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9 de septiembre 2003 - 00:00

Definición en la Ciudad en 5 días

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Más allá de las encuestas, está el análisis de la impresión de gente. Partamos de la base cierta de que la «información municipal» habitual normalmente no le interesa a la prensa porque no les interesa a los porteños. Estos se creen llamados a juzgar al gobierno nacional o al país, pero no lo que resuelva una legislatura o un ex concejo deliberante, salvo que los afecte su tranquilidad. Cuando se publicó el Código de Convivencia en ciudad el periodismo casi ni lo analizó y no interesó a los lectores hasta que no vieron circular travestis por las calles del barrio de Belgrano debido al nuevo permisivismo que introducía. Los porteños hablan del intendente (que ahora se llama «jefe de la Ciudad») cuando los sacude un bache, se les inundan las calles o ven su ciudad descuidada, sin pintura donde corresponde y pintarrajeada donde no. Ahí se abochornan y hasta piensan «qué dirán tantos extranjeros que vienen por la devaluación».

Aparte de eso, lo más que hace es pasar los ojos por un título que dice que «se inicia la poda y plantación de nuevos árboles». Los aportes culturales casi ni salen en los diarios y son para el sector que los aprovecha. Pero una pelea entre vendedores ambulantes sí atrae. En el interior del país es distinto. El porteño, en cambio, ama a su ciudad pero hasta hoy a sus autoridades sólo las ve como «los políticos que tienen que cuidarla porque para eso roban». Hasta esta elección, tan reñida, mucha gente que vive en la Capital Federal ni sabía quién era Aníbal Ibarra y menos aun lo habrían reconocido antes si lo encontraban por la calle. De Mauricio Macri se sabía por Boca, pero la mayoría desconocía que tuviera intención de administrar Buenos Aires.

¿Cuál es ahora la reacción de la gente? Esto de que los porteños no atienden la información municipal como a la nacional ciertamente perjudicó a Ibarra: hizo mucha más obra (en cultura, en enseñar profesiones, fundamentalmente en los hospitales) que la que se le reconoce sobre todo porque se le califica la gestión por los baches, por la torpeza de comenzar a taparlos y pintar las calles recién en vísperas de aspirar a la reelección. También es cierto que como para todo político de centroizquierda, el llegar a dominar el tercer presupuesto en monto del país no lo encontró preparado. Gastó mucho en empleados públicos, aumentó los impuestos a la gente para pagarles más a los empleados municipales y no ahorró para el bacheo que es lo que en definitiva le da imagen.

Si finalmente Mauricio Macri no ganara la segunda vuelta el domingo, quedaría con mejor futuro que Aníbal Ibarra. Tendría asegurada la reelección en Boca por 4 años por sus logros deportivos y de normalización del club. Tiene edad como para aguardar 4 y muchos años más y volver a postularse si no se desalienta como los no políticos (caso Avelino Porto cuando aspiró a ser senador nacional). En la política argentina lo principal es persistir.

También le quedaría la mayor fuerza individual (24 diputados sobre 60, divididos en 11 bloques) en la Legislatura de Buenos Aires. Pero fundamentalmente quedaría a su favor la frustración de media Capital Federal porque a un hombre joven no se le deje probar su propuesta.

Sobre todo observando que el gobierno nacional usó dinero oficial, medios oficiales (radio y TV), prensa oficialista, actos oficiales, encuestas pagadas con fondos del Estado, presencia del Presidente hasta violar la ley electoral una ceremonia inaugural con Ibarra el viernes previo a los comicios en plena veda política.

Fundamentalmente enfrenta el statu quo, que en la Ciudad es muy importante, con 125.000 empleados municipales que son casi similar cantidad de votos para quien gobierna, permisos otorgados y a renovar, etcétera. Ese es un fuerte voto a Ibarra.

Macri iguala las posibilidades de ganar el domingo con un apellido difundido (aunque favoreció ataques de sus adversarios), como presidente exitoso de un famoso club de fútbol y, fundamentando sus aspiraciones políticas, gestionándose su propia ayuda (privada) para la campaña y sin prensa imparcial. Tuvo muy poco apoyo de Eduardo Duhalde que, si gana, le exigirá más de lo que le aportó. En estas condiciones si triunfa y sale jefe de Gobierno será una hazaña electoral.

Si con toda la ayuda oficial, en cambio, Aníbal Ibarra no gana, su futuro es incierto. No le sería fácil, además, llevar la carga de haber fracasado en la administración de la ciudad más rica del país. Si gana deberá enfrentar también situaciones difíciles. Por ejemplo ser mirado por media ciudad como quien frustró la posibilidad de conocer a un joven, no político, como Macri en acción. Queda mucho más comprometido que antes en realizar una gestión con menos flaquezas y deberá rendirle pleitesía a Kirchner, que usará su eventual triunfo. Más con el riesgo de imagen en que se metió el Presidente al volcarse en pleno sobre los comicios.

Inclusive se sospecha que Kirchner no quiso arriesgar cerrar un acuerdo con el Fondo Monetario 4 días antes de la elección capitalina para no ahuyentar votos de izquierda. El voto de izquierda en la Capital Federal para Ibarra (que ganó el cargo en la Alianza con los radicales en 1999) tiene más fuerza que para cualquiera en el interior del país, aunque nunca le bastó a ese sector, por sí solo, para ganar ninguna elección capitalina. Por eso no se cree que el gobierno, si así operó con el Fondo, haya hecho bien en alarmar al electorado porteño, tradicionalmente en su mayoría de centroderecha moderado, poniendo al país al borde de caerse del mundo si entramos en default con el Fondo Monetario.

Un Ibarra perdidoso también será de lamentar, porque los gobiernos socialistas suelen hacer las cosas bien en gestiones municipales. A algunos, como Teodoro Bronzini en Mar del Plata, sólo el tiempo le impidió renovar permanentemente el cargo de intendente que ejerció con gran esmero y éxito. Cuando se abrió el Concejo Deliberante (en 1958, tras haber permanecido cerrado todos los años de presidencia del general Juan Perón y ya desde 1943), hubo una concejal comunista brillante en sus exposiciones, Alcira de la Peña. Igualmente se destacaron siempre los restantes concejales del socialismo. Este es un partido que mantuvo, para su prestigio en temas municipales, una gran austeridad en el gasto por medio de sus hombres públicos.

Si gana Ibarra, admirador de Lula Da Silva, tendrá la experiencia que le dieron estos 4 años opacos de Lord Mayor para no cometer los mismos errores. Si gana Macri surgirán enormes expectativas de ejecución. Se daría el juego de alternancia de centroderecha y centroizquierda moderados en la gestión del Estado, como en los grandes países. Esperar el domingo.

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