Menem y Suiza
-
Manuel Adorni recibió con un abrazo de Milei: contención mientras crece la polémica
-
El Gobierno expulsó al principal diplomático de Irán en Argentina y lo declaró persona no grata
2) No es difícil publicar notas pagas en «The New York Times». Tampoco es una anormalidad porque las «publinotas» también se cobran en diarios argentinos. Personalmente recuerdo por lo menos dos veces haber sido contratado y recibido honorarios por redactar notas que salieron con mi nombre en «The New York Times». La última, creo que de 1992, organizada por Oscar Fulle y que, entre otros que recuerdo, también firmaban Horacio Lachman y Martín Redrado. ¿Quién pagaba a los periodistas y a «The New York Times»? Sectores empresarios que necesitaban a firmas reconocidas en la Argentina para convencer a los norteamericanos de que invirtieran en el país.
Otra nota paga en «The New York Times», recuerdo, fue de la época de Raúl Alfonsín cuando, inspirado por su canciller Dante Caputo, quería reubicar a la Argentina en el «tercermundismo» con Bangladesh, Cuba, Zambia, etc. Escribíamos de acuerdo con nuestras conciencias que en la Argentina se cree en la libre empresa. Y cobrábamos. Y salíamos en «The New York Times».
La diferencia ahora es que nosotros salíamos en páginas interiores y la sorprendente nota de este corresponsal Larry Rother, que viaja desde San Pablo a Buenos Aires y entrevista a sectores de izquierda, sale publicada en la primera página del diario. Eso no es fácil.
¿No se enteró «The New York Times» de que era un tema viejo, obrante en expedientes judiciales y nunca comprobado? El rabino Sergio Bergman de Memoria Activa acaba de reafirmarle a la revista «Veintitrés» la «inconsistencia de las pruebas y eso podría darle la razón a quienes creen que puede ser una campaña orquestada contra Menem». Y Bergman no quiere ciertamente a Carlos Menem (ni a De la Rúa, ni a Duhalde, a todos los cuales acusa de no haber operado a fondo para esclarecer el horrible atentado a la AMIA).
Pagar una primera página de ese diario de Nueva York parece no tener precio para políticos criollos, aunque nunca puede afirmarse nada en prensa.
¿Una campaña política desde Estados Unidos contra Menem? Es cierto que los norteamericanos preferirían hoy a Carlos Reutemann o Ricardo López Murphy que al riojano. Pero aceptan la fuerza de los votos si lo proclaman. Hasta lo aceptan con Hugo Chávez en Venezuela, a quien realmente desprecian y compromete sus intereses. Menem no.
La izquierda criolla, es sabido, tiene enceguecimiento opositor con el ex presidente y la posibilidad de su retorno. Hasta ahora le achacan que su plan de dolarizar la economía no coincide con el Fondo Monetario cuando durante 10 años de su gobierno le imputaron directamente lo opuesto: acatar al Fondo.
La izquierda odia a Menem no por gestión, ni por Irán. Lo odia por su acercamiento, en esos 10 años, a Estados Unidos. Puede exagerar las cosas, inventar, manipular información, pero no tiene poder para tal influencia en «The New York Times».
¿Qué queda entonces? Lo más probable es un corresponsal un poco torpe que sabe que para que le den atención a lo que se envía a Estados Unidos desde Sudamérica, nunca puede ser sobre algo bueno ni sobre algo justo (por caso, que a los países en desarrollo las grandes potencias los obligan a pagar deudas pero no les dejan, por el proteccionismo, vender sus productos para tener fondos para hacerlo). Algo vinculado a «terrorismo» sí podría lograrle la primera página para su nota en «The New York Times», lo que para un corresponsal destacado en un continente pobre es una hazaña.
También es posible algún hábil operador que sabe que adjudicarle a Carlos Menem presunta vinculación con «terrorismo», aunque sea del pasado y con fechas que no coinciden, asustaría a Suiza para que informe. Es sabido que los suizos se niegan sistemáticamente a hacerles el trabajo a los gobiernos de suplirles sus controles contra la evasión fiscal. Sólo abren su información si hay delitos -comprobados por la Justicia, no meras denuncias- y obviamente si hay tráfico de dinero del terrorismo. Si Suiza, invocándole ocultamiento del accionar de Irán contra instituciones judías, se asustara, podría levantar el secreto bancario sobre Menem y después aunque no fuera no importaría que se hubiera utilizado la desgracia de la AMIA frente al jugoso rédito político que se pudiera sacar a tal información con «sello suizo».
Sería de pésimo gusto haber usado así el dolor inmenso de la colectividad judía.




Dejá tu comentario