Súbitamente, el diario oficial «Página/12» acaba de descubrir el poco valor de los informes sobre corrupción de la organización Transparencia Internacional, pese a que antes -cuando servían a sus intereses- los divulgaba con amplitud y regocijo.
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«Además de rubio, Menem era más transparente», dijo en una nota publicada el miércoles, en la que se dio cuenta -de modo más que sesgado- del último ranking, que señaló niveles crecientes de corrupción en el país en 2002, esto es durante la gestión de Eduardo Duhalde. Luego del titular, «Página/12» añadió: «Sorprendente medición internacional, según la cual el Estado argentino se está volviendo cada vez más corrupto. Extrañamente, la Argentina aparece hoy como un país más corrupto que cuando gobernaba Menem».
Lo verdaderamente «sorprendente y extraño» es que ese medio dedique la nota que presenta el tema a desacreditar al mismo organismo -representado en la Argentina por Poder Ciudadano- que antes -cuando sus informes le servían para fundamentar su oposición al gobierno de Carlos Menem- alababa.
Se ha dicho repetidamente que los informes de Transparencia Internacional son poco serios. Básicamente porque se elaboran vía Internet, lo que dio lugar durante varios años a la rareza de que Paraguay no figurara en el ranking de países corruptos debido al escaso desarrollo de la Web en ese país.
Otro motivo para explicar el curioso giro de «Página/12» es que el representante de Transparencia en la Argentina es Poder Ciudadano, la ONG de Luis Moreno Ocampo, quien pasó sin escalas para la izquierda criolla a la categoría de indeseable por haber defendido al padre Julio Grassi.
En su afán por restar importancia al estudio -que ubicó al país el año pasado en un poco meritorio puesto 92 sobre 133 naciones en lo que hace a transparencia pública, otorgándole apenas 2,5 puntos sobre 10-, «Página/12» descubre ahora que «lo que en realidad pretende medir el índice no es la corrupción en sí -por ejemplo, cuántas coimas se pagan o el número de licitaciones fraguadas- sino la percepción que se tiene de ella en determinados círculos». Cierto, pero viejo y sabido.
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La nota continúa diciendo que «la Argentina, por caso, fue relevada por doce entidades, entre ellas el Banco Mundial, la auditora PricewaterhouseCoopers, la Intelligence Unit de la revista conservadora británica 'The Economist', la estadounidense Universidad de Columbia, etcétera. De hecho, el alemán Peter Eigen, presidente de Transparencia, tuvo larga actuación en el Banco Mundial y, según confió en una reciente visita a la Argentina, guarda mucho mejor concepto de Augusto Pinochet que de Raúl Alfonsín». Es decir, opiniones que no vale tener en cuenta. ¿Antes sí valían?
Lo que calla «Página/12», más allá de las debilidades o fortalezas de siempre de ese estudio, es que debe esperarse que crezca la «percepción de la corrupción» en un país en el que los dineros públicos -y las ayudas sociales- se usaron con una intensidad jamás vista en beneficio de «aparatos» partidarios y para manipular resultados electorales, tanto en el orden nacional como en el provincial. Todo muy poco serio.
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