(Presentamos aquí la última parte de la nota obtenida en Casa de Gobierno, donde el periodista conversó con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández; el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli; y luego, más extensamente, con el presidente Néstor Kirchner.)
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Es indudable que el uso de la racionalidad puede ser realidad o argumento de la izquierda, porque tiene diferente significación. Eran racionales los gross plan del marxismo en la Unión Soviética, pero el resultado es un desastre económico.
Pasó así a otro momento que también me sorprendió bien, porque habló de cosas más propias de economistas, como los desagregados del Presupuesto nacional. También habla con autoridad -a nivel de no haber conocido antes algo similar en el estamento presidencial- de ítem del balance de comercio exterior. Por caso destaca -es también muy correcto y no al alcance de cualquier político- el incremento en el rubro importaciones de bienes de capital e insumos industriales. Agradable hablar de Economía en alto nivel con un presidente.
También el diálogo sirve para detectar otros aspectos. Noté que lo afecta el «síndrome de llegada». Lo había percibido en Kirchner cuando conversé con él en su época de gobernador y está acentuado como presidente. Consiste en pensar ante sí mismo -e inevitablemente dejarlo traslucir- que «si llegué aquí es porque soy el mejor». Lo padecen muchos mandatarios -empezando por George Bush-, quienes deducen de su arribo al pináculo una mayor inteligencia que todos o igual que unos pocos que no están en su competencia, y también mayor capacidad de mando, de gestión, de captación, etcétera. Empíricamente no toman en cuenta que en la política no compiten la mayor parte de las mentes privilegiadas de una nación, y menos con las bajezas y anormalidades de la política en países emergentes como el nuestro. Luego me dice:
Uno medita esto después, con la esperanza de que un hombre sin duda inteligente no se compre la dialéctica izquierdosa que sostiene que el capitalismo es explotación y el marxismo es solución, porque 75 años de vigencia de éste con la formación de la Unión Soviética llenaron de miseria a los pueblos pretendiendo que no hubiera ricos, además de haber costado más de cien millones de personas sacrificadas con violencia. Pienso que estamos frente al primer gobierno de centroizquierda argentino y uno aspira a que sea del tipo del presidente Lagos de Chile, cuanto menos.
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