El teniente coronel del Ejército retirado Ollanta Humala asumió como presidente del Perú para el período 2011-2016, en una ceremonia con momentos de confrontación a la que asistieron 12 jefes de Estado invitados, entre ellos Cristina de Kirchner, pero estuvo ausente el mandatario saliente Alan García.
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Los problemas comenzaron cuando Humala, sorpresivamente, mencionó la Constitución de 1979 en su juramento, lo que se consideró un ataque a la vigente de 1993 y desató la protesta a gritos de los legisladores del partido derechista Fuerza 2011, cuyo líder, el expresidente Alberto Fujimori, es el artífice de la Carta actual.
Las cosas empeoraron después cuando la primera vicepresidenta, Marisol Espinoza, y el segundo vicepresidente, Omar Chehade, también hicieron mención a la antigua Carta en sus respectivos juramentos.
Los ánimos se calmaron de alguna manera con el discurso, en el que el mandatario se mostró conciliador. Aún así, algunos fujimoristas no dejaron de gritar.
Posteriormente, al revisar las palabras del nuevo jefe de Estado, lo que se escucha es que juró defender el "orden constitucional" y después hizo referencia al reconocimiento del "espíritu y los valores de la Constitución de 1979".
"Es una provocación innecesaria pero no implica ninguna violación constitucional", afirmó el analista Jaime Pinto.
El discurso de posesión, de 49 minutos -bastante más breve de lo acostumbrado- no tuvo en su contenido mayores sorpresas. Humala se ratificó en sus planes de reividicación social y prometió la creación de un Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social que ejecutará las políticas sociales que ha tenido como bandera.
Empero, Humala planteó una economía social de mercado que, a grandes rasgos, incluye una no ruptura con los principios liberales vigentes en el sector. En ese mismo, se comprometió con un modelo aperturista, en contraste con lo que pensaba meses atrás.
El nuevo mandatario hizo mucho énfasis en la lucha contra la corrupción, y anunció medidas más radicales en ese aspecto, y prometió enfrentar frontalmente al narcotráfico, incluida la producción de coca, lo que también confirmó un viraje, pues en sus primeros tiempos como político era un defensor de la hoja.
"Fue un mensaje conciliador y adecuado", dijo el analista Ricardo Vásquez Kauze. En general se coincidió en que el discurso confirmó al Humala de la segunda vuelta y los últimos tiempos, y siguió echándole tierra al líder nacionalista radical de otros tiempos.
Humala, de 49 años, quien salió de su casa de clase media en el distrito limeño Santiago de Surco, no sin antes cumplir con su rutinario trote matinal por las calles, inició la ceremonia con un saludo a su familia y envío de besos volados a sus padres, esposa e hijos.
Para Vásquez Kauze, con Humala se recuperó desde el comienzo un estilo sencillo y popular, distinto al "afrancesado" de García.
García fue justamente el gran ausente. El ahora expresidente se abstuvo de ir al Congreso, por el fantasma de lo que le pasó en 1990, cuando, al terminar su primer período y participar en la posesión de Alberto Fujimori, fue insultado por los parlamentarios, que luego abandonaron el recinto.
Para analistas, el gesto del expresidente, quien se limitó a enviar la banda presidencial con un emisario, fue una especie de desaire innecesario con su sucesor.
Los presidentes de Argentina, Cristina de Kirchner; Bolivia, Evo Morales; Brasil, Dilma Rousseff; Chile, Sebastián Piñera; Colombia, Juan Manuel Santos; Ecuador, Rafael Correa; Georgia, Mijail Saakashvili; Guatemala, Álvaro Colom; Honduras, Porfirio Lobo; Panamá, Ricardo Martinelli; Surinam, Desi Bouterse, y Uruguay, José Mujica, estuvieron presentes en la posesión.
También asistieron el príncipe Felipe de España, el vicepresidente cubano José Ramón Machado, la primera dama de México, Margarita Zavala; el secretario de la Organización de Estados Americanos, José Miguel Insulza, y delegaciones oficiales de numerosos países.
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