A Lampedusa arriban embarcaciones precarias cargadas de inmigrantes.
El papa Francisco se perfila menos viajero que sus antecesores, aunque sus salidas resultan más simbólicas, como la realizada a la JMJ en Río de Janeiro, su primer y único viaje hasta la fecha fuera de Italia, o a la isla de Lampedusa, puerta de entrada a Europa de la inmigración africana.
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La presencia del Papa en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) ya estaba prevista bajo el pontificado de Benedicto XVI, si bien Francisco, que recogió el testigo, aseguró que esta jornada para él fue "un gran regalo", especialmente al haber nacido en Latinoamérica.
El pontífice hizo en Brasil un llamamiento a la Iglesia para que sea agente de cambio social por "un mundo nuevo", aunque evitó los temas más controvertidos, como el aborto, los abusos a menores y el matrimonio homosexual.
Francisco quiso transmitir a todos no solo con sus palabras, sino también con la forma en que condujo su visita de siete días, que causó dolores de cabeza a los encargados de su seguridad por culpa de su espontaneidad y efusividad.
A pesar de que en un principio solo había cerca de 500.000 personas inscriptas, finalmente más de tres millones de peregrinos, la mayoría jóvenes, llegaron de todas las partes del mundo para participar en el evento que ha sido el más multitudinario en el que ha participado el Papa.
Lejos de buscar grandes despliegues mediáticos en países con un catolicismo asentado, Francisco ha querido cargar de simbolismo sus principalmente pocos y discretos desplazamientos, en ocasiones con no tanta repercusión ante la ausencia de grandes actos.
Así, unos días antes de la JMJ en Río, salió por primera vez del Vaticano con una visita inesperada a la isla de Lampedusa, el punto más meridional de Italia, a donde arriban embarcaciones precarias cargadas de inmigrantes, en muchas ocasiones con un trágico final.
"La cultura del bienestar nos hace insensibles, nos hace vivir en pompas de jabón que llevan a la indiferencia respecto a los demás. ¡Hemos caído en la globalización de la indiferencia!", dijo el mismo día en el que 166 personas llegaron a bordo de una barcaza a las costas del pequeño enclave insular italiano.
Un mes después, en septiembre de 2013, realizó un segundo viaje, a Cagliari, capital de Cerdeña, la región más azotada por el drama del desempleo en Italia.
Durante esta visita, el pontífice arremetió con dureza contra el sistema económico mundial y sus valores.
"El desempleo que sufre Cerdeña no es sólo un problema de Italia o de algunos países de Europa, sino la consecuencia de un sistema mundial, centrado en el ídolo del dinero, que lleva a esta tragedia", aseguró tras reunirse con un grupo de desempleados.
En su último viaje apostólico, también en Italia, visitó Asís, cuna de San Francisco, donde se reunió con miles de religiosos a los que pidió estar con los pobres y "despojar a la Iglesia de todo lo mundano".
Allí, volvió a expresar su deseo de crear una iglesia "pobre para los pobres" al igual que hiciera el santo del que tomó el nombre como pontífice.
El próximo viaje de Francisco lo llevará a Tierra Santa entre el 25 y el 26 de mayo, una fecha que coincide con el 50 aniversario de la visita a este mismo lugar del pontífice Pablo VI, quien por aquel entonces se reunió con el patriarca ortodoxo Atenágoras.
Esta visita cuenta también con el simbolismo que ha marcado sus viajes, al llevar asociado un mensaje de hermandad con otras religiones que conectan en Jerusalén, la ciudad donde confluyen católicos, musulmanes y judíos, las tres grandes confesiones monoteístas del mundo.
Más adelante, del 14 al 18 de agosto, visitará Corea del Sur en ocasión de la reunión de la Juventud Asiática.
El Papa visitará Daejeon y la capital, Seúl, donde presidirá una misa de beatificación de 124 mártires coreanos, asesinados por razones religiosas entre 1791 y 1888.
Francisco había adelantado que quería visitar Asia, ya que su predecesor, Benedicto XVI, no pudo celebrar ese viaje durante sus ocho años de pontificado.
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