Una vez más, la Argentina figura entre los países más corruptos del planeta, según un particular ranking que confecciona la organización Transparency International. Además de ocupar el puesto 92° entre 133 naciones, fue el que más lugares perdió en 2003 respecto del año anterior: la Argentina cayó del sitio 70° al mencionado 92°,lo que representa un descenso de 22 puestos.
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Este descenso argentino se puso de moda en tiempos de Carlos Menem, ya que Transparency International -objetada en esos tiempos-castigó a la administración justicialista en base a consultas con «empresarios, académicos y analistas de riesgo» (sic), como ahora.
Entre patéticas y divertidas fueron esas discusiones que sirvieron para encumbrar al estrellato a algunos abogados -hoy más famosos-, quienes posiblemente ahora guarden silencio frente a estos nuevos guarismos.
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Lo cierto es que el informe de la mencionada ONG tiene, más allá de las opiniones, un flanco político importante: se preocupó de aclarar que sus datos no corresponden a la actual administración de Néstor Kirchner, pero sí en cambio a todo el gobierno de Eduardo Duhalde (en especial las áreas de Justicia y política, generalizaciones demasiado vagas, por otra parte). No hay constancias claras, entonces, de por qué subió tanto el índice de corrupción en esos tiempos de Duhalde, y en qué ha cambiado el país con el actual proceso, a pesar de que -como se sabe-muchos de los ministros del bonaerense continúan en funcionesen el equipo de Kirchner. Habrá que esperar un año entonces para comprobar si el combate al flagelo político, económico y social que es la corrupción, declamado por algunos funcionarios del actual gobierno, rinde frutos. Al menos ante los ojos de los encuestados por Transparency.
Se trata, de todos modos, de la profundización de una caída, ya que en 2001 el país ocupaba el casillero 57°; o sea, en dos años descendió 45 ubicaciones. De todos modos, la Argentina nunca logró superar el puntaje de 4 desde 1996. El máximo que otorgan quienes participan de esta encuesta es 10, que correspondea las naciones más «transparentes»; en sentido inverso, el 1 se otorga a los países considerados más permeables a las prácticas de corrupción. En este caso la Argentina «sacó» 2,5 puntos, muy lejos de Finlandia -el país menos corrupto del planeta, según el estudioque totalizó 9,7. Pero también quedó por debajo de países como Irán, Malawi, Nicaragua, Perú, Colombia y Jamaica, por mencionar sólo algunos. Desde 1996 la nota más alta la obtuvo en 2000 y 2001, con 3,5. La más baja, por algunas décimas, es la de 2003.
También Luiz Inácio Lula Da Silva sufrió ayer los embates de dicha ONG, por -según Claudio Weber Abramo, secretario general de Transparencia Brasil-el presidente brasileño falló en combatir la corrupción en su país. Sin embargo, no parece seria la crítica, dado que Lula asumió el 1 de enero de este año, fecha en la que se cerró la encuesta. La apelación de Abramo da que pensar, entonces, cuánto de confiable tiene el estudio y qué grado de influencia tienen las simpatías políticas en la recopilación y procesamiento de la información.
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