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Chávez oficiaría de «bolivariano» y Kirchner de «sanmartiniano», sin que por eso el encuentro disminuya a ninguno de los dos, como sucedió con la entrevista original, al cabo de la cual San Martín se retiró de la escena sudamericana.
Sin embargo, el 17 al que apuesta el oficialismo de la Casa Rosada no es solamente el de agosto. El afán de Kirchner y su núcleo íntimo está puesto en el 17 de octubre. Ese día, si a Aníbal Ibarra ya le fue bien en la Capital (14 de setiembre), la «juventud maravillosa» piensa regresar a la Plaza de Mayo, de la que fue expulsada por Juan Perón hace casi 30 años.
Sucede que Kirchner quiere que le organicen su propio 17 de Octubre, que sueña como un cabildo abierto en el cual recibir una delegación de poder imaginaria que le permitiría resistir la presión de las «corporaciones», «los de allá» o «los que todavía no aprendieron a conjugar el verbo cambiar», todas denominaciones para designar al «enemigo». Así se va disponiendo la escena en el programa oficial.
Para movilizar a la multitud, imprescindible para cualquier 17 de octubre, los colaboradores más estrechos del Presidente ya tendieron las redes. Alicia Kirchner y su equipo tomaron contacto con los piqueteros más razonables, cuyas necesidades solventan con acción social. Por algo se quejó Alberto Ballestrini de los paseos de la hermana presidencial por La Matanza.
Aníbal Fernández, Oscar Parrilli, SergioAcevedo y José Salvini, por su parte, anudan otras adhesiones: van desde Raúl Castells y gremios suburbanos hasta agrupaciones de izquierda, como Quebracho, en cuyo seno sobreviven muchos de los expulsados de Perón.
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