Las fuerzas de la Alianza del Norte completaron ayer la captura de Kabul y la caída del régimen talibán, llevando alivio a una población agotada tras cinco años de extremo fundamentalismo. Sin embargo, Estados Unidos alertó sobre posibles saqueos y abusos por parte de los vencedores y la ONU denunció la ejecución sumaria de cientos de prisioneros. El tema fue tratado en la cumbre ayer de Bush con su par ruso Putin. Mientras esto sucede, Occidente busca conformar un gobierno de amplia base, los talibanes comenzaron a reagruparse en las montañas del sur del país, anunciaron el inicio de una guerra de guerrillas y advirtieron que la lucha recién comienza.
Kabul y Washington (Reuters, ANSA, DPA) --La Alianza del Norte tomó ayer la capital afgana, Kabul, derrocando al régimen talibán luego de cinco años en el poder. También se reportaron importantes avances en Kandahar, el sureño reducto del movimiento integrista, mientras el presidente de los Estados Unidos y sus aliados expresaban un creciente optimismo en su guerra contra el terrorismo.
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El jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, dijo que soldados estadounidenses también llegaron a Kabul, luego de que el equilibrio de fuerzas se alterara en apenas 72 horas con la toma de la capital por parte de la Alianza de Norte. El funcionario dijo, además, que las tropas en el Sur también intentan abocarse «en la tarea de abrir un 'puente terrestre' hacia Uzbekistán y reparar algunos aeropuertos, probablemente en la zona de (la ciudad de) Mazar-i-Sharif, así como al norte de Kabul, de modo que pueda transportarse ayuda humanitaria al pueblo afgano». Rumsfeld agregó que «esta lucha contra el terrorismo y los terroristas está lejos de haber concluido».
En la Casa Blanca y en las Naciones Unidas las consultas para que un futuro gobierno afgano tenga una amplia base política y tribal formaron parte del diálogo entre George W. Bush y su cole-ga ruso, Vladimir Putin.
El presidente está «muy contento» por la caída de la capital afgana en manos de la opositora Alianza del Norte, afirmó el portavoz presidencial Ari Fleischer. Este negó que el éxito de la Alianza antitalibán haya llegado muy rápido. El objetivo de los Estados Unidos es destruir la red del grupo terrorista Al-Qaeda, para lo cual es necesario que primero sean vencidos los talibanes, argumentó. El portavoz pidió a los mujaidines que respeten los derechos humanos y que no tomen represalias. Informaciones procedentes de Afganistán señalan que algunos combatientes de la Alianza ejecutaron a talibanes.
El jefe del Estado Mayor de las fuerzas armadas estadounidenses, general Richard Myers, comentó cómo el cambio de la situación fue brutal y rápida. La Alianza, que el jueves pasado controlaba 15% de Afganistán, ahora ocupa 50%, todo el Norte y el Este y continúa su veloz progresión.
Aeronaves de combate estadounidenses perseguían a las fuerzas en huida de los talibanes y su líder supremo, Mohammad Omar, instó a sus dispersas tropas a reagruparse, seguir combatiendo y obedecer a sus comandantes. «Les ordeno que obedezcan plenamente a sus comandantes y que no vayan de un lado a otro», dijo Omar, según la cita divulgada por la agencia de noticias «Prensa Islámica Afgana», con sede en Pakistán, en un mensaje en pashtún. «Cualquiera que vaya de un lado a otro es como una gallina degollada, que sucumbe y muere. Ustedes deben reagruparse, resistir y combatir», agregó.
• Desprotegidos
Fuentes del Pentágono consideraron que Omar y Osama bin Laden se habrían escapado hacia Kandahar junto a sus seguidores «sin provisiones, sin guardaespaldas y sin contacto entre ellos». Pero nadie puede decir ciertamente dónde están (ver aparte).
Durante la jornada, los aviones estadounidenses se concentraron contra posibles refugios subterráneos y contra vehículos en movimiento hacia el sur, aunque la televisora «Al-Jazeera» de Qatar dijo que sus oficinas habían sido bombardeadas.
«Al-Jazeera», que ha molestado a algunos en Washington por difundir mensajes pregrabados de Bin Laden, dijo que nadie resultó herido por el bombardeo. Sin embargo, admitió que había perdido contacto con algunos corresponsales.
En Kabul, extasiados jóvenes se afeitaban las barbas que el régimen talibán los había obligado a usar y la música, proscrita por su policía religiosa, se escuchó por primera vez en cinco años. Mientras, miles de afganos alborozados aguardaban en la carretera poder entrar en la capital.
El ambiente, sin embargo, siguió siendo tenso porque se temía que las diferentes facciones étnicas de la Alianza del Norte -responsables de destrucciones y de violencia durante el gobierno mujaidin entre 1992 y 1996- reanuden su rivalidad.
Disparos esporádicos pudieron oírse en varios barrios de Kabul. También hubo saqueos en la embajada de Pakistán y en el principal mercado de cambio de la capital.
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