16 de septiembre 2003 - 00:00

Solá se queja de Duhalde porque dice le restó voto

"Yo soy el jefe del gobierno; Duhalde es el jefe del PJ." Con ese tono, en cumbre reservada, Felipe Solá perfiló ayer, a 24 horas de la elección que lo instaló por cuatro años más en Buenos Aires, el modelo de convivencia que pretende conciliar con Eduardo Duhalde.

Al mediodía, pertrechado en su residencia de La Plata, desmenuzó con dos de sus funcionarios más fieles -después se incorporó otro-el resultado de la elección del domingo para ensayar una evaluación que computó, según el ojo de Solá, bondades y censuras.

Almuerzo de por medio, el ministro de Gobierno, Federico Scarabino, y el cuñado y secretario General de la gobernación, José María «Toco» González Fernández -luego se sumó el jefe de Gabinete, Florencio Randazzo-, anotaron las impresiones que dejó el peritaje de Solá.

•Conforme

Distendido, el reelecto se mostró «conforme» con el resultado (y con la cobertura mediática que tuvo su victoria), cuestionó la mecánica antifrentista que impuso Duhalde y diligenció a los suyos para diluir cualquier intento de nominarlo como «presidenciable».

En la mesa quedaron varias observaciones útiles. A saber:

«240 mil votos no es poca cosa». El número, que había anotado Scarabino, reflejaba la diferencia que Solá le sacó a la lista de diputados nacionales que encabezó Chiche Duhalde. En porcentaje, implica una diferencia de 2,6 puntos que, además, fue sistemática: aun en el conurbano sur, dominio del duhaldismo, Solá quedó arriba. Anotó el triunfo en todas las secciones del dúo que comparte con Graciela Giannettasio y marcó con rojo los distritos donde ganó a pesar de la derrota del PJ local o sacó más votos que sus candidatos, como La Plata, donde superó por 8 puntos a Julio Alak.

• Hubo referencias críticas sobre Duhalde. La queja fue contra el modelo de
PJ encriptado que impuso el ex presidente en la elección al no permitir armar frentes (tendencia que siempre impulsó, salvo este año) ni sumar lemas. Para Solá y los suyos, si el régimen no hubiese sido «tan cerrado», el PJ podría haber acumulado más votos (a gobernador terminó en 43,3%) y recuperar más municipios.

La cita es al '99, cuando Carlos Ruckauf sumó 7 puntos por adhesiones del cavallismo y la UCeDé. En cuanto a los ensambles, si el peronismo hubiese respetado su historia frentista, muchos PJ que en abril apostaron -y perdieron-a Carlos Menem habrían retornado al peronismo pero sin puerta de acceso terminaron estorbando a los candidatos oficiales. Las famosas heridas que dejan las internas.

• Sobre el número final (43,3% y 2,5 millones de votos) se escuchó una autocrítica: al margen de la elección de Patti y Rico, que consideró «buena», Solá se reprochó el excesivo triunfalismo que exhibió el peronismo al anticipar que se impondría por más de 30 puntos y con cerca de 50% de los votos. A ese resultado cantado se atribuyó también la baja asistencia de votantes y el hecho, difícil de comprobar, de que muchos electores hayan
«fugado» a terceros partidos ante la certeza de que el triunfo de Solá estaba garantizado.

«Basta con eso de que soy presidenciable», intimó Solá en una orden expresa para que sus voceros y operadores desintegren cualquier especulación sobre una futura confrontación con Néstor Kirchner. Como gobernador Solá queda en la grilla de partida para 2007 -encima no puede, sin reforma de la Constitución, repetir en la provincia-pero para no sembrar tensiones con Olivos, el bonaerense ordenó borrar toda sospecha. A priori, esa obsesión resulta sospechosa. Hasta sobreactuó ayer, cuando temprano se fue a Lanús a repartir patrulleros como señal de que su prioridad es la gestión.

• Avanzó, por último, con algunas pautas de la convivencia que entablará con Duhalde.
«El jefe del gobierno soy yo», insistió Solá para esfumar posibles presiones del ex presidente por imponerle políticas y/o funcionarios en el gabinete que, en poco tiempo, comenzará a modificar (se tomará un descanso en pocos días para evaluar los nuevos nombres y además definir qué política tendrá ante la nueva Legislatura con amplia mayoría del PJ). De todos modos, ayer ratificó lo que el domingo voceó ante la TV: el triunfo del PJ es «compartido» con Duhalde y el peronismo bonaerense, lo que, de hecho, supone compartir el poder. «Eso si -repitió Solá en un salmo-, aunque pueda coincidir en algunas figuras con Duhalde, mis funcionarios los elijo yo.» No es ése un dato menor: en pocas semanas, tres de sus ministros (Scarabino, Mariano West y Alfredo Meckievi) dejarán vacías sus oficinas (suenan Dámaso Larraburu, Sergio Massa y Carlos Martínez como reemplazos respectivos) y el reelecto deberá reacomodar su equipo de gobierno, el primero que armará, como gobernador «con votos propios».

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