¿Qué se escuchaba entre los enardecidos duhaldistas? Primero, cierta decepción con la estrategia del jefe bonaerense, casi excedido -para muchos-en pedir cautela y prudencia con el gobierno, mientras para sí se reserva tiempo, lo pierde y pasea por los spa (ayer viajaba a Montevideo luego de l5 días en el Caribe).
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En cuanto a las airadas protestas contra Gustavo Béliz («mequetrefe», «insolente», «traidor»), nadie ignoraba que tras esas quejas se escondía un reproche al propio Presidente. ¿Acaso, cuando contaron los votos que les dimos para llegar a la Rosada, se preguntaban si había concupiscencia entre la política y la Policía corrupta en la provincia de Buenos Aires? ¿O Béliz no es ministro gracias a esa contribución bonaerense que denuncia? ¿O 22 por ciento con el que se le ganó a Menem era de los santacruceños?
Más que preguntas, disparos, ya que para muchos de los presentes el gobierno es oportunista, cambia de actitud, no agradece y en cuanto baja en las encuestas o entra en aprietos, lo primero que hace es agraviar a quienes le dieron de comer. «Están tirando la cuerda demasiado fuerte», coincidían frente a un proceso de difícil predicción.
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