1 de octubre 2003 - 00:00

Espías espiados

Un cable de Estados Unidos informó que un funcionario del gobierno de George Bush, en represalia, divulgó el nombre de un espía de la CIA. Hasta el Congreso norteamericano interviene porque es delito federal revelar la identidad de un espía (si es propio, desde ya). Es comprensible el celo por la responsabilidad mundial de la primera potencia. No es tan importante en la Argentina. Aquí varían los titulares de la SIDE casi como los entrenadores de los clubes de fútbol que pierden. ¿Qué secreto, de espía o de lo que fuere, puede haber así? No gravitaremos en el mundo pero la seguridad interior es importante en la Argentina. Que lo digan, si no, los atentados contra la AMIA y la Embajada de Israel. Pero todo nos tiene sin cuidado porque sólo nos movemos siendo «hijos y nietos de desaparecidos», como dijo el presidente Kirchner en la ONU. Por tanto, para que no haya ninguna información sobre subversión y aunque estemos en paz intrafronteras, por las dudas... Pero ¡cuidado! destruyamos para siempre la represión sangrienta y la subversión pero no ignoremos que hay colectividades y otros intereses nacionales involucrados como para prescindir de espías y de una secreta inteligencia del Estado.

Aquí es tan payasesco lo nuestro que inclusive el FBI norteamericano un día rompió relaciones con nuestra SIDE porque aquí los «espías» domésticos ¡hasta salían fotografiados en los diarios! Peor aún: se cuenta que uno de los políticos que ingresó en la SIDE pidió los archivos de miembros del extremismo de Quebracho. Para sorpresa de los permanentes, terminó convocándolos y contratando a algunos como grupo de choque callejero.

En EE.UU. se preservó siempre de los sucesivos gobiernos el imprescindible espionaje. Edgar Hoover estuvo 48 años -calcúlese la cantidad de presidentes-al frente del FBI con sus variantes.

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