El regreso del fútbol no restó el protagonismo del siempre insólito juez correccional Mariano Berges. Ayer hizo ejecutar la orden de la detención que pesaba sobre el vicepresidente de Chacarita Juniors, Armando Capriotti. El dirigente fue detenido durante el entretiempo del encuentro que jugaban el equipo de su club y Banfield. Capriotti se encontraba con tranquilidad en la platea de la entidad de San Martín junto al gremialista Luis Barrionuevo (la verdadera «presa» que se busca para ofrendársela a Néstor Kirchner). Dos policías se le aproximaron y le informaron de la orden de detención.
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El jueves pasado, Berges llamó a indagatoria a Capriotti, pero éste no concurrió a los tribunales a declarar, por lo que el mediático juez decidió su comparecencia por la fuerza pública.
El juez quiere indagarlo por algunas acusaciones de hinchas «funebreros», que durante sus declaraciones dijeron que recibían ayuda de los directivos del club (todas las hinchadas reciben ayuda de los dirigentes). Esta situación llevaría a Berges a formular una acusación de «asociación ilícita» un delito que no es excarcelable y que prevé penas de entre 5 y 10 años. Pero debe ser «armada» para un hecho delictivo específico y no genérico como es un disturbio menor en el fútbol. Lo sabe Berges pero el protagonismo lo obnubila. Aun en la arbitrariedad Capriotti podría cumplir con declarar y quedar libre. Dentro de los usos propios del bergesiarismo nunca se sabe.
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