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22 de enero 2004 - 00:00

La pena por un error evitable

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El manejo del gobierno para este caso -que nos perdone el Presidente-revela simplismo y un enfoque económico-financiero casi de entrecasa. Ante la realidad de recaudar más, y siendo notorio que se iba a superar con facilidad la meta del Fondo, se impuso un criterio doméstico. Quizás ese pecado tenga que ver con que no es lo mismo administrar una provincia de 200.000 habitantes que un país de 36 millones de personas. Se dijo algo así como:

1) Vamos a recaudar este año unos $ 11.600 millones más sobre el gasto presupuestado, pero el Fondo nos exigió sólo $ 7.800 millones (y aún dudaba de que eso se pudiera cumplir porque representaba 2,1% del PBI, que más el superávit de las provincias, 0,40%, permitía llegar a 2,5% total). ¿Qué vamos a hacer con los casi $ 4.000 millones que nos sobran? Pues gastémolos internamente, porque si no el año que viene (2004) el Fondo nos va a exigir más superávit, tomando en cuenta este resultado excepcional. 2) Dejemos una pequeña suma sobre lo que exige (resguardaron sólo $ 890 millones) y el resto lo gastamos. Contentamos a la gente y satisfacemos necesidades sociales pendientes (lo que Kirchner llama «deuda interna»). Además, ganamos popularidad al repartir, algo que necesitamos por ser un gobierno que recién se inicia y subió con apenas 22% de los votos y dependiendo del duhaldismo.

¿Puede ser criticado el razonamiento sobre cómo usar el sorpresivo excedente logrado vía el despertar consumista de China, más impuestos especiales, como las retenciones al agro, y distorsivos, como el del cheque? No es mal razonamiento, menos aún decir que no hay necesidades de justicia social. Pero -que nos vuelva a disculpar el Presidente, porque a gobernar también se aprende-es lo dicho: un análisis de entrecasa. No de estadistas, por lo cual, al final, se perjudica al país. Y esto es lo que hay que cuidar.

Veamos por qué actuó mal el gobierno con tanta plata no comprometida en sus manos. En primer lugar, diciendo «gastemos el superávit excedente» para que no aparezca tan abultado al cierre del año no se engaña a los directivos del Fondo, que tienen una delegación permanente de expertos en la Argentina -la encabeza John Dodsworth-chequeando día a día el avance de las cuentas públicas nacionales. O sea, no ignoraban el mayor superávit que se iba acumulando sobre la meta prevista.

En segundo lugar, cuando falta visión de estadista se observan las cuentas de «entradas» y «salidas» (se las llevan diariamente al presidente de la Nación) pero no se ve -o no debidamente y con conocimiento el panorama de los mercados nacionales e internacionales. Si se hubiera hecho esto -y si Roberto Lavagna no fuera sólo un ministro «alarguero» de problemas y castigador de acreedores privados-, el accionar habría sido otro, más útil para el gobierno y el país. Agreguemos que agrandó el error del uso dado al superávit excedente esa fobia anacrónica que el centroizquierda no aggiornado tiene a los mercados, sus cotizaciones y tendencias, que a veces ni conocen.

Si los hubieran observado pudieron haber tenido curiosidad y puesto toda su atención en estos aspectos decisivos: 1) hay exceso de liquidez internacional y capitales ávidos de ir adónde les ofrezcan alguna rentabilidad, sobre todo fuera de Estados Unidos, mientras la Reserva Federal mantenga tasas tan deprimidas; 2) los títulos argentinos no defaulteados tienen buena demanda interna y externa (el BOCON PRO12, por caso, en 4 meses y medio dio ganancias de 51,3% en dólares y el PRE8 en ese lapso tuvo una suba de 37%, también en dólares -





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