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• En 100 días no creó ni un mínimo «clima de negocios» en el país, algo que atraiga inversiones, con lo cual puede ser buen administrador pero de despojos.
• Cree que tiene 16% de desocupados (1.600.000) por un cálculo del INDEC de diez millones en calidad de trabajar. Hay otros dos millones, por lo que llega a 3.600.000 la población con «problemas laborales». Este error lo lleva a tener menos urgencias y posturas desalentadoras de inversiones.
• Llegó sin poseer ni planes económicos macro de largo plazo ni chicos coyunturales. No convocó a quienes los tengan. Su «proyecto de país» parece radicar en aspiraciones elevadas sólo político, y dentro de esto, socializante exacerbado, tipo Hugo Chávez o Fidel Castro. No la brillante línea chilena ni la brasileña. En consecuencia, puede zafar del momento sin repercusiones extras en el drama social que heredó, puede repartir más despojos aunque presupuestariamente con sustento real, pero no se encaminó en estos 100 días a ningún futuro de despegue que la saque de vivir en una permanente emergencia a la Argentina.
• Metió miedo en el país. Miedo hasta de hablar, como en las épocas de los golpes militares. Unos temen que les intervengan teléfonos; otros que les tomen sus fondos; otros que los acorralen desde la DGI; aquellos que se pongan de acuerdo con sus patrones si hablan con crítica (mucho esto en periodismo); gerentes que tienen síndrome de que se puede exigir desde el gobierno reemplazos a las casas matrices; y, con tanto volver a los '70, con menciones y detenciones de montoneros hay quienes temen por sus vidas, más después de oír a piqueteros dispuestos a defender a tiros sus dádivas (planes). No es nada bueno el sobresalto permanente, sobre todo en un país que ya está casi psicótico por la inseguridad frente al delito común.
• Aprovechó una prensa económicamente muy debilitada por 4 años de recesión y la alineó mayoritariamtne a su favor. Le desagradan las críticas en exceso. Tiene el autoritarismo hasta de decir qué tipo de aviso con mensaje del gobierno debe ir a cada tipo de diario.
• No tiene adversarios sino enemigos, a quienes va cultivando día a día muchas veces sin sentido alguno.
• Tiene en su entorno asesores que ningún gobernante tendría, como Miguel Bonasso y Horacio Verbitsky que, más allá de intentar seducirlo con el «paraíso» castrista, están cargados de odios y frustraciones consigo mismos por sus controvertidos pasados subversivos.
• Tiene notorias tendencias autoritarias y hegemónicas que, en definitiva, siempre significan desprecio intelectual hacia quienes no se ponen debajo suyo. También hay desprecio de las masas en la concepción clásica del autoritarismo de que no saben optar y que hay que guiarlas con seducción y estimarlas dominables con dádivas.
• Exagera sus posturas por desconfianza en sus convicciones. Por eso piensa que si concede algo, aunque sea justo, rasga su coraza. Si hubiera aumentado por mes 1% las tarifas públicas, en 100 días tendría el problema encaminado, sin afectar mayormente las variables de efecto social, un problema que se agrava.
• Cree demasiado en los subsidios sin asimilar que tienen un límite fiscal, que nunca son una solución de fondo para el país, que crean tanta dependencia como la drogadicción, que sacarlos algún día potencia 50 veces la dificultad de resistirse a otorgarlos.
• No se le notan a Kirchner conocimientos económicos profundos pero sí superiores a los de sus predecesores inmediatos. Por eso se sospecha que sabe que buena parte de lo que hoy se reparte desde el Estado para consolidar poder es consumo de reservas estratégicas para el crecimiento futuro. Se admite que es vivo pero sus movimientos y orientaciones políticas parecen más emocionales de «estudiantina» diría Elisa Carrió, aunque, razonados en profundidad, nadie tiene certeza de adónde quiere llegar. Algunos hasta dudan de sus capacidades racionales y emocionales.
• No le transmitió como gobernante seguridad al país. Por eso casi no varía el desempleo, no hay pedidos de crédito por temor, está violado el principio económico de que lo que se ahorra es igual a lo que se invierte. Aquí, precautoriamente, se guarda sin utilidad.
• Fue un error en estos 100 días repartir 20.000 nuevos planes Jefas y Jefes de Hogar. Se habla de 50.000 más para halagar a jefes piqueteros y tener «fuerza de calle propia» (en base grupo «Solidaridad» de Gerardo Martínez). Se sigue alentando un monstruo de muchas cabezas como el movimiento piquetero, con no menos de 28 fracciones, la mayoría opuestas entre sí y algunas muy violentas, como las de Néstor Pitrola y Martino, que van camino de ser incontrolables para cualquiera, inclusive para Néstor Kirchner. Ya lo experimentó con copamientos y destrozos en la Plaza de Mayo hace pocos días.
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