8 de agosto 2002 - 00:00

Criterios distintos para una misma mentalidad gobernante, ¿por qué?

Alguna vez escribimos que por lo efímero, por sus ideas o por contener principios de tan escasa seriedad como «repudiar al Fondo Monetario» y aislar a la Argentina del mundo, este gobierno carecía de inteligencia como expresión promedio del equipo gobernante. Podría decirse que le faltaba numen y quizá sobraban pícaros.

El 18 de julio pasado la Legislatura bonaerense sancionó con el número 12.915 su propia Ley Electoral provincial, que dispone para la designación de candidatos en su territorio «elecciones internas abiertas, obligatorias y simultáneas para los partidos políticos, agrupaciones municipales, federaciones y alianzas transitorias».

• Similitud

Tengamos en cuenta que la Legislatura de la provincia de Buenos Aires tiene en su composición mayoritaria inclinación por formas políticas e ideas, similares al actual Gobierno Nacional, aunque esto desespere tanto al gobernador Felipe Solá. Por un lado está el duhaldismo más puro, representado por un grupo de intendentes justicialistas del conurbano en convivencia política con sectores radicales. Es lo que se llamó «el club bonaerense», de gran actuación en los dos últimos años, al extremo de que volteó dos presidentes -Fernando de la Rúa y Adolfo Rodríguez Saá-, y logró designar a su jefe, Eduardo Duhalde, en la primera magistratura de la Nación hasta concluir el período de la ex Alianza.

Algunos creen que este «club bonaerense» es fruto de la maldad o ambición política desmedida de los políticos participantes. En realidad tienen ambición desmedida, muy especialmente los radicales tipo Leopoldo Moreau, pero otros creen que es consecuencia de la no buena elección que hizo el PJ en 1997. Fue cuando a la votación por los legisladores provinciales se sumaban los nacionales e Hilda Chiche Duhalde perdió frente a Graciela Fernández Meijide. Igual ambas ingresaron al Congreso Nacional, pero el «arrastre» de votos provinciales de la Sra. de Duhalde fue menor e influyó en esa conformación de la Legislatura provincial que el justicialismo hasta allí había dominado. Luego se sumó un diputado de las listas del PJ (respondía al mendocino José Octavio Bordón) y la «Alianza» dejó en minoría en esa cámara baja al PJ bonaerense.

De ahí en más viene lo conocido: el mayor dispendio de fondos públicos que se recuerde en una provincia: salida de recursos sin avales suficientes del Banco de la Provincia, hasta colapsarlo, por montos que muchas veces rondaban los 100 millones de dólares hoy incobrables y en análisis en tres frentes judiciales; un déficit presupuestario provincial que el año pasado llegó a

4.100 millones de dólares y que tuvo una gravitación fácilmente superior a la mitad de lo restante culpable en todo el país y gobierno Nacional en el estallido de diciembre pasado en la economía nacional, que hoy continúa y tanto padece la gente.

Aquella elección de 1997, por lo que engendró, ha sido fundamental en los tiempos actuales.

La Alianza bonaerense -la línea radical populista-, no dedicó su mayoría en la Legislatura a controlar al Ejecutivo, que en 1997 desempeñaba el propio Eduardo Duhalde, y en 1999 Carlos Ruckauf sino a participar en el reparto de la canonjía con fondos públicos. Esto configuró el «club bonaerense» que en la economía fue un vendaval y en la política una blitzkrieg (golpes rápidos y devastadores), como en la Alemania nazi.

• Mentalidad

Pero vayamos a esto: es la misma mentalidad que suele simbolizar la palabra «populismo». Tanto en radicales bonaerenses como en intendentes del conurbano. Y el duhaldismo en el gobierno nacional.

Ahora bien, en la ley bonaerense de «internas abiertas, obligatorias y simultáneas», se incluye el artículo 15 que dice:
«Para el supuesto de presentación de una sola lista de candidatos en un partido político o alianza la misma TAMBIEN DEBERA PARTICIPAR en las elecciones abiertas previstas en la presente ley».

Digamos que es bastante absurdo hacer votar obligatoriamente desde el Estado una lista única en partidos donde no hay oposición interna y esto entra en la falta de inteligencia que se exhibe hoy en el sector público gubernamental, incluyendo legisladores. Ni siquiera cabe pensar en que «se quieran ver los números de afiliados del rival», porque quedarían disimulados entre los independientes que se sumaran al comicio partidario.

Por tanto se deduce que quisieron evitar maniobras de un partido en otro ya que todos debían votar
en su propio partido o arriesgarse a dar una imagen pobre de afiliados ante la opinión pública, porque ¿qué independiente iría a perder tiempo a una interna partidaria donde hay lista única?

Pero si quiso evitar maniobras el mismo «club bonaerense» que domina la Legislatura -no el gobernador Solá-, y coincide en el gobierno de Duhalde
¿por qué se cambia de criterio en el orden nacional y exime de elección interna a los partidos con lista única que quieran aspirar a la elección de presidente y vice de la Nación en marzo?

Es lógico pensar, entonces, que para este cargo hay un intento de manipular los comicios, que es lo que ha creado la actual convulsión en todos los sectores y tornan inviable los decretos, con quejas formales que ya llegaron al ministro Jorge Matzkin. No olvidemos, además, que en el país hay más de 2 millones de beneficiarios de planes Trabajar y Jefas y Jefes de Hogar, para ser usados en las internas como «ejército electoral». Los listados totales los domina el gobierno.

• No sirve

Obsérvese algo más acerca de las aberrantes equivocaciones con que está pensado todo este proceso electoral. «Cambiar los decretos», como se habla ahora, no sirve implantando al orden nacional el artículo 15 bonaerense, o sea es obligación para todos los partidos, con lista única o no, de votar una interna. No sirve porque algunos partidos -sobre todo los que, más que «afiliados» tienen lista de gente convocable-, destinarían unos centenares o mil a cumplir con la obligación e igual el resto lo lanzarían a influir en la interna del otro partido para tratar de hacer ganar al candidato peor o más débil para tratar luego de derrotarlo en la elección general del 30 de marzo.

¿Conclusión? Interna obligatoria con lista única o dos o más candidatos no es solución. Sí lo es el
padrón de afiliados diferenciado entre los «independientes», que corresponde al padrón general de cualquier elección, y de éste extraer los «afiliados» que sólo podrán ir a su interna el 24 de noviembre. Otra solución no es democrática y generará una elección de candidatos presidenciales sospechables y, por tanto, cuestionables. Y su derivación: el 30 de marzo esa interna previa anómala nos dará otro candidato a presidente de la Nación débil en un país en la peor crisis hoy en el mundo. Malo.

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