9 de octubre 2003 - 00:00

Impecable Moliné pero el Senado lo suspendía anoche

Eduardo Moliné O'Connor desplegó ayer una defensa impecable ante los senadores que lo juzgan (foto). No obstante, el cuerpo resolvió suspender en sus funciones al ministro. Hubo una polémica en el recinto, ya sin el acusado, sobre la constitucionalidad de la medida (rechazada por los más sensatos) que no pasó a mayores. En su alegato, Moliné denunció «discriminación» porque se lo acusa con argumentos endebles, como los fallos sobre los casos Macri, Meller y Magariños, que también firmaron otros ministros de la Corte. «¿Acaso estamos en el Egipto de los faraones o en la Roma de los emperadores, que bajaban o subían el pulgar?», reflexionó en una de los pasajes de su discurso. «Desde 1990 hasta diciembre de 2002 firmé 170 mil causas y me señalan por 3», se quejó. Además de apreciaciones jurídicas, se permitió intercalar consideraciones políticas. «¿Cómo se imaginan que ven en el exterior que se ataque a la Corte en la Argentina?», subrayó. Reivindicó el papel del máximo tribunal durante la crisis de 2001-2002, cuando «los ahorristas querían romper los bancos». «El Poder Judicial garantizó el derecho de propiedad y permitió una salida», memoró. Al final hubo aplausos, pese al disgusto de Cristina de Kirchner.

Impecable Moliné pero el Senado lo suspendía anoche
El Senado aprobó anoche la suspensión en sus funciones con el voto en contra de radicales y provinciales, de Eduardo Moliné O'Connor, tras haber escuchado en vivo y en directo el alegato del ministro de la Corte en la etapa final del juicio político. Si bien la decisión de suspenderlo ya había sido tomada con anticipación, votarla favorablemente debe haber resultado más difícil para los legisladores -salvo excepciones-, después de la impecable defensa del juez supremo.

Cristina Fernández de Kirchner
llevó la voz cantante, como es habitual. Aprovechó para sacar de contexto una apreciación de Moliné sobre su situación: «Estoy pasmado por el juicio político; pintado de alquitrán», había admitido el ministro judicial.

Con tono retórico, la titular de Asuntos Constitucionales preguntó: «¿Puede en este estado de ánimo dar garantías a los ciudadanos que acuden a la Corte?». Obvió la inconstitucionalidad de la medida que denunció la defensa y, por cierto, gran parte de la doctrina. Así avanzó con lo planeado en el bloque PJ.

Además de manejar la deliberación, fuera dando directivas en el cuarto intermedio a Miguel Angel Pichetto y compañía, o explicándole a Daniel Scioli o a sus colegas senadores la aplicación del reglamento en plena sesión, el jefe de la bancada pidió a viva voz que el cierre de los discursos quedara reservado para la primera dama.

Quienes reclamaron la suspensión, los diputados Ricardo Falú, Carlos Iparraguirre y Nilda Garré (siempre con algún detalle o vestimenta rojos -en este caso, una llamativa blusa-), siguieron la sesión desde una improvisada platea, a un costado de la presidencia del cuerpo. Por supuesto, se entusiasmaron con las intervenciones de Cristina de Kirchner.

Para comenzar, se rechazaron -como era previsible- los reclamos de nulidad e inconstitucionalidad de los patrocinantes de Moliné, y la recusación de José Luis Gioja, a quien se le atribuye haber declarado que «a Moliné hay que suspenderlo porque nos tuvo agarrados de las bolas con el corralito» (sic). La frase, que nunca pudo haber sido pronunciada en un reportaje por Gioja, fue desmentida por el propio sanjuanino.

• Embate

No fue el único momento de tensión que enfrentó el flamante gobernador electo. Apenas reemplazó a Scioli en la conducción, sufrió el embate de Eduardo Menem cuando se clausuró la papeleta de oradores. «Esto no es juego limpio», despotricó el riojano. «Me cambiaron de lugar en la lista de oradores, así que le pido que me anote en el lugar en que yo estaba», continuó. «No, no...», trató de calmarlo Gioja. «Usted lo está manejando parcialmente, señor presidente», golpeó Eduardo Menem. «Yo estoy procediendo con la misma imparcialidad de siempre», lo cortó el hombre de San Juan.

El correntino
Angel Pardo encabezó la lista de peronistas que se pronunciaron contra la suspensión. «Este cuerpo se tomó un año y medio para suspender a Hernán Bernasconi, el juez del caso Coppola, a pesar de la presión mediática», trazó un paralelismo sobre la celeridad de la embestida contra Moliné.

«Este debate, tal cual adelantó la defensa, va a ser llevado en video a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, vamos a aparecer allí violando derechos constitucionales»,
concluyó Pardo que consideró inconstitucional la suspensión de ministros de la Corte.

Su comprovinciano
Lázaro Chiappe dio una visión original al referirse a la supuesta analogía del poder de suspender a jueces menores que se le asigna al Consejo de la Magistratura, según la reforma del '94, aplicable al proceso contra el máximo tribunal.

Señaló que esa facultad no pertenece al jury de enjuiciamiento que actúa como tribunal de sentencia.
«La instancia acusatoria en el juicio político tramitado en el Congreso Nacional es competencia de Diputados y no del Senado», continuó Chiappe. «En buen romance, significa que, si se quiere hacer una analogía, de dudosa hermenéutica jurídica, podría a lo sumo asignarse a la Cámara baja» la posibilidad de suspender.

El salteño renovador
Ricardo Gómez Diez insistió en que «la Constitución no establece la suspensión de jueces de la Corte... En nuestra historia, no hay antecedente de suspensión de magistrados del máximo tribunal, ni siquiera en el enjuiciamiento de 1946, cuando el Senado no atendió el pedido de los diputados para que se los suspendiera».

El radical
Rodolfo Terragno se inclinó por reivindicar la facultad de suspender, aunque puso como condición que se hiciera con el voto de 2/3 de los presentes, mayoría necesaria para nombrar y remover magistrados, también exigida por Gregorio Badeni en su presentación. La Kirchner siempre sostuvo que basta con mayoría simple de manos en alto.

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