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18 de octubre 2026 - 00:00

Javier Milei, entre los gobernadores y la tropa propia: las tensiones que complican el armado de 2027

La disputa por las PASO expone las diferencias dentro del oficialismo sobre cómo enfrentar a los mandatarios provinciales. Martín Menem, Santilli y Bullrich, con estrategias distintas. Los favores legislativos, la negociación del Presupuesto y las aspiraciones de los libertarios territoriales. Mensajes cruzados en el Gobierno, incluso sobre China.

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Los mandatarios le evitaron una derrota al Gobierno al no dar quorum el jueves, que hubiese significado un retroceso en su programa económico.

“¿Qué pasa si mañana Milei dice: ‘No vamos a competir en ninguna provincia’? ¿Quién se va a quejar?”, un dirigente de La Libertad Avanza ponía sobre la mesa una de las tensiones que atraviesan al oficialismo por estos días, y que es, de algún modo, un revival de 2025, aunque con otros condimentos.

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La reforma política, con la suspensión de las PASO como aspecto central, es acaso la cuestión más relevante que queda por delante en el año político. Y el tablero incluye no solo la fantasía de un peronismo dividido, sino también una negociación con los gobernadores, que mayoritariamente adelantarán sus comicios para desenganchar la suerte del pago chico de la contienda nacional. También a los libertarios territoriales, que miran con atención cómo sus aspiraciones pueden hacerse polvo si la negociación por arriba incluye deponer las banderas en las provincias.

La pregunta inicial deja al descubierto la pulseada entre los defensores de la tesis de jugar a fondo en todos los distritos, aun a riesgo de herir a los mandatarios aliados, y quienes prefieren ceder terreno por una causa mayor: acompañamiento en el Congreso y en la aventura reeleccionista de Milei. El dirigente libertario, que mira una posible candidatura en su provincia, sabe que entre las filas violetas no abundan cuadros ilustres y que los soldados propios con chances reales de acceder a una gobernación son contados. “Sobran los dedos de una mano”, dice.

Da un ejemplo: entre los dispuestos a dar pelea aparece Bartolomé Abdala, presidente provisional del Senado, que tiene aspiraciones en San Luis. Sin embargo, en el propio oficialismo relativizan sus posibilidades. Recuerdan que, así como en 2023 Abdala se alejó del PRO porque no había sido elegido para competir por la gobernación, ahora podría encontrarse con un escenario similar. La diferencia es que Milei ya habría cerrado un entendimiento con Claudio Poggi, el actual mandatario provincial.

Esos deseos chocan las palabras de Martín Menem, quien días atrás en un acto con militantes en la localidad de Tigre, aseguró que LLA competirá en todos lados. Las palabras tuvieron rebote interno. Y es que en Casa Rosada advertían allí una de las inconsistencias del discurso oficial: mientras Diego Santilli congrega a los gobernadores con una canción, en otros foros se toca otra. Todos tienen sus reparos o atenuantes. Respecto a los dichos de Menem, su sector les bajó el tono y pidió ponerlos en contexto: el de un mitín con militantes. “¿Qué les va a decir a concejales, gerentes de ANSES, militantes de barrio? ¿Que se olviden de todo porque los van a correr? Era un acto cerrado, y dio una arenga lógica, no entendemos por qué tomó esa relevancia”.

Las críticas puertas adentro también apuntan a los profetas de las alianzas. “Está muy bien que Santilli se junte con los gobernadores para negociar los votos en el Senado. Se juntó hoy con Orrego (gobernador de San Juan), pero se podría haber juntado con mi tía Marta. Los dos son buenas personas y ninguno de los dos tiene senadores”, espetaban el jueves quienes miran con recelo los acuerdos con los jefes provinciales. En especial porque intuyen un escenario de balotaje en 2027, donde, por deporte, los gobernadores tenderán a la traición. “Una vez cerrada la discusión en octubre por diputados y senadores, en noviembre no van a mover un dedo. Pero es lo normal: lo mismo le hicieron los intendentes peronistas a Kicillof el año pasado”, señalaban.

Ya se han analizado las conveniencias e inconveniencias que tendría para Milei suspender las PASO. Pero las pujas subterráneas revelan un problema adicional: en términos políticos, LLA sufre un drama similar al resto de las fuerzas. Corrido el Presidente de ese barro —concentrado en la agenda económica y en su imagen global—, la política tiene múltiples interlocutores, en muchos casos con mensajes diferentes, que generan contradicciones y dolores de cabeza. La crisis de liderazgo del peronismo y de otras fuerzas como el PRO, que lleva a que buena parte de sus dirigentes no actúen en función de lineamientos verticales, tiene en el oficialismo su propia versión. Aunque con una diferencia sustancial: Milei conserva una centralidad que sus adversarios no tienen, pero eso no garantiza que quienes negocian en su nombre compartan una misma estrategia.

Un senador del oficialismo, en ese sentido, se preguntaba: “¿Quién junta los votos? ¿Bullrich, Karina, Menem, Santilli? En realidad, todos y ninguno”, analizaba. Quienes conocen la dinámica del Senado descartan una intervención de Karina Milei sobre el bloque de la Cámara alta, como se deslizó tiempo atrás. Pero al mismo tiempo tampoco amplifican las versiones sobre los supuestos superpoderes que se le atribuyen a Patricia Bullrich en el arte de convencer aliados.

La dispersión también alcanza al discurso oficial. Por caso, si hubo una discrepancia que llamó la atención esta semana fue la que involucró a los Caputo. Mientras Luis, el ministro, aseguraba a inversores en Bangkok que podría usar el swap de monedas con China si el programa financiero sufría turbulencias, el asesor Santiago declaraba que los autos chinos podrían ser un riesgo para la seguridad nacional por su potencial capacidad de transmitir información sensible desde estas pampas a Beijing o Shángai.

El contrasentido no solo emerge por las facilidades a la importación de automóviles, incluso sin aranceles, que ha dado el Gobierno a las marcas chinas, sino por otro asunto más sensible. En Hacienda recordaban esta semana que la administración de Xi Jinping había amenazado meses atrás con cortar el swap cuando el tuitero convertido en funcionario público Juan Pablo Carreira había responsabilizado al Partido Comunista de China por la tragedia en el Tíbet, donde colapsó una represa con un saldo de miles de fallecidos y desaparecidos. A la dura respuesta de la embajada, que llamó a un “cambio de actitud” y a poner fin a las “especulaciones malintencionadas”, se sumaron gestiones diplomáticas reservadas en las que el swap por unos u$s19.000 millones fue puesto sobre la mesa. Hay carriles que deberían ir de la mano, pero que en LLA marcha por su cuenta.

Los gobernadores, entre los favores y las urnas

Los gobernadores miran con atención y tratan de entender las vicisitudes del mileísmo, en medio de una paradoja que quedó en evidencia esta semana: los mandatarios tienen hoy más capacidad de incidir sobre determinados acuerdos en Diputados que en el Senado, donde el oficialismo construyó una arquitectura propia de negociación.

Como sea, dieron una muestra gratis de buena voluntad al hacer caer la sesión del jueves pasado, cuando la oposición más dura mostró los dientes para intentar voltear el DNU 70/23, bajo la excusa de reponer la ley de Tierras. La discusión había vuelto al Congreso después de que la Corte Suprema dejara sin efecto, por una cuestión procesal, la decisión judicial que frenaba su derogación. Y luego, en otro malabar violeta, el mismo oficialismo incluyó el retorno de esa norma del kirchnerismo en el texto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada que se deberá tratar en Diputados. Mejor no buscar demasiados principios en esa maniobra: la iniciativa había sido pensada para eliminar las barreras a la compra de tierras por parte de extranjeros, pero ahora contempla restablecerlas. Nacionalismos, clima electoral, social y un sinfín de agua que corrió bajo el puente en pocos meses.

Más allá de esos detalles, los mandatarios le evitaron una derrota al Gobierno que hubiese significado un retroceso en su programa económico, ya que el DNU 70/23 retoca más de 300 normas con espíritu desregulador. Pero, sobre todo, hubiese mostrado una administración endeble; incluso riesgos para la gobernabilidad. Prestaron favores hasta mandatarios no tan amigables, como el santafesino Maximiliano Pullaro o el fueguino Gustavo Melella, este último integrante del scrum peronista.

En las provincias miran esa arquitectura y buscan ganar tiempo. Nadie sabe a ciencia cierta cuál será la situación de Milei y del Gobierno al momento de cerrar alianzas y candidaturas en 2027. Pero, en el ínterin, piden. A las garantías electorales en sus distritos añaden reclamos por partidas y obras, que se deberán reflejar en la otra gran batalla legislativa que queda este año: el Presupuesto. Los favores de hoy, en definitiva, no son gratuitos.

Un numeroso elenco provincial participó el viernes en el encuentro de logística del Consejo Federal de Inversiones (CFI). Por el Gobierno estuvo el ministro Federico Sturzenegger, con quien los mandatarios no comulgan. Pero, en el marco de las diferencias internas, también asistió Diego Santilli, quien siguió la disertación del funcionario con una expresión elocuente. Acaso un guiño a los gobernadores. El cónclave fue también escenario de diálogos cruzados, con mandatarios de todos los colores intentando colar sus demandas.

Santilli siguió con gestos de hastío la disertación de Sturzenegger.

Muchos de ellos partieron raudos del evento. “Quedamos muy expuestos el jueves”, decía uno, en relación con su colaboración para que no hubiera quórum en Diputados. Un hecho que tuvo más potencia simbólica por haber coincidido con la marcha universitaria, expresión de uno de los reclamos más transversales contra la gestión libertaria: el financiamiento de la educación.

Otros mandatarios se mostraron más activos. Incluso, tras bambalinas, el salteño Gustavo Sáenz, ya alejado del PJ, pedía no seguir incorporando incisos a los pliegos de la privatización del Belgrano Cargas. “Si seguimos agregando cosas, no sale más”, le reclamaba a Santilli. Tiempos de pedir e intentar llevarse algo para el terruño. También de medir hasta dónde conviene incomodar a un Gobierno al que necesitan para obtener recursos, pero del que buscan diferenciarse ante sus propios electorados.

Los contrapuntos también llevan a otros gobernadores a tomar distancia. Entre los más críticos aparece Martín Llaryora. El cordobés cree que el libertario Gabriel Bornoroni está dispuesto a disputarle la provincia, en línea con la tesis de Bullrich, que propone una salida intermedia: “Donde se puede ganar o gobierna un peronista, jugar a fondo. Donde no se puede ganar, dejar pasar. Donde se puede complicar a un aliado, negociar”.

Llaryora, que tuvo momentos de mayor cercanía con Milei, también recibe presiones en Córdoba, donde dirigentes de su espacio le piden abandonar la quimera de un armado de tercera vía y competir a nivel nacional dentro del peronismo. Con o sin PASO.

El problema para los gobernadores es que todavía no saben con cuál de las distintas estrategias libertarias deberán negociar. Y para los libertarios provinciales, si finalmente tendrán permiso para competir.

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