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8 de marzo 2018 - 16:32

El vuelo generacional

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"Esta fue la primera cosa deportiva que disfruté en mi vida". Esas fueron las primeras palabras que soltó Charly ante un séquito de periodistas que minutos antes lo habían visto saltar desde un noveno piso sin saber que García ya había calculado el viento para poder recorrer los 20 metros que lo separaban de la pileta sin sufrir consecuencia alguna.

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La escena recorrió el mundo y tomó trascendencia debido a que ese mismo día el entonces ministro de Trabajo de la Nación, Alberto Flamarique, había citado a la prensa en el segundo piso del mismo Hotel Aconcagua, el edificio en el que también se encontraba el artista. Con una pluma curtida en el rock de los 80 y 90, Carlos Polimeni se hace cargo de su propio recorrido para dar con la memoria de un hecho que tuvo la suerte/desgracia de vivir en primera persona.

El autor, que trabajó en Clarín y Página 12 y fue fundador del NO -el suplemento dirigido a los jóvenes que en las últimas horas se conoció que dejará de salir en papel- recorre sus propias entrevistas para enmarcar algunas anécdotas que le tocó vivir con artistas como Spinetta, Calamaro, Fito y Cerati, entre otros.



"Ustedes fomentan el mito de Spinetta. Fomentan la idea de que intento una estrategia. Y solamente quiero disfrutar de mis ideas, haciendo lo que me place. Es cierto que no lo hago para la gente. Pero no soy complicado (...) Ese soy yo, acto emocional componiendo. Si tengo una estrategia es la que me permite negociar un punto de unión entre la realidad y mi neurología", le dijo Spinetta a Polimeni durante un reportaje. El capítulo del poeta del rock gira en relación a la periferia de lo que fue "La bengala perdida", quizá el tema más periodístico del Flaco.

La historia con Calamaro los muestra más cerca de una amistad en medio del Acopalypse Now que El Salmón había desatado en su casa/estudio. El sitio donde nacieron esas más de cien canciones que integran el disco quíntuple. La anécdota los muestra en el roce por una reacción violenta de Calamaro para con el hijo de Polimeni y su posterior pedido de disculpas.

El libro también exhibe la pata del gallo de riña que fue Miguel Abuelo, un narrador de pocas pulgas y buena piña; los ataques de pánico de León Gieco; y el paso a paso de aquel joven andrajoso que salía con Fabiana Cantilo hasta aquel Páez que logró conquistar a una chica Almodóvar como Cecilia Roth.

Polimeni logra en su libro mostrar el cuarto privado de un conjunto de músicos que conforman la gran cofradía del rock argentino.

B.L.

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