Macri y Aníbal Ibarra padecen por estas horas una misma duda, producto del cuarto oscuro que derrotó a uno y legó al otro un mandato extra. Ese pesar está puesto en la próxima Legislatura porteña que se integrará el 10 de diciembre venidero. Allí Ibarra cuenta 21 legisladores que fueron electos de tres listas atadas a su fórmula, mientras Macri suma 23, resultado de cuatro listas que lo portaron como candidato a jefe de Gobierno. ¿A quién le durará más el eventual bloque unificado que planifican? apuestan el reelecto y el ex postulante, quien hoy tomará distancias de las peleas domésticas de sus grupos con un viaje de descanso. Ese lapso al que intentan aventurarle un tiempo exacto, saben, se mide en días. Tal vez en horas.
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Por eso Ibarra y Macri, con disímiles intenciones a futuro, consideran que la conducción de esas bancadas y los cargos de relevancia en la Legislatura son estratégicos al momento del reparto, que el jefe de Gobierno incluye como parte del organigrama de su nuevo gabinete.
Así en el ibarrismo ganaba ayer chances el socialista Norberto La Porta para asumir como vicepresidente primero de la Legislatura porteña -cargo que lo faculta a todo el gerenciamiento de la casa con un presupuesto de cerca de $ 56 millones- tras la convulsión que vive el desarmado Frente Grande -ex Frepaso-. Perdía forma en cambio la posibilidad de que Ariel Schifrin, ex ibarrista de la primera hora, fuera votado para ese puesto que por cierto Ibarra habría prometido a socialistas y también decaía la idea de un tercero, Jorge Giorno, sea el propuesto desde el palacio municipal. Esa estrategia, o cualquier otra, excluye a los acólitos de Miguel Bonasso, los que suman a Fuerza Porteña en la cuenta pero tendrían subloque propio.
• Sepultura
Los ibarristas que ganaron su reelección con la lista propia de Fuerza Porteña, creen que nominar a un aliado como Giorno -Partido de la Ciudad-termina de sepultar a su propio partido y de irritar a la tropa de Elisa Carrió --castigada igual que el FG por la dispersión de boletas-. Otros consideran que Ibarra está decidido a fortalecer una nueva conformación política y que en ese esquema, Giorno sería el nuevo conductor legislativo.
Se opone Schifrin, quien también tiene aspiraciones de ocupar el puesto desde el cual Ibarra consagró su primera campaña a jefe porteño, pero las relaciones de ese ex legislador que ahora renueva banca tanto con el Ejecutivo como con su pares, no le brindarían los votos, más cuando transita del ibarrismo al kirchnerismo. Incluso su puesto actual de responsable de descentralización en el gobierno, pasaría a manos de Héctor Capaccioli, amigo y ex compañero de colegio de Alberto Fernández -jefe de gabinete de Kirchner-.
Igual que Ibarra, Macri piensa en aceptar que la conducción de su bancada unificada de 23 legisladores -primera minoría en el recintola ejerza un aliado electoral no peronista como Santiago de Estrada, en un acuerdo interno del bloque que daría a Jorge Mercado --otro aliado electoral-la vicepresidencia segunda de la Legislatura.
• Cuatro boletas
El bloque macrista se conformará con la suma de legisladores de las cuatro boletas diferentes que llevó el ingeniero al cuarto oscuro. Esa cuenta, que totaliza 23 butacas en el recinto, da como resultado que, lo que se dice macristas puros, habrá apenas tres, de la lista Compromiso para el Cambio que obtuvo en total 7 legisladores. Se agregan 8 del llamado «tren de la esperanza», en su mayoría peronistas, 5 de Movimiento Generacional de Jorge Mercado, también de mayoría peronistas y tres de la Alianza de Centro de Juan Carlos Lynch.
La apuesta sobre cuánto durará ese bloque unificado dentro del recinto no es casual cuando ya se especula con que el PJ repetiría la historia que protagonizó en la actual Legislatura: entrar por distintas puertas y terminar armando una bancada propia que supere en número a las existentes, desarmando aquellas listas que portaron a los peronistas hasta el Palacio de Perú 130. En esa Legislatura que debutará el 10 de diciembre, la comunión de peronistas -que en conjunto superan la docenadependerá además de la orientación que defina ese eventual bloque. Una posibilidad es abroquelarse con el PJ y aliados para simular una bancada kirchnerista que respondiera al gobierno. Otra es, como existe hoy, el armado de un bloque con el sello partidario pero con integrantes que comulgan credos tan distantes como los de Ibarra y Macri, expresados en sus alineamientos en la última votación porteña.
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