5 de junio 2006 - 00:00

Se impone Alan García en Perú

Los primeros resultados que se conocían anoche confirmaban lo que se esperaba desde la primera vuelta: los peruanos optaron por el que consideran el mal menor. La victoria de Alan García terminará siendo no sólo una derrota para su oponente nacionalista; también para el venezolano Hugo Chávez, que intervino sin reparos y con duros insultos en la campaña. Los peruanos le dan al aprista una oportunidad que la historia no suele conceder: reparar el desastre que fue su primera presidencia, iniciada en 1985. Para esto no le bastará con continuar el camino de su predecesor: quienes lo votaron le reclamarán que la prolijidad de la economía tenga algún correlato en el campo social y en el empleo. Pero su mayor dificultad será la enorme fractura política de Perú, que se traduce en un Congreso muy dividido.

Alan García
Alan García
Lima - Alan García se convirtió ayer en presidente electo del Perú, consumando un resonante renacimiento político tras la desastrosa experiencia de su primer gobierno (1985-1990). Postergó así al nacionalista Ollanta Humala, el aliado local de Hugo Chávez, quien era visto por la mayoría como una amenaza para la economía de mercado y la democracia.

Los conteos rápidos confirmaban el resultado, al adjudicarle al líder aprista una ventaja de entre 4,8 y 5,4 puntos porcentuales.

Poco antes de la difusión del primer parte oficial, García, aún sin proclamarse formalmente vencedor, agradeció a «Dios todopoderoso por esta elección sin incidentes que ha permitido la victoria del partido del pueblo». En un guiño al electorado independiente que lo apoyó como mal menor, señaló que su gobierno buscará «conducir al país de la manera más abierta, reflexiva y enérgica. Leo en este resultado una afirmación de la necesidad del crecimiento económico y de vinculación con el mercado internacional. Pero, del otro lado, leo el reclamo profundo de los desposeídos en la zona andina del sur».

Por último, también «atendió» a Chávez, a quien dedicó el «rechazo de los peruanos a su intento de penetración del Perú para sumarlo a su modelo militarista». Poco después se dirigió a la Casa del Pueblo donde fue vivado por una multitud en medio de un espectáculo de fuegos artificiales.

Minutos antes el nacionalistahabía leído en tono marcial una proclama desde su centro de campaña del distrito de San Borja. Dijo que esperaría los resultados oficiales, pero se congratuló por lo que consideró una «extraordinaria victoria social y política» de su movimiento, dada, según proyecciones, por el triunfo en al menos 15 de los 25 departamentos (provincias) del país. El candidato había evitado que sucediera lo mismo que en la primera vuelta, cuando grupos habían ido a hostigarlo a su lugar de votación. En esta oportunidad concurrió a emitir su sufragio rodeado de una docena de guardaespaldas, y de manera casi sorpresiva: lo hizo antes de un desayuno al que había convocado a la prensa, que se suponía luego lo acompañaría a votar.

Después de los comicios, y tras los anuncios de «boca de urna», hubo incidentes en algunos barrios de Lima y -sobre todo- en Arequipa, la segunda de Perú. Allí, militantes humalistas atacaron a manifestantes del APRA que festejaban su victoria.

En tanto, la fuerza relativa del humalismo expresa la seria división social y regional que por la que atraviesa el Perú. Aunque es débil en el área de Lima-El Callao (37% del padrón, donde García cimentó su triunfo con casi dos tercios de los votos), el nacionalista tuvo una descollante votación en la sierra sur y central, donde se concentran las comunidades indígenas más pobres. Esto podría augurarle una victoria en los comicios regionales y municipales de noviembre.

  • Morosidad

    Una recorrida matinal por diferentes barrios de Lima permitió, a quien también estuvo presente en la primera vuelta del 9 de abril, advertir una afluencia más morosa de los electores a las urnas. Fuentes de la misión internacional de observadores de la Organización de Estados Americanos, encabezada por Rafael Bielsa, afirmaron que, más allá de inconvenientes puntuales, la votación fue normal, desestimando advertencias de fraude previas de Humala.

    García empezó su jornada a las 9 con un desayuno familiar compartido con la prensa en la sede del APRA. Como en la primera vuelta, todo derivó en una virtual conferencia de prensa en la que violó claramente la veda electoral. Luego, vestido con traje oscuro y camisa blanca sin corbata concurrió a las 9.55 a votar en el colegio Scipión Llona, del barrio de Miraflores. Fue vivado, repartió saludos y recibió flores.

  • Júbilo

    La difusión de las encuestas a boca favorables al aprismo a las 4 de la tarde provocó un estallido de júbilo en la Casa del Pueblo, sede de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) en Lima. Al tradicional «se siente, se siente, Alan presidente» se sumaban « democracia sí, dictadura no» y un disonante «Chávez, Alan ya ganó». Lima se fue animando con el correr de las horas con caravanas y festejos callejeros, con los simpatizantes de Alan García enarbolando retratos, banderas del APRA y banderas de Perú.

    El resultado tiene varias lecturas. Fue, antes que nada, un voto de la mayoría para preservar la democracia del programa militarista y autoritario que atribuían a Humala. En segundo lugar, fue también un voto contra el gran perdedor de la jornada, Hugo Chávez, quien intervino en la campaña a favor del nacionalista llenando de insultos a García y al presidente Alejandro Toledo. El presidente de Venezuela encontró así en Perú un nuevo freno a sus aspiraciones de liderazgo regional, apenas una semana después de la contundente reelección de Alvaro Uribe en Colombia. Queda ahora por ver qué pasará con las relaciones diplomáticas entre Caracas y Lima: Chávez prometió romperlas. Tercero, se trató de un aval al modelo económico de equilibrio macro y apertura comercial que lega Toledo, más allá de la insatisfacción de amplios sectores por la mala distribución de la riqueza.
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