La FIFA puso en marcha una nueva batalla por el negocio audiovisual del fútbol. El organismo rector del deporte abrió el proceso de licitación para comercializar los derechos de televisión y streaming de los Mundiales de 2030 y, eventualmente, de 2034 en Estados Unidos, con una expectativa de ingresos que podría alcanzar los u$s2.000 millones.
El plazo para presentar ofertas vence el 19 de noviembre. La intención de la entidad es avanzar con el proceso antes de fin de año, en un mercado donde las plataformas digitales ganan terreno y las grandes cadenas buscan preservar su participación en los acontecimientos deportivos de mayor audiencia global.
La convocatoria contempla los derechos de la Copa del Mundo de 2030, que tendrá como sedes principales a España, Portugal y Marruecos, además de los partidos inaugurales previstos en Argentina, Uruguay y Paraguay por el centenario del primer Mundial. También incluye la posibilidad de adquirir los derechos de la edición de 2034, que se disputará en Arabia Saudita.
El objetivo económico se apoya en el crecimiento del interés por el fútbol en el mercado estadounidense y en el desempeño comercial del último torneo. Para la FIFA, Estados Unidos se convirtió en una plaza estratégica para ampliar los ingresos audiovisuales, atraer nuevos anunciantes y consolidar el alcance internacional de sus competiciones.
Una subasta que puede cambiar el mapa del streaming deportivo
El antecedente más cercano explica las expectativas. Fox pagó u$s425 millones por los derechos en inglés del Mundial de 2026 en Estados Unidos. Telemundo, perteneciente a NBCUniversal, obtuvo los derechos en español. La competencia por el próximo ciclo podría multiplicar ampliamente ese valor: las estimaciones de ejecutivos del sector citadas por CNBC ubican el negocio de 2030 en una franja de entre u$s1.500 millones y u$s2.000 millones.
La audiencia registrada en 2026 constituye uno de los principales argumentos para justificar esa proyección. Los partidos promediaron 13,5 millones de espectadores en Estados Unidos, un crecimiento del 166% frente al Mundial de Qatar 2022. La cifra refuerza el atractivo comercial de un torneo que combina alcance masivo, grandes anunciantes y oportunidades para captar suscriptores.
En ese contexto, la puja podría involucrar a compañías como YouTube, Netflix, Amazon y Disney, además de las cadenas tradicionales. La eventual entrada de nuevos jugadores ampliaría la competencia por los derechos y pondría a prueba la capacidad de las plataformas para transformar la audiencia deportiva en ingresos recurrentes.
La FIFA no limitará la licitación a un único formato. El organismo contempla la posibilidad de adjudicar todos los derechos a una sola compañía o aceptar propuestas conjuntas entre una plataforma digital y una cadena de televisión. La flexibilidad busca ampliar la cantidad de oferentes y maximizar el valor económico de los paquetes disponibles.
La estrategia también responde a las tensiones que dejó el reparto de los derechos de 2026. Fox comercializó la cobertura en inglés, mientras que Telemundo se quedó con la transmisión en español. La distribución generó diferencias comerciales por las condiciones de acceso a los partidos y la competencia entre servicios de streaming vinculados a las cadenas.
Para la FIFA, el desafío consiste en diseñar una estructura que permita elevar el precio de venta sin reducir el alcance del torneo. Una adjudicación integral podría simplificar la comercialización, mientras que un acuerdo compartido permitiría combinar la llegada de una plataforma digital con la capacidad de distribución de una señal tradicional.
La FIFA abrió la venta de los derechos televisivos del Mundial 2030 en EEUU en busca de u$s2.000 millones,
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El streaming deberá garantizar partidos en abierto
La posibilidad de que una compañía tecnológica se quede con los derechos también plantea condiciones regulatorias y comerciales. La FIFA exigirá que una cantidad determinada de encuentros permanezca disponible gratuitamente para el público, mediante sublicencias a otras emisoras o a través de una modalidad sin costo de la propia plataforma.
El objetivo es evitar que el acceso al principal torneo de selecciones quede restringido exclusivamente a los usuarios que pagan una suscripción. Para el organismo, mantener una cobertura amplia resulta clave tanto para la difusión del fútbol como para proteger el valor de sus acuerdos comerciales.
Tras el cierre de la recepción de propuestas, una delegación de la FIFA tiene previsto viajar a Estados Unidos alrededor del Día de Acción de Gracias para reunirse con los interesados. A partir de esos encuentros, el organismo evaluará si solicita una última ronda de ofertas o si elige directamente a los adjudicatarios.
El horario, otro factor que puede afectar el precio
La diferencia horaria será uno de los elementos que las empresas deberán incorporar a sus proyecciones. El Mundial de 2030 se disputará en buena medida en condiciones favorables para el público de Europa, África y Sudamérica.
En 2034, Arabia Saudita agregará otro condicionante: Riad tiene siete horas de diferencia con Nueva York. Los horarios de los partidos pueden influir en la audiencia en directo, en la programación publicitaria y en el rendimiento de las transmisiones digitales.
Sin embargo, la FIFA considera que ese factor no necesariamente reducirá de manera significativa el valor de los derechos. La organización espera que haya encuentros todos los días en franjas convenientes para el público estadounidense, aunque reconoce que el calendario será una variable relevante en las ofertas.
El interés económico por los Mundiales excede, de todos modos, la venta de transmisiones. Los torneos movilizan inversiones en infraestructura, turismo, publicidad, patrocinios y servicios, con impactos que se distribuyen entre los países organizadores y sus empresas.
En España, las estimaciones citadas para la edición de 2030 contemplan inversiones cercanas a u$s1.650 millones en infraestructura y un impacto económico superior a u$s5.770 millones, además de la creación de más de 80.000 empleos equivalentes a tiempo completo. Son proyecciones que ilustran la dimensión del negocio, aunque dependen de la ejecución de las inversiones y de la metodología utilizada para calcular sus efectos.
La licitación estadounidense será, en definitiva, una prueba del poder comercial que conserva la Copa del Mundo y de cuánto están dispuestas a pagar las empresas por controlar su distribución. Con una audiencia en expansión y nuevos competidores en escena, la FIFA busca convertir los Mundiales de 2030 y 2034 en un contrato audiovisual de hasta u$s2.000 millones.