3 de octubre 2003 - 00:00

¿Le espera a Béliz un extraño premio?

Las estadísticas dulces que Alberto Fernández derrama respecto a la -supuestabaja del delito en territorio porteño ofrecen la cortina de humo para asfaltar, sino la despedida de Gustavo Béliz del gabinete, al menos la entrega de la parte más áspera de su cartera, la seguridad.

El relevo, ayer, del jefe de la Policía Federal, Roberto Giacomino, es la coronación de una puesta en escena: con lo primero se dota a Béliz del rango de gestor eficiente; con lo segundo, se alimenta su imagen de impoluto perseguidor de « corruptos».

Cumplió con una tarea engorrosa pero que, en definitiva, le agrada: depurar a la cúpula uniformada de seguridad ya que con el castigo a Giacomino descabezó a los jefes de todas las fuerzas federales que había heredado del gobierno de Eduardo Duhalde.

Entonces, Kirchner prepara una ceremonia para darlea Béliz una salida elegante; aunque lo castigue escindiéndole el área de Seguridad, se dedica a elogiar sus últimos actos en una maniobra de preservación externa.

En definitiva, algo parecido hizo Felipe Solá con Juan Pablo Cafiero en Buenos Aires: esperó un instante de calma para darle una salida elegante. «Yo me hice cargo con tres degollados y lo dejo con un dedo cortado» dijo Cafiero (h) como en un spot de telecompras, esos del antes y después.

Es cierto: al asumir estalló un episodio con tres muertos en un auto y se fue dejando un narco secuestrado a quien le amputaron un dedo para enviar a la familia.

La profusión de datos felices -anteayer
Norberto Quantín aportó su cuota ante los diputados diciendo que el delito bajó 5 por ciento en Capital-apunta a anestesiar a la opinión pública y bendecir a Béliz. Esto a pesar que las bondades del ministro sean escasas. Hasta se lo acusó de haber «clonado» su plan de seguridad metropolitano de un paper que Solá, pensando en un shock antidelito, le mostró a Kirchner y que éste desechó. Horas después Béliz presentó un plan en exceso parecido.

• Sin teléfono

Si el futuro de éste no se encuentra en la paz del Vaticano -destino para el cual quizá planificó su zigzagueante carrera política-, podrá sí disfrutar de otra paz: la que otorga no estar pendiente, atormentado, por el inquieto termómetro de la inseguridad.

En la agenda del gobierno está volver, como en los viejos tiempos, a derivar el área de Seguridad al Ministerio del Interior. El propio Béliz, como ministro de
Carlos Menem, concentró en esa cartera el vínculo con las fuerzas federales y el servicio penitenciario.

• Capítulo odioso

Fue Eduardo Duhalde quien rompió esa tradición. Para premiar la lealtad de Juan José Alvarez, quien de Buenos Aires -adonde volvió paradójicamente hace unos días-saltó a funcionario de Adolfo Rodríguez Saá, Duhalde creó el MInisterio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos.

Luego llegó el turno de Kirchner que, en sus crípticas rondas en Santa Cruz, evaluó volver al viejo modelo. Pero quizá por resquemores hacia Fernández -a quien por entonces se veía como un delegado de Duhalde en el gobierno-el patagónico decidió no retocar la grilla.

Si Béliz acumula más tensiones con los uniformados, Fernández terminaría por absorber el manejo de
ese capítulo odioso de la administración que, sin embargo, parece agradar al hombre de Quilmes a quien, cuando terminen las elecciones, se le vaciará el ministerio.

De hecho, en la transición Duhalde-Kirchner, Fernández se ilusionó con quedar a cargo de ésa. Quizá

Kirchner entendió que la parsimonia de Béliz ante el caos de la inseguridad -reproche que le arrima cada tanto Solá y no tardará de potenciar «Juanjo» Alvarez-esconde demasiados riesgos y peligros. Sabe que al final, las estadísticas endulzadas con sacarina sirven apenas para disimular.

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