6 de octubre 2003 - 00:00

Kirchner no delega el armado de nueva cúpula en la Federal

El modelo policial que operó en el país en las últimas dos décadas enfrenta por estas horas una crisis estructural sin precedentes. Las dos policías más grandes, la Federal y la Bonaerense, están actualmente sin jefe y con sus cúpulas diezmadas. Al relevo, el jueves pasado, del mandamás de la Federal, Roberto Giacomino, y del responsable de la Superintendencia de Bienestar Social, Raúl Pigretti, se sumó el viernes último una purga en la provincia que alcanzó al segundo y tercero en la línea de conducción de la Bonaerense. Con eso, de 24 de los cargos más «pesados» de ambas policías, 5 están vacantes, incluidas las jefaturas de las dos fuerzas. Es una mirada trágica, pero esa situación supone que hay un ejército de 75 mil efectivos -30 de la Federal y 45 de la Bonaerense- con conducción «acéfala».

Luego de relevar al jefe de la Policía Federal, Roberto Giacomino, el ministro de Justicia y Seguridad, Gustavo Béliz, anunciará en las próximas horas otra depuración que alcanzaría a uniformados de varios rangos pero que inevitablemente impactará en la actual cúpula de la fuerza.

Aquella expulsión y esta amenaza sometieron a la Federal -un ejército de 30 mil efectivos- a un estado de incertidumbre que se extenderá, según estiman los uniformados, hasta tanto se conozca el alcance de la nueva purga y se defina el reemplazo del jefe expulsado.

Pero la duda radica en cuánto tiempo demandarán ambos movimientos.

Cuando el jueves pasado, Béliz formalizó la baja de Giacomino, anunció que la designación de quien ocupará la jefatura le llevaría al menos una semana.

Pero, en paralelo, activó una investigación interna para detectar posibles ramificaciones de la irregularidad que se imputa al comisario relevado.

Por eso, el proceso de selección de la nueva conducción sería más engorroso que lo que anticipó el ministro. Ayer, fuentes de esa cartera, aseguraron que «todavía falta ver a quiénes alcanza la purga» y, encima, después habrá que unificar criterios sobre el futuro jefe.

Ese es un punto delicado: en presidencia dicen que
Néstor Kirchner tendrá una influencia directa por lo que la decisión no quedará solamente en manos de Béliz y del secretario de Seguridad, Norberto Quantín.

Al margen, cualquier movimiento tendrá
un efecto dominó. Nominar a un comisario mayor forzaría, por caso, a la baja de todos los comisarios generales y a su vez a recurrir a uniformados de menor rango, menos expuestos ante la opinión pública.

Tras la eyección de Giacomino, la jefatura de la Federal quedó vacante y la coordinación operativa de la fuerza recayó, interinamente, en el subjefe, Eduardo Prados.

Además quedó descabezada la Superintendencia de Bienestar Social, que ocupaba
Raúl Pigretti. Esa área integra, junto a otros 12 oficinas, la cúpula de la Federal.

El resto, según lo que hizo trascender
Béliz, pende de un hilo, lo que genera incertidumbre en la fuerza y, según alertan los uniformados, altera su desempeño.

«Si se va a realizar otro descabezamiento que lo hagan ya. No es tan difícil: acá adentro todos sabemos quién es quién»
, confió ayer un comisario, conocedor de los entretelones del armado político.

Sin
Giacomino ni Pigretti, la Federal queda en manos del grupo de jefes que manejan las superintendencias más sensibles: el comisario mayor Denis Silva en Seguridad Metropolitana (abarca Capital), el comisario general Carlos Gandulfo en Administración (presupuesto) y el comisario mayor Norberto Ramis en Investigaciones.

A ésos se agregan el comisario mayor
Daniel Carusso, de Drogas Peligrosas, y el comisario general, Jorge Bertolini, de Asuntos Internos. Además Jorge Palacios, a cargo de la DUIA, área que depende directamente de la jefatura, investiga el capítulo terrorismo y delitos complejos.

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