8 de julio 2003 - 00:00

Di Tella fue a la CGT y dejó de cama a Daer

De cama quedó ayer Rodolfo Daer luego de la visita del secretario de Cultura, Torcuato Di Tella, a la sede de la CGT. El sindicalista, apenas se retiró el hermano de Guido Di Tella del edificio de la calle Azopardo, fue internado en el hospital Argerich, en el barrio de La Boca, para hacerse atender por una descompensación.

La visita de Di Tella es plural: primero llevó un mensaje agresivo de parte de Néstor Kirchner al retar a los dueños de casa con el mandato de que la imagen de los gremialistas debe mejorarse. Casi un insulto para la columna vertebral del movimiento que es el hecho maldito del país burgués y se precia de ello.

Segundo, llevó de regalo el ejemplar dedicado de su último libro que no es como algunos creen la recopilación de sus diálogos socráticos con el Presidente sino un grueso volumen de historia social del sindicalismo.

Igual Daer junto a los encargados culturales de la CGT, el sindicalista de los juegos de azar Daniel Amoroso y el menemista plástico Vicente Mastrocolla le mostraron los santuarios cegetistas. Primero la biblioteca y hemeroteca, una de las más importante del mundo sobre historia del sindicalismo que Di Tella reveló que nunca había visitado.

Una confesión inconveniente para Di Tella que esta semana distribuye un libro de historia de los gremios criollos donde examina las relaciones con el fundador del oficialismo de hoy. Ese volumen «Perón y los sindicatos: El inicio de una relación conflictiva» confiesa en el pró-logo que Di Tella contó con el auxilio de alum-nos y ayudantes de su cátedra que sí pueden haber consultado la magnífica biblioteca que tiene documentos, afiches, revistas, octavillas proselitistas, actas que se remontan al sindicalismo anarquista del siglo XIX y que recopiló el mítico bibliotecario Julio Gordónez.

Pudo evitar ese desliz Di Tella si no hubiera anunciado la visita como la primera de un secretario de Cultura al lugar, ya que antes recorrieron sus pasillos sus antecesores Jorge Asís y José María Castiñeiras de Dios.

Di Tella
también se encandiló cuando le mostraron el despacho que había usado Eva Perón cuando en el edificio de Azopardo funcionaba la fundación que llevaba su nombre.

«Desde la Secretaría quiero hacer una política de redefinir la cultura, que debe estar más vinculada a los sentimientos populares, a las tradiciones del trabajo, tanto en la industria como en el agro, tanto por el sector empresario como en el sindical»
, afirmó Di Tella al salir.

Esa frase traduce su proyecto de sacar la actividad de la secretaría de Cultura del lazareto de la poesía y las artes plásticas y ponerle el overol, o el mono azul que usaban para fingir obrerismo
Federico García Lorca y Rafael Alberti para proclamar su comunismo en los años '30.

La idea de este
Di Tella es crear en todo el país museos del tipo de los que se han dedicado a artes y oficios en los Estados Unidos o Europa, que recoja testimonios de la historia de la industria argentina. Por caso, exhibir las bandejas de Luis Barrionuevo, los chops de Saúl Ubaldini, el torno cero kilómetro (nunca usado) de Lorenzo Miguel, los botiquines de Carlos West Ocampo, las cajas registradoras del mercantil Armando Cavalieri.

Habrá, claro, en esos museos una sala sobre los
Di Tella que muestre cómo se hacen y deshacen los grandes proyectos de una generación a la siguiente.

En esa línea, el funcionario sostuvo que
«el sector sindical argentino tiene una muy larga tradición en el país y lo demuestran las históricas actas que he estado viendo junto a los compañeros».

«Siempre me ha parecido que la CGT -y la otras centrales sindicales también-están con mucha más tradición cultural y mucha más preocupación cultural de lo que la gente cree en general. Entonces lo que hay que hacer es cambiarle la imagen al sindicalismo. El sindicalismo no está tan debilitado como se dice a veces, como muchos creen», opinó Di Tella.

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