18 de julio 2003 - 00:00

Apoyos y reproches a Kirchner

El presidente argentino, Néstor Kirchner, ha tomado las riendas de un Estado que, en el momento de su llegada al poder hace 54 días, era una locomotora estacionada al final de una vía sin salida. La terrible crisis que ha sufrido el país en los últimos años no sólo ha derribado su sistema económico y ha socavado sus estructuras sociales, sino que ha terminado con el prestigio de su clase política. Tras la caída de los sucesivos gobiernos de urgencia y la espantada electoral del histórico Menem, sólo un Kirchner con fama de gestor eficiente y peronista moderado ha quedado como el salvavidas de los argentinos.

Su tarea no es fácil, pero ha dado muestras de que no le va a temblar la mano para sanear un país en estado de shock. El tiempo transcurrido es demasiado breve para valorar si las positivas señales económicas de su gestión tendrán continuidad. En otros ámbitos, ha tomado valientes decisiones, como depurar la arcaica cúpula militar y la desprestigiada y corrupta policía de Buenos Aires, enfrentándose, además, a la Corte Suprema de Justicia, un coto vedado a los intereses del menemismo. Ha dejado claro, también, que no interferirá tras la extradición del torturador Ricardo Cavallo concedida por México a España.

Con este aval, Kirchner hizo ayer su primera visita oficial a Madrid, en medio de una gira por Francia y Gran Bretaña. En estos días ha podido constatar que, como la mayoría de los argentinos -más de un 70% aprueba su gestión-, sus homólogos europeos confían en que logre pilotar el país hacia la normalidad. Pero Kirchner necesita algo más que tibia simpatía en los foros internacionales.Y si puede felicitarse de haber obtenido el respaldo de Aznar, no salió bien parado de su encuentro con los directivos de las principales empresas españolas con intereses en Argentina.

Son los contactos con el sector empresarial español, segundo inversor en Argentina con 45.000 millones de euros, los que más van a afectar a las relaciones bilaterales. Ayer, un Kirchner en plena campaña de promoción de Argentina tuvo un duro encontronazo con los empresarios españoles. Parece muy alejado de la cordialidad de rigor en estos encuentros mofarse del interlocutor preguntando quién les asesoró cuando decidieron invertir en su país y es un escarnio inquirir si fueron a «hacer beneficencia». Cuevas tampoco se ciñó al protocolo al espetarle: «Usted nos ha puesto a parir a todos». Kirchner tiene tiempo para hacer honor a las expectativas que ha suscitado pero este patinazo, ayer en Madrid, es un fracaso en toda regla.

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