Pigna va también al detallismo pero, admitamos, mucho más relevante (narra que Manuel Belgrano era sifilítico mientras Lanata se limita a reiterar la voz finita del prócer). Otra característica de estos refritadores de nuestra historia conocida es su peculiar sentido del humor. El de Lanata es de lamentar. Al reparto de predios por Juan de Garay el 17 de octubre de 1580 lo llama «Día peronista». No es dramático tampoco y mucho menos frente a otros males de estos libros interpretativos aunque es más lamentable en Pigna porque, a su manera, es por formación un historiador. Por caso, en
Lo hace más creíble, más historiador, por la posibilidad de cotejar afirmaciones y conocer bibliografía. Pero la meta de pintar como antecesores de Carlos Marx -o, cuando menos, «progre»- a personajes y aconteceres de la Historia desde Colón lo lleva a demasiadas incoherencias. En todos sus escritos Pigna arranca los capítulos autoimponiéndose la obligación ineludible de un prefacio «progre» para cumplir y luego sigue como un narrador de historia bastante normal. Esto lo hace en libros y también en colaboraciones aisladas. En un buen artículo suyo (ver aparte) sobre el general San Martín, en la revista «Noticias» con motivo de otro reciente aniversario de la muerte del prócer se puede ver un prefacio bastante ridículo. Habla, por ejemplo, de la convertibilidad de la época del menemismo y la llena de denuestos sin analizar lo necesaria que fue para superar el pánico social luego de dos hiperinflaciones a comienzos de los '90. Allí, sumándose a conceptos que trascienden por mera repetición y porque no está capacitado para juzgar por falta de conocimientos mínimos de economía se ensaña con aquella fórmula cambiaria. No le es posible llegar a la frase genial de
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