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Javier Solana es el Alto Representante de la Unión Europea, lo que equivale a ser el canciller de esa comunidad. En ese carácter, inició una visita a Irán y Medio Oriente. Fue precisamente en Teherán que, reunido con el canciller iraní Kamal Kharrazi, Solana censuró la detención en Londres de Haidi Soleimanpur. quien fuera embajador en Buenos Aires de ese país cuando se produjo el atentado, en 1994. Esa detención se produjo a pedido internacional del juez Juan José Galeano.
Las declaraciones de Solana rompieron la inercia de la Cancillería también en ese frente. Desde Buenos Aires Rafael Bielsa y su equipo debieron instruir a Jorge Remes Lenicov, embajador ante la Unión Europea, para que pidiera explicaciones ante las autoridades de Bruselas sobre la censura del español Solanas (fue ministro de Cultura y canciller de Felipe González y también secretario de la NATO). Por su parte, desde el Palacio San Martín se convocó también al delegado de la Comisión Europea ante la Argentina, Angelo Pangratis, para reclamarle también una satisfacción.
Como se advierte, la agresividad con Irán comenzó a complicar al gobierno que, como en otros aspectos de su gestión (desde el aumento de salarios al sector privado hasta el controvertido revisionismo sobre los años '70) debe buscar solución a las decisiones que él mismo adopta. Bielsa ya insinuó algo en este sentido, no motivado por las reacciones de Solana, claro sino por la pérdida de u$s 300 millones en el comercio exterior. El canciller habló de una mediación y propuso que el árbitro sea Marruecos.
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