18 de julio 2003 - 00:00

Cancillería prepara agenda de discusión

El Ministerio de Relaciones Exteriores comenzó ayer unas horas después del mediodía, y por orden del canciller Rafael Bielsa, quien se comunicó desde Europa, a trabajar en la preparación del viaje del próximo miércoles 23 de julio de Néstor Kirchner a Washington para tener su primera cumbre bilateral con George W. Bush. Un dato elevó al máximo el ánimo interno en el Palacio San Martín: Bielsa comunicó que del viaje a Estados Unidos fue calificado por la propia administración republicana como «de Estado», lo que en el idioma diplomático universal quiere decir «con todos los honores, sin agenda previa pactada e incluyendo todos los temas que consideren los jefes de Gobierno para discutir». El último encuentro de este tipo fue a fines del '98 entre Carlos Menem y Bill Clinton, mientras que Fernando de la Rúa no pudo lograrlo y Eduardo Duhalde ni siquiera lo intentó.

La invitación provocó que desde ayer todos los funcionarios de Relaciones Exteriores que estén involucrados dentro del temario que la Argentina quiere incluir en el encuentro recibieran la orden de ponerse a disposición de sus superiores. Lógicamente, el primero en recibir este mandato fue el secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Martín Redrado, el principal negociador que el país tiene con EE.UU. en temas como la apertura de mercados o el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Orden similar llegó ayer hacia el Palacio de Hacienda por parte de Roberto Lavagna, en viaje con Kirchner, pero en este caso para todos los funcionarios de Economía que tienen que ver directa o indirectamente con las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Por el lado de la Cancillería, los trabajos se concentrarán en el proceso de apertura comercial que Estados Unidos mantiene con la Argentina desde febrero de 2001 y que le permitió al país hasta ahora firmar la eliminación de aranceles para aproximadamente 72 productos puntuales donde el país sería competitivo. El ensayo que se practicará en Relaciones Exteriores es que este proceso de apertura continúe y se incluyan dos capítulos clave de las exportaciones locales: carnes y jugos de frutas como el limón. Sólo con estos dos mercados abiertos, la Argentina aumentaría más de 1.000 millones de dólares anuales sus exportaciones hacia Estados Unidos y superaría los 4.000 millones de dólares anuales.

El segundo tema que se trabaja desde ayer en la Cancillería es la posición frente a las negociaciones por el ALCA,
un proceso por el que Estados Unidos renovó sus esperanzas, paralelamente a la desaceleración del interés desde el Mercosur. Según la última opinión proveniente del lado argentino, en tándem con Brasil, el bloque que, además, integran Paraguay y Uruguay sólo aceptaría continuar las negociaciones si se acepta que EE.UU. deje de subsidiar sus exportaciones de materias primas y para las que destina anualmente unos 16.000 millones de dólares. Si Bush acepta esta posición (el ingreso de carne y jugos sin aranceles), probablemente el Mercosur no tenga problemas en que el conflictivo tema de los subsidios agrícolas internos sea tratado dentro de la Organización Mundial de Comercio (OMC).

La misma situación de trabajo bajo presión se comenzó a vivir en Economía.
Los hombres de Lavagna buscarán en Washington que Bush se convierta en un aliado de la Argentina en las negociaciones con el FMI para cerrar un acuerdo de largo plazo. Aquí el reclamo es concreto: que la administración norteamericana se muestre más cercana a la posición flexible que el titular del Fondo, Horst Köhler, manifestó en Buenos Aires hace unas semanas, y deje de lado la dureza de Anne Krueger.

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