Primera sangre
Fernando Siro es actor. Además, es esposo de Elena Cruz, actriz. ¿Qué hay de especial? Mucho, muchísimo. Ella fue parte de la lista de legisladores de Buenos Aires de Gustavo Béliz-Domingo Cavallo. No entró a la Legislatura hasta que su predecesor en esa boleta, Alberto Fernández, pasó a ser jefe de Gabinete al ganar Néstor Kirchner. Entonces, le correspondía ingresar. La demoraron porque alguna vez muy tenuemente expresó el derecho de hablar del ex dictador Jorge Videla. Ayer fue a ocupar su banca que democráticamente le correspondía. Gente de Izquierda Unida (Vilma Ripoll) la agredió y al esposo lo sangraron de una pedrada en la cabeza. Después exageran el juez Mariano Bergés y el ex referí Javier Castrilli con las agresiones de los barras bravas. Ya lo dijimos aquí hace dos días. Vivimos hoy una democracia agrietada, donde la miseria hace que se compren votos con dineros públicos. Se compren influencias, punteros, encuestas. Todo. "Si los cuerpos colegiados entramos a aprobar o no lo que vota la gente, se acabó la democracia", dijo Elisa Carrió, cuya lucha por los principios democráticos y su denuncia de intentos de hegemonía (del actual presidente) le están creando respetable imagen. Más ante el silencio de Ricardo López Murphy.Un liberal y un marxista tienen una diferencia básica. El primero acepta y hasta considera necesaria la opinión del de izquierda. Este, en cambio, es totalitario, violento, intolerante y resentido casi por naturaleza. No considera que haya adversarios sino enemigos. Evoca la democracia sólo por usarla, porque no cree en ella. Eso se vio en el bárbaro acto de agresión de ayer. Se vio al que cree que si gana su sector es para siempre. Como los 44 años de Fidel Castro en Cuba y metiendo preso a todo disidente. O fusilándolo. Lo de ayer es la primera sangre de la era Kirchner. Esperemos que sea la última. Pero no puede evitarse ya que aumente el temor de la gente.
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Alicia Pierini a su turno mocionó que el cuerpo se constituyera en comisión, la única manera de tener permiso para opinar y decidir los legisladores. El radical Cristian Caram (a) «Nito» aclaró en su intervención que lo único que podía debatirse era «si la Legislatura puede o no impedirle el ingreso, aunque todos repudiamos que lo haga».
Una vez que se aprobó que se sesionara como comisión, se abrió la lista de oradores, con casi 30 anotados. Sorprendió el ucedeísta Julio Crespo Campos, cuando dijo que «si bien yo no tengo nada que ver políticamente con Ibarra, él diría que legalmente Cruz debe ingresar, me pasa lo mismo que a Crespo, pero que éticamente repudio el ingreso». Es que C. Campos obtuvo su butaca en 2000 de una lista que se ató a la fórmula Ibarra-Fel gueras, pero nadie esperaba que fuera ese legislador -opositor al gobierno desde su banca-que saliera a parafrasear al jefe porteño.
La sesión la comenzó a presidir Cecilia Felgueras, pero la radical ya tenía decidido excusarse de seguir al frente del debate en el momento en que se tomara juramento a la actriz. El que sigue, vicepresidente primero, Caram haría lo propio, mientras que el vicesegundo, Jorge Argüello, se encontraba delicadamente enfermo. Por eso Ricardo Bussacca, vice tercero, sería quien tomara el juramento.
El demócrata Oscar Moscariello opinó en esa ronda que «la voluntad popular que la colocó en una banca sólo puede ser quebrada mediante una sentencia judicial firme. Unicamente se podría impugnar a un legislador por participar en golpes de Estado o en crímenes de lesa humanidad condenados por las convenciones contra la tortura y el genocidio. Pero no por verter opiniones reprochables», dijo, que la mayoría compartía en la intimidad aunque no públicamente, excepto la minoría de izquierda, resuelta a rechazar el pliego de la actriz.




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