7 de octubre 2003 - 00:00

"Sobre los desaparecidos me enteré fuera del país"

«Soy garantista, por supuesto.» Así Eugenio Zaffaroni reivindicó su postura contraria al aumento de penas como mecanismo para reducir el delito. Del mismo modo defendió la aplicación de la ley del 2x1 que volvió a las calles a cientos de presos considerados como peligrosos.

Las siete horas que duró la audiencia, Zaffaroni la utilizó para defender varios posiciones polémicas que tuvo como juez y también como filósofo del derecho.

Asumió el papel de catedrático para explicar (como si los senadores fueran niños estudiantes) las teorías que sus libros y fallos reflejan, aunque varios de ellos fueron cuestionados por la Corte Suprema de Justicia o tribunales superiores.

Con ese fundamento defendió la «mínima sanción» a partir de una particular interpretación de la ley, según la cual « no se puede aplicar una pena superior a la racionalidad» y la aplicación en última instancia de la pena de restricción de la libertad.

También reivindicó la ley del 2x1, pero dijo que ésta fue concebida para beneficiar a los procesados.

Abundó Zaffaroni en encontrar una respuesta a la explicación de seguridad, y como si fuera un ministro del Ejecutivo avanzó en esbozar un modelo de Policía que a su criterio vendría a ser una solución a la inseguridad.

Por caso, reseñó que en la Argentina se impone un modelo «borbonista» de militarización de la Policía, que se contrapone con el modelo norteamericano, «
más cercano a la comunidad», y más de su gusto como definió. En este aspecto sorprendió Zaffaroni, al considerar « absurdo» el enfrentamiento entre policías y comunidad, y se pronunció por dotar a la fuerza de mayores salarios y de profesionalizarla.

«
El deterioro de las fuerzas policiales resta eficacia a la seguridad. No se puede prescindir de la Policía», interpretó.

Después ingresó en un terreno donde evidenció dos curiosas contradicciones.

Pese a sostener que durante su función como juez dio lugar a los recursos de hábeas corpus (y por ello -según dijo-fue criticado por la Corte del Proceso que pretendió justificarse) dijo que «
me enteré afuera del país lo que pasaba con los secuestrados. Sabía que había gente secuestrada, pero no sabía su destino, dónde la llevaban», explicó.

Fue la oportunidad para defender también su nombramiento como juez durante el Proceso. Así reconoció que juró tanto por el Estatuto del Proceso de Reorganización Nacional como por la Constitución de 1853 y de 1994. «
Eso nos tocó hacer. Vivimos una época de alteraciones institucionales y confiamos en que se supere

La segunda contradicción incurrió cuando le tocó explicar la autoría del libro para la Aeronáutica en el que justificó la «
eliminación física del adversario».

•Defensa

Zaffaroni se defendió afirmando que se trató de una lectura científica del Código de Justicia Militar y que la conclusión a la que arribó es que no se puede someter a civiles a la Justicia Militar. Sin embargo, volvió a defender a los bandos militares, aunque los limitó a situaciones de guerra o catástrofe. De esta construcción intelectual sostuvo que « no se puede prodigar pena de muerte en la forma graciosa de la letra fría de la ley, sino sólo como un accidente del Código».

«
Yo no soy el autor del Código de Justicia Militar: fue una ley del Congreso la que la sancionó. Sobre el código, diría que es tremendamente anticuado, que se remonta a las ordenanzas de la Marina española del siglo XVII», alegó.

En realidad, las 40 objeciones que se le hicieron ni las 125 preguntas formuladas hubieran bastado para torcer una decisión que desde hace tiempo maneja el Senado que es aprobar la nominación de
Zaffaroni como integrante de la Corte Suprema de Justicia.

Después de todo y, como diría el senador
Jorge Yoma, es un mecanismo que ya existe. Pasaron 108 jueces por esta forma de designación, es decir, el Presidente propone y el Congreso avala. En este caso tuvo la única diferencia en que se abrió una audiencia pública, pero sólo fue simbólica porque no tuvo peso para decidir nada.

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