13 de octubre 2003 - 00:00

Chiche en los planes de Duhalde para PJ Buenos Aires

Con Eduardo Duhalde en Milán estrenando su traje de embajador todoterreno -pero paradójicamente con funciones no del todo claras-, sus laderos, encerrados en un segundo piso porteño, darán otro paso para retener y consolidar el dominio territorial y partidario del ex presidente, su jefe.

Mañana, la plana mayor del duhaldismo revelará hasta qué punto Duhalde no tiene -más allá de que hable de renovación y de dar paso a nuevos dirigentes- ni tendrá voluntad de dejar de mediar en la vida interna del PJ. Ese día, convocarán para elegir vía internas a las nuevas autoridades del peronismo de Buenos Aires.

• Vencimiento

En diciembre próximo, vencen los mandatos que un Duhalde derrotado definió en silencio sobre fines de 1999, a pocos días de la asunción de Fernando de la Rúa que dos meses antes lo había derrotado en las urnas. Fue una táctica de supervivencia: en un congreso moroso y opaco, se hizo proclamar presidente del PJ bonaerense.

Desde allí construyó su candidatura a senador en 2001 y luego, tras ser electo, su llegada, en medio de horas de tensión extrema, al interinato presidencial que ocupó hasta el 25 de mayo último. A partir de todo ese movimiento, Duhalde legó la conducción formal del peronismo a Manolo Quindimil.

El martes, según lo previsto, los muchos delegados del duhaldismo llamarán para votar en diciembre para reelegir a Quindimil jefe del PJ, a pesar de que hay ultras que sueñan con que ese sillón sea ocupado sino por el propio Duhalde -que ya avisó que pretende dedicarse a otras cuestiones- al menos por su esposa, Chiche.

Sea cual fuere, de los nombrados, el próximo jefe del peronismo está claro que no será
Felipe Solá, un aliado siempre eventual de Duhalde. El ex presidente no temió en ese caso caer en una contradicción evidente: a Néstor Kirchner le ofreció gobernar el PJ porque «quien gobierna debe conducir el partido». Pero a Solá el lomeño le mezquinó esa oferta.

Dicen los que asisten a
Duhalde que siempre hay hipótesis de conflicto, tanto con Kirchner como con Solá, y que ante esa alternativa, el ex presidente no puede ceder el cetro que lo contuvo en sus peores horas: las del desierto político que se abrió tras la derrota del '99.

• Poder relativo

En rigor, sea o no el PJ un circo con poder relativo, coronar a Solá como jefe oficial es un movimiento del que podría arrepentirse algún día si, como presumen no pocos duhaldistas, el gobernador estrecha más allá de lo conveniente -para ellos- sus lazos con Kirchner. Ese es un temor recurrente.

Lo disparó tiempo atrás el matancero
Alberto Balestrini -que oscila con gracilidad entre su fidelidad a Duhalde o a Kirchner- cuando propuso en tándem que el patagónico sea electo jefe del PJ nacional y Solá ocupe la jefatura provincial. Hicieron fila los duhaldistas para mostrarle los dientes.

Ahora recuperó vigencia: es un hecho que, como anticipó este diario, el jujeño
Eduardo Fellner quedará al frente de un consejo del PJ reformado para depurar al menemismo residual. Fellner sintoniza con Duhalde, pero debe gobernar Jujuy y para eso necesita de Kirchner. Es un principio básico para proyectar sus futuras reacciones.

Por eso, el martes -para cumplir con la pauta que ordena convocar elecciones con 60 días de anticipación- los bonaerenses tienen agendado convocar a la interna partidaria para renovar la conducción. La interna debería hacerse en diciembre, mes que por temperatura no es apropiado para votar. Y por ahora no hay rival.

Dejá tu comentario

Te puede interesar