Aníbal Fernández, como ministro del Interior de Kirchner, no tiene el poder que sus predecesores (Carlos Corach con Menem, por caso). Es por tanta tarea que absorbe el laborioso jefe de Gabinete, Alberto Fernández, un kirchneriano puro (Aníbal, en cambio, viene del duhaldismo).
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Aníbal es un hombre inteligente, hábil y respetado polemista pero a veces cae en excesos para refutar. No tiene la autoridad espectacular para réplicas que poseía como vocero de Alfonsín César Jaroslavsky. Acaba de negarle derecho a Domingo Cavallo de hacer declaraciones. ¡¡No es democrático, Aníbal!!
Claro, el ex ministro de De la Rúa dijo que la devaluación brutal del peso en enero de 2002 durante la gestión Duhalde, que siguió al «corralito», ya estaba marcada antes por los terribles déficit que en la gestión precisamente de Duhalde primero, desde 1997, y luego de Ruckauf hasta 2002, llevaron al estallido económico.
En realidad, Cavallo tiene razón: Duhalde-Ruckauf (éste abandonó la gobernación) le dejaron al pobre Felipe Solá 4.100 millones de dólares de déficit en 2001 (sumando 1.400 millones de dólares de prepotencia al presupuesto provincial, que correspondía en realidad a lo despilfarrado con créditos de favor en el Banco Provincia entre los «amigos» como Vittorio Gualtieri -con 100 millones de dólares impagos-y otros). Duhalde, para intentar ser presidente en 1997. En verdad, también colaboró al estallido de la economía Carlos Menem para ser reelecto en el '99 y le falló. Históricamente, serán reconocidos como los que prendieron la mecha de esa explosión del país. Del riojano por lo menos quedaron 8 años de buena gestión.
El bonaerense nunca administró bien, ni su provincia ni el país durante año y medio.
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