25 de julio 2003 - 00:00

Macri disputa a Ibarra voto de poderoso gremio municipal

Mauricio Macri, en la sede de su partido reunió ayer a un centenar de delegados del sindicato de municipales porteños.
Mauricio Macri, en la sede de su partido reunió ayer a un centenar de delegados del sindicato de municipales porteños.
El candidato a jefe porteño Mauricio Macri apuntó ayer su campaña hacia la captura del voto de los empleados estatales de Capital Federal, influyente en la Ciudad de Buenos Aires. Sobre esa materia, el postulante quiere desandar la idea de que lo privatizará todo y achicará el plantel, algo de lo que acusa a su rival Aníbal Ibarra de haber difundido con picardía. En esa cruzada, Macri prometió abrir concursos de 1.000 puestos en hospitales, si llegara a ganar la elección el 24 de agosto venidero y comunicó premios y castigos ante el poderoso gremio municipal de la Ciudad de Buenos Aires, que ocupa lugares estratégicos en el funcionamiento del estado porteño como la administración, áreas de salud y empleados de escuelas, que a su vez suman 220.000 aportes a la obra social sindical.

Macri
les aseguró a los empleados «respetar la carrera pública» y redobló con « volver a implantar el escalafón», una mecánica de ascensos que está congelada desde hace una década. Para esas facilidades, sin embargo el empresario argumentó la necesidad de reglamentar la ley de empleo. Esa norma se sancionó horas antes de que Aníbal Ibarra asumiera como jefe de Gobierno en el año 2000, en una megasesión, acelerada para que la nueva Legislatura donde la ex Alianza que llevó al frentista a consagrarse, perdía hegemonía, pero nunca se reglamentó para que pudiera ponerse en marcha. En aquel recinto además se terminó reconvirtiendo a la obra social sindical, ex IMOS que tenía una deuda millonaria.

Macri
también, en ese paseo de campaña de ayer, dijo que «no habrá contratos políticos» y pareció arrancar la voluntad de los gremialistas de poner en práctica la ley de empleo que establece entre otras cuestiones ingreso por concurso público abierto, algo que quizá hayan aplaudido ayer los sindicalistas, quienes seguramente habrán festejado también a Ibarra que recientemente incorporó a más de 3.000 empleados al staff permanente porteño. Agregó así el frentista una capa geológica más, que por cierto se habían eliminado, ya que gestión tras gestión cada intendente fue abultando el plantel permanente de empleados con nombramientos.

Un punto clave de esa ley de empleo en la Ciudad es que establece «un régimen de movilidad funcional que permita la mejor utilización de los recursos humanos, sobre la base del respeto a la dignidad personal de los trabajadores de la Ciudad, y en correlación con el empleo de métodos sistemáticos y permanentes de formación profesional», algo importante para poder cambiar de tareas cuando traba esa posibilidad la actual legislación.

El candidato a jefe de Gobierno, principal rival de Ibarra en su intento de reelección, se refirió a esos temas en asamblea de 128 delegados, que representan a trabajadores de 80 reparticiones y organismos de la Ciudad, nucleados en SUTECBA, un ala de la sociedad capitalina que llegado el caso complica cualquier gestión municipal.

Macri
los recibió en sus oficinas partidarias y allí insistió el titular de Boca Juniors con qué reforzar la «presencia del Estado» y en «recuperar el prestigio del empleo público, jerarquizar y capacitar al trabajador y asumir el compromiso de ser responsables y servidores», algo que gustó a los gremialistas que reniegan del mote «municipales».

Para más aplausos prometió «abandonar como sistema el acceso a empleos de la gente que viene de afuera, sin capacidad ni idoneidad, acomodada por la rosca política, el parentesco o el amiguismo».

En otro lenguaje, más de barrio, los sindicalistas pidieron que «los políticos, cuando se van de la función se lleven a sus 'ñoquis' y paguen los gastos que estos tipos han generado».

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