30 de julio 2003 - 00:00

El Balza de Menem será embajador en Colombia

Más por el frente interno que por razones diplomáticas, el gobierno eligió ayer como embajador en Colombia al ex jefe del Ejército Martín Balza. Se suponía, aunque el propio interesado lo negaba, que la Administración Kirchner le ofrecería un cargo a Balza; inclusive hasta se lo imaginó como ministro de Defensa, pero los compromisos con Eduardo Duhalde privilegiaron, en su momento, la candidatura del médico José Pampuro. Pero ahora igual la deuda, el compromiso ético -habría que decir-se cumple con la sinecura en Bogotá.

Quizás porque alguien en la Cancillería supuso que Colombia es un destino bélico se optó por este ex militar. En rigor, aunque en ese país hay acción -y, se supone, en el futuro habrá mucha más-, se entiende que este tipo de situaciones se resuelven, por responsabilidad vecinal, a través de mecanismos políticos. Más bien Balza parece un candidato para relatar al Palacio San Martín cómo van los enfrentamientos entre los insurgentes y el gobierno, más la obvia intervención norteamericana, en lugar de atender las consecuencias políticas regionales de esa guerra.

Igual Balza es un hombre dotado para la política: finalmente, fue el principal jefe de Carlos Menem durante la mayor parte de su gobierno, sin una sola complicación y gozando de toda la confianza, y ahora repite ese crédito por otra vía con quien más tiene pesadillas con el riojano: Néstor Kirchner. Fue tan amigable la relación con Menem que éste hasta lo imaginó como candidato a la intendencia capitalina. Debe ser la única concesión del actual mandatario a esa gestión de los noventa que tanto desprecia. También un premio a ciertos consejos durante la campaña que aún tienen vigencia en la Casa Rosada: a Balza le atribuyen preconizar la conveniencia, para salvar el prestigio de las Fuerzas Armadas, de que unos 40 oficiales superiores de la década del '70 asumieran toda la responsabilidad de lo que sucedió en esos «años de plomo» y, por lo tanto, con la cárcel, se recuperaría la imagen.

•Arrepentimiento

Sea por esa teoría tan interesante al kirchnerismo o por otras actitudes del pasado -finalmente, con Menem y bajo sus instrucciones, Balza hizo el arrepentimiento público en el programa de Bernardo Neustadt que le permitió la fama en Derechos Humanos y lograr hoy una embajada-, lo cierto es que hoy el general retirado tiene más espacio en el mundo civil que en el castrense. Más bien ingresó en una etapa de conflictos y de repudios mutuos. Su cercanía a Kirchner no le alcanzó, sin embargo, a que éste le hiciera caso a la hora de los desplazamientos de generales (se sabe, por ejemplo, que él reclamó por la permanencia de Daniel Reimundes, cuestión que el Presidente no aceptó). Se estima que su llegada a la sinecura colombiana se produce por obra de otro militar en actividad, el segundo de la fuerza, en quien el oficialismo a menudo abreva como consultor: el general Mario Chretien, apodado «gorra de lana» en tiempos del mandato de Balza porque era «quien le calentaba la cabeza».

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