tiene suficiente para asegurarle una provisión confiable, Bolivia lo supedita a una negociación sobre la salida al mar y ahora Perú también se muestra renuente.

Humala se opone a que el rico yacimiento de Camisea termine abasteciendo a Chile, por lo que no se muestra muy entusiasmado con la idea de un «anillo energético» sudamericano.

  • Dominio marítimo

    El telón de fondo de esta tensión es una decisión tomada en noviembre último por el Congreso peruano: una ley de dominio marítimo que pone en cuestión la soberanía chilena sobre 35 mil kilómetros cuadrados de mar.

    Pero ésta es la historia reciente. La gente tiene muy presente aquí no sólo la derrota en la Guerra del Pacífico (1879-1883) y la pérdida de territorio en el Sur, sino también la ocupación de Lima por más de dos años, desde 1881.

    La ciudad fue saqueada por el ejército chileno. La Biblioteca Nacional y otros tesoros arquitectónicos y artísticos fueron incendiados y, en algunos casos, perdidos para siempre. Sólo una súplica del embajador francés impidió que la devastación de la bella capital fuera completa.
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