¿Le espera a Béliz un extraño premio?
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La profusión de datos felices -anteayer Norberto Quantín aportó su cuota ante los diputados diciendo que el delito bajó 5 por ciento en Capital-apunta a anestesiar a la opinión pública y bendecir a Béliz. Esto a pesar que las bondades del ministro sean escasas. Hasta se lo acusó de haber «clonado» su plan de seguridad metropolitano de un paper que Solá, pensando en un shock antidelito, le mostró a Kirchner y que éste desechó. Horas después Béliz presentó un plan en exceso parecido.
• Sin teléfono
Si el futuro de éste no se encuentra en la paz del Vaticano -destino para el cual quizá planificó su zigzagueante carrera política-, podrá sí disfrutar de otra paz: la que otorga no estar pendiente, atormentado, por el inquieto termómetro de la inseguridad.
En la agenda del gobierno está volver, como en los viejos tiempos, a derivar el área de Seguridad al Ministerio del Interior. El propio Béliz, como ministro de Carlos Menem, concentró en esa cartera el vínculo con las fuerzas federales y el servicio penitenciario.
• Capítulo odioso
Fue Eduardo Duhalde quien rompió esa tradición. Para premiar la lealtad de Juan José Alvarez, quien de Buenos Aires -adonde volvió paradójicamente hace unos días-saltó a funcionario de Adolfo Rodríguez Saá, Duhalde creó el MInisterio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos.
Luego llegó el turno de Kirchner que, en sus crípticas rondas en Santa Cruz, evaluó volver al viejo modelo. Pero quizá por resquemores hacia Fernández -a quien por entonces se veía como un delegado de Duhalde en el gobierno-el patagónico decidió no retocar la grilla.
Si Béliz acumula más tensiones con los uniformados, Fernández terminaría por absorber el manejo de ese capítulo odioso de la administración que, sin embargo, parece agradar al hombre de Quilmes a quien, cuando terminen las elecciones, se le vaciará el ministerio.
De hecho, en la transición Duhalde-Kirchner, Fernández se ilusionó con quedar a cargo de ésa. Quizá
Kirchner entendió que la parsimonia de Béliz ante el caos de la inseguridad -reproche que le arrima cada tanto Solá y no tardará de potenciar «Juanjo» Alvarez-esconde demasiados riesgos y peligros. Sabe que al final, las estadísticas endulzadas con sacarina sirven apenas para disimular.




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