De la Sota
-
Manuel Adorni recibió con un abrazo de Milei: contención mientras crece la polémica
-
El Gobierno expulsó al principal diplomático de Irán en Argentina y lo declaró persona no grata
No obstante, llega De la Sota bastante ajado a esta puja electoral al extremo de que se considera que no sólo no podría superar en votos en la interna del PJ a Reutemann, ni a Carlos Menem sino tampoco a su archienemigo, el sanluiseño Adolfo Rodríguez Saá que hasta en la propia Córdoba lo supera hoy en intención de voto a primer mandatario, en encuestas serias y no pagas.
Es cierto, sí, que su «modelo cordobés», de tanta repercusión hasta hace dos años, fracasó y la provincia está hoy económicamente casi destrozada. Pero no fue malo su plan de gobierno y, si se quiere, hasta un atrevimiento en la Argentina. Prometió en la campaña para gobernador y cumplió al asumir con una rebaja de impuestos provinciales, una medida ciertamente reactivante de la economía. Logró por eso que bajara la evasión en Córdoba y sus ingresos fiscales -en proporción, claro- fueran superiores a los que recaudaba la Nación.
«Si el producto nacional crece 3%, el de Córdoba con mi plan de reactivación crecerá 5% o más», le explicaba al periodista, hace 3 años, y tenía razonabilidad. Pero resulta que el PBI argentino no creció sino que, al contrario, se redujo. Fue explosivo para el pedestal de su plan. Para colmo asumió la gobernación 6 meses antes que Fernando de la Rúa y la recuperación productiva que se insinuaba en el país la sepultó aquel primer «impuestazo» de José Luis Machinea a los 9 meses de estar gobernando Córdoba y cuando su plan-bebé prematuramente balbuceaba el primer «papá». De ahí en más todo fue recesión. 4 años de recesión. ¿Qué idea nueva de cómo gobernar una provincia puede salir airosa?
La caída vertiginosa y continua del país en recesión le hizo alejar atemorizados a todos sus ofertantes. «Hay que admitir que hoy por hoy la campaña de privatizaciones fracasó, aunque logramos recuperar bastante bien el Banco de Córdoba», le confesaba hace pocos días al periodista.
Terminó en algo que lo avergonzó, los bonos. Se encontró con estructuras burocráticas férreas y costosas, como también le pasó al intendente de la ciudad, el menemista y ex ucedeísta Germán Kammerath. La burocracia municipal de Córdoba tiene un sueldo y previsionales promedio hoy de 2.200 pesos por mes, de los más altos de cualquier sector estatal del país que no se da hoy ni en 95% de las empresas privadas. Además 60 días de vacaciones al personal; 3 días más de descanso anual si el empleado va a veranear a más de 150 kilómetros de su lugar de trabajo para que viaje cómodo sin reducir su ya elevado período de descanso. La estatal EPEC goza de tres aguinaldos enteros por año (60 millones de pesos cada uno) y estatutos férreos para evitar la reducción de personal.
Córdoba se le hizo inviable al gobernador y más a partir de que sus medidas administrativas generales no le dieron plafond alguno para operar los excesos burocráticos. Fue obvio que dentro de la carrera presidencial interna del justicialismo quedara lejos de la cabeza del pelotón. Pero con mucho más esfuerzo e ideas gastadas en el intento de gobernar con éxito que otro que no sólo se retrasó sino que directamente desapareció, como el bonaerense Carlos Ruckauf, que nunca intentó nada y se rodeó de personajes como Esteban «Cacho» Caselli que endeudaron más a esa provincia.
De la Sota está casi fuera de carrera por lo cual se volcó desesperadamente en apoyo de su más cercano, el de buena imagen Carlos Reutemann al que le ofreció, junto con su esposa la figurante Olga Riutort, como jefes de campaña. Pero el santafesino desconfía por el otro problema de De la Sota, la persistencia de sus adhesiones. Además Reutemann, si se decide ir a la interna, tiene otros planes en apariencia: mejor rodearse de menemistas -por caso el pampeano Marín- para dar una idea de que como presidente de la Nación puede hacer y continuar lo mismo que hizo el riojano, pero con otro panorama de honestidad entre quienes lo rodeen.
En lo político José Manuel de la Sota es desconfiable. Allá por fines de los años '80 formó los «renovadores» del justicialismo con Carlos Grosso, José Luis Manzano y él para apoyar a Antonio Cafiero contra Carlos Menem. Quedaron revolcados por el piso. De la Sota los abandonó, se atrincheró en Córdoba cuya interna justicialista siempre dominó y fracasó dos veces en tratar de llevar al justicialismo a gobernar la provincia en un terruño donde hay bipartidismo y la izquierda es prácticamente inexistente y es común decir que «si uno en Córdoba escupe el suelo brota un radical».
Por una necesidad personal temporaria de abandonar el país se acercó a Menem ya presidente y logró que lo designara embajador en Brasil. Luego llegó su gran logro de desplazar gobernaciones radicales de Córdoba que se habían extendido por 25 años continuos.«Siempre jugué sin Menem y hasta contra Menem hasta que decidí cambiar. Nos acercamos y me aportó a Kammerath (originalmente de la UCeDé cordobesa y ex secretario de Estado del gobierno menemista) y gané la gobernación.»
Pero hoy -con persistencia en su casquivanismo político casi crónico- está de nuevo contra Menem.Inclusive contra su vicegobernador Germán Kammerath al que ayudó para ganar la Intendencia pero luego abandonó al verlo complicado contra una burocracia municipal tan acorazada y sindicalizada que no lo dejó actuar, amén de los errores por inexperiencia que el ucedeísta cometió.
De la Sota alentó a la «liga federal» de gobernadores de provincias menos relevantes pero luego los abandonó. Rodríguez Saá, de San Luis, le guarda un rencor inmenso por considerar que De la Sota les habló a los restantes gobernadores para que no fueran a la reunión de Chapadmalal donde el cordobés prometió ir y no lo hizo. Allí Rodríguez Saá, tras su azaroso temporario y breve paso por la presidencia de la Nación (8 días) intentó enfrentar el «golpe de Estado bonaerense» de Eduardo Duhalde, Raúl Alfonsín, Leopoldo Moreau y varios intendentes peronistas del conurbano. El sanluiseño se encontró con muy poca tropa para compararlo y hasta amenazado físicamente en la residencia donde deliberaba.
Pero De la Sota tampoco se puso junto a los vencedores de Rodríguez Saá sino que se pronunció y mantuvo largo tiempo abiertamente contra Eduardo Duhalde ya presidente designado. Hace pocos días, en nuevo giro político, volvió a unirse a Duhalde para abrazarse juntos en una candidatura de Carlos Reutemann que al santafesino espanta con sólo verlos de «sponsors» políticos, aun con dos de los «aparatos electorales» más aceitados del justicialismo en las provincias de Buenos Aires y Córdoba. Acepta más a De la Sota pero Reutemann, si se larga en la carrera a la presidencia de la Nación, sabe que su mejor negocio son los moderados del país.
No elabora mal De la Sota al querer sumarse a un ganador posible del partido, como Reutemann para presidir el país en los durísimos 4 años que sobrevendrán apenas alguien se ponga la banda presidencial para recuperar dolorosamente a la Argentina en tremenda crisis. Esperar 4 años y aspirar a presidente en 2007, cuando ya el trabajo duro haya sido realizado por otro, con alto costo político desde lo deseable para cualquier político aspirante y esto lo incluye a De la Sota. El mismo que tampoco Eduardo Duhalde quiere hacerlo en este período de transición que es cuando correspondería para aliviar la próxima gestión.
José Manuel de la Sota quiere mantener el calendario normal en su provincia para probar su reelección en junio del año próximo utilizando el fervor que pudiera traer un triunfo justicialista a nivel nacional en marzo y más si de ese logro él puede participar desde algún puesto que le mejore la imagen agrietada.
Un triunfo de Carlos Menem en la interna justicialista, por ejemplo, lo descolocaría porque ante su oposición el riojano naturalmente es empujado hacia el fuerte y recuperado radical Ramón Mestre que acaricia a Kammerath mientras el actual gobernador lo fustiga. Y Kammerath sigue siendo hombre de Menem.
Aparte de eso no sería de extrañar, aunque hasta las internas ni lo vayan a mencionar, algunos acercamientos radicales y justicialistas. Es uno de los sueños de Raúl Alfonsín para no exponer a su partido a una vergüenza en guarismos bajísimos en una elección general. Analiza apoyar a una fórmula presidencial justicialista potable -lo haría sin hesitar si fuera Carlos Reutemann pero no Menem, fundamentalmente por su idea de «dolarización»- y podría exigir alguna reciprocidad hacia el candidato radical en Córdoba u otras provincias en manos actualmente de la UCR.
Esto ubica a De la Sota en la disyuntiva de jugar ahora por Reutemann y después evitar cualquier giro hacia el radical Mestre.
Difícil juego para el hombre de Córdoba aunque toda su vida pública haya sido así. Justificable sus intentos varios sólo en base a condiciones socioeconómicas del país, cuando menos regulares, sus ideas de gestión podrían merecer otra oportunidad.




Dejá tu comentario