10 de julio 2002 - 00:00

De la Sota

Entre los candidatos que se postulan para presidente de la Nación, a elegirse en marzo próximo, el gobernador cordobés José Manuel de la Sota no tiene los conocimientos económicos -tan importantes frente a la severidad de la crisis- de Ricardo López Murphy, por ejemplo; ni la audacia y contactos internacionales de Carlos Menem ni el conocimiento en todo el país y posicionamiento de Carlos Reutemann. Pero a todos ellos y a los restantes de todos los partidos, los supera en lo administrativo y en lo imaginativo para gobernar y eso también es gravitante en esta encrucijada histórica de la Argentina.

No obstante, llega De la Sota bastante ajado a esta puja electoral al extremo de que se considera que no sólo no podría superar en votos en la interna del PJ a Reutemann, ni a Carlos Menem sino tampoco a su archienemigo, el sanluiseño Adolfo Rodríguez Saá que hasta en la propia Córdoba lo supera hoy en intención de voto a primer mandatario, en encuestas serias y no pagas.

El desdibujo de imagen del cordobés para competir, no obstante esos otros méritos que posee, se estima proviene de dos factores. Uno es que no tuvo suerte para que sus audaces ideas ejecutivas en la gobernación prosperaran dado el escenario de país en que intentó desarrollarlas. La otra es la escasa adhesión, que por desconfianza en su palabra y ubicaciones, se lo suele identificar.

Es cierto, sí, que su «modelo cordobés», de tanta repercusión hasta hace dos años, fracasó y la provincia está hoy económicamente casi destrozada. Pero no fue malo su plan de gobierno y, si se quiere, hasta un atrevimiento en la Argentina. Prometió en la campaña para gobernador y cumplió al asumir con una rebaja de impuestos provinciales, una medida ciertamente reactivante de la economía. Logró por eso que bajara la evasión en Córdoba y sus ingresos fiscales -en proporción, claro- fueran superiores a los que recaudaba la Nación.

«Si el producto nacional crece 3%, el de Córdoba con mi plan de reactivación crecerá 5% o más», le explicaba al periodista, hace 3 años, y tenía razonabilidad. Pero resulta que el PBI argentino no creció sino que, al contrario, se redujo. Fue explosivo para el pedestal de su plan. Para colmo asumió la gobernación 6 meses antes que Fernando de la Rúa y la recuperación productiva que se insinuaba en el país la sepultó aquel primer «impuestazo» de José Luis Machinea a los 9 meses de estar gobernando Córdoba y cuando su plan-bebé prematuramente balbuceaba el primer «papá». De ahí en más todo fue recesión. 4 años de recesión. ¿Qué idea nueva de cómo gobernar una provincia puede salir airosa?

Al ver comprimidos sus ingresos los que por la rebaja se habían sumado a los «en blanco», en pagos impositivos, generalmente contribuyentes medianos y hasta algunos chicos, retornaron urgente a la clandestinidad. Peor todavía: los grandes, los que siempre pagaron impuestos, los que les es casi imposible eludir -al menos en magnitud por ser fácil de controlar- se encontraron con una impensada rebaja. El resultado fiscal fue un desastre y el endeudamiento provincial creciente. El déficit presupuestario provincial el año último fue ya de 400 millones de dólares. De ahí a los famosos bonos de los presupuestos desahuciados -en Córdoba LECOR, que pueden llegar a 700 millones de pesoshabía un paso. De la Sota lo dio. Tendría que haberse inmolado junto a la legendaria catedral cordobesa si admitía que fracasó y volvía a aumentarlos.

Con habilidad de administrador hizo buenas reducciones del gasto, por ejemplo de dos cámaras legislativas logró hacer votar -en medio de severas acusaciones sobre cómo logró los sufragios necesarios- que quedara sólo una. Lo hizo mejor que el ex gobernador Domingo Bussi, de Tucumán, que antes que De la Sota logró lo mismo en su provincia pero sólo redujo la tanda de legisladores en una cámara pero manteniendo la misma burocracia legislativa que había para dos y no ahorró nada al efecto de reducir el gasto público.

De la Sota introdujo variantes que quedarán como antecedentes en el país. Por caso creó sus pagos provinciales «volver al trabajo» y de «primer empleo» a jóvenes de $ 150 pero con fomento, a diferencia del asistencialismo duhaldista, de la cultura del trabajo: los hace pagar a cargo de la provincia desde empresas privadas para que tomen desocupados y/o jóvenes, le agreguen lo que puedan como salarios y hagan los aportes previsionales para brindarles a los beneficiados cobertura de salud. El dinero para mantenimiento de escuelas -además de haberlas incrementado por centenaresse los daba a las cooperadoras escolares, no a las burocracias estatales.

Planeó privatizar el Banco de Córdoba, la deficitaria empresa provincial de energía (EPEC) y hasta el juego en manos hoy del Estado. Tramitaba no menos de 8 ofertas nacionales e internacionales para sus privatizaciones y planeaba con el ingreso posible -más de 1.000 millones de dólares que le quedarían al fisco cordobés- hasta construir hoteles 5 estrellas en las siempre atractivas sierras de Córdoba además de reducir parte de la deuda provincial.

La caída vertiginosa y continua del país en recesión le hizo alejar atemorizados a todos sus ofertantes.
«Hay que admitir que hoy por hoy la campaña de privatizaciones fracasó, aunque logramos recuperar bastante bien el Banco de Córdoba», le confesaba hace pocos días al periodista.

Terminó en algo que lo avergonzó, los bonos. Se encontró con estructuras burocráticas férreas y costosas, como también le pasó al intendente de la ciudad, el menemista y ex ucedeísta Germán Kammerath. La burocracia municipal de Córdoba tiene un sueldo y previsionales promedio hoy de 2.200 pesos por mes, de los más altos de cualquier sector estatal del país que no se da hoy ni en 95% de las empresas privadas. Además 60 días de vacaciones al personal; 3 días más de descanso anual si el empleado va a veranear a más de 150 kilómetros de su lugar de trabajo para que viaje cómodo sin reducir su ya elevado período de descanso. La estatal EPEC goza de tres aguinaldos enteros por año (60 millones de pesos cada uno) y estatutos férreos para evitar la reducción de personal.

Córdoba se le hizo inviable al gobernador y más a partir de que sus medidas administrativas generales no le dieron plafond alguno para operar los excesos burocráticos. Fue obvio que dentro de la carrera presidencial interna del justicialismo quedara lejos de la cabeza del pelotón. Pero con mucho más esfuerzo e ideas gastadas en el intento de gobernar con éxito que otro que no sólo se retrasó sino que directamente desapareció, como el bonaerense Carlos Ruckauf, que nunca intentó nada y se rodeó de personajes como Esteban «Cacho» Caselli que endeudaron más a esa provincia.

De la Sota está casi fuera de carrera por lo cual se volcó desesperadamente en apoyo de su más cercano, el de buena imagen Carlos Reutemann al que le ofreció, junto con su esposa la figurante Olga Riutort, como jefes de campaña. Pero el santafesino desconfía por el otro problema de De la Sota, la persistencia de sus adhesiones. Además Reutemann, si se decide ir a la interna, tiene otros planes en apariencia: mejor rodearse de menemistas -por caso el pampeano Marín- para dar una idea de que como presidente de la Nación puede hacer y continuar lo mismo que hizo el riojano, pero con otro panorama de honestidad entre quienes lo rodeen.

En lo político José Manuel de la Sota es desconfiable. Allá por fines de los años '80 formó los «renovadores» del justicialismo con Carlos Grosso, José Luis Manzano y él para apoyar a Antonio Cafiero contra Carlos Menem. Quedaron revolcados por el piso. De la Sota los abandonó, se atrincheró en Córdoba cuya interna justicialista siempre dominó y fracasó dos veces en tratar de llevar al justicialismo a gobernar la provincia en un terruño donde hay bipartidismo y la izquierda es prácticamente inexistente y es común decir que «si uno en Córdoba escupe el suelo brota un radical».

Por una necesidad personal temporaria de abandonar el país se acercó a Menem ya presidente y logró que lo designara embajador en Brasil. Luego llegó su gran logro de desplazar gobernaciones radicales de Córdoba que se habían extendido por 25 años continuos.
«Siempre jugué sin Menem y hasta contra Menem hasta que decidí cambiar. Nos acercamos y me aportó a Kammerath (originalmente de la UCeDé cordobesa y ex secretario de Estado del gobierno menemista) y gané la gobernación.»

Pero hoy -con persistencia en su casquivanismo político casi crónico- está de nuevo contra Menem.Inclusive contra su vicegobernador Germán Kammerath al que ayudó para ganar la Intendencia pero luego abandonó al verlo complicado contra una burocracia municipal tan acorazada y sindicalizada que no lo dejó actuar, amén de los errores por inexperiencia que el ucedeísta cometió.

De la Sota alentó a la «liga federal» de gobernadores de provincias menos relevantes pero luego los abandonó. Rodríguez Saá, de San Luis, le guarda un rencor inmenso por considerar que De la Sota les habló a los restantes gobernadores para que no fueran a la reunión de Chapadmalal donde el cordobés prometió ir y no lo hizo. Allí Rodríguez Saá, tras su azaroso temporario y breve paso por la presidencia de la Nación (8 días) intentó enfrentar el «golpe de Estado bonaerense» de Eduardo Duhalde, Raúl Alfonsín, Leopoldo Moreau y varios intendentes peronistas del conurbano. El sanluiseño se encontró con muy poca tropa para compararlo y hasta amenazado físicamente en la residencia donde deliberaba.

Pero De la Sota tampoco se puso junto a los vencedores de Rodríguez Saá sino que se pronunció y mantuvo largo tiempo abiertamente contra Eduardo Duhalde ya presidente designado. Hace pocos días, en nuevo giro político, volvió a unirse a Duhalde para abrazarse juntos en una candidatura de Carlos Reutemann que al santafesino espanta con sólo verlos de «sponsors» políticos, aun con dos de los «aparatos electorales» más aceitados del justicialismo en las provincias de Buenos Aires y Córdoba. Acepta más a De la Sota pero Reutemann, si se larga en la carrera a la presidencia de la Nación, sabe que su mejor negocio son los moderados del país.

No elabora mal De la Sota al querer sumarse a un ganador posible del partido, como Reutemann para presidir el país en los durísimos 4 años que sobrevendrán apenas alguien se ponga la banda presidencial para recuperar dolorosamente a la Argentina en tremenda crisis. Esperar 4 años y aspirar a presidente en 2007, cuando ya el trabajo duro haya sido realizado por otro, con alto costo político desde lo deseable para cualquier político aspirante y esto lo incluye a De la Sota. El mismo que tampoco Eduardo Duhalde quiere hacerlo en este período de transición que es cuando correspondería para aliviar la próxima gestión.

José Manuel de la Sota quiere mantener el calendario normal en su provincia para probar su reelección en junio del año próximo utilizando el fervor que pudiera traer un triunfo justicialista a nivel nacional en marzo y más si de ese logro él puede participar desde algún puesto que le mejore la imagen agrietada.

Un triunfo de Carlos Menem en la interna justicialista, por ejemplo, lo descolocaría porque ante su oposición el riojano naturalmente es empujado hacia el fuerte y recuperado radical Ramón Mestre que acaricia a Kammerath mientras el actual gobernador lo fustiga. Y Kammerath sigue siendo hombre de Menem.

Aparte de eso no sería de extrañar, aunque hasta las internas ni lo vayan a mencionar, algunos acercamientos radicales y justicialistas. Es uno de los sueños de Raúl Alfonsín para no exponer a su partido a una vergüenza en guarismos bajísimos en una elección general. Analiza apoyar a una fórmula presidencial justicialista potable -lo haría sin hesitar si fuera Carlos Reutemann pero no Menem, fundamentalmente por su idea de «dolarización»- y podría exigir alguna reciprocidad hacia el candidato radical en Córdoba u otras provincias en manos actualmente de la UCR.

Esto ubica a De la Sota en la disyuntiva de jugar ahora por Reutemann y después evitar cualquier giro hacia el radical Mestre.

Difícil juego para el hombre de Córdoba aunque toda su vida pública haya sido así. Justificable sus intentos varios sólo en base a condiciones socioeconómicas del país, cuando menos regulares, sus ideas de gestión podrían merecer otra oportunidad.

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