De manera elegante, discreta, Eduardo Duhalde dirigió ayer un reproche a la estrategia electoral de Néstor Kirchner: "El PJ perdió en Río Negro porque fue dividido". Todo el mundo sabe que la secesión la produjo el Presidente al alentar la candidatura de Eduardo Rosso contra el peronista oficial, Carlos Soria, a quien los Kirchner detestan. No es el único distrito donde se produjo ese juego: en La Pampa, en Santa Fe y, sobre todo, en Misiones, la Casa Rosada apostó a candidatos ajenos al PJ. Refutó también Duhalde a Alberto Fernández, ayer, cuando dijo: "No me interesa quién gane en la Capital; ninguno de los dos es peronista". El jefe de Gabinete había sostenido que "si pierde Ibarra, el proyecto político del gobierno comenzará a encontrar dificultades".
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El primero que hizo sonar su voz fue Felipe Solá. Pensó en Alberto Fernández, el jefe de Gabinete, y dijo que la pelea porteña, en la que compiten Mauricio Macri y Aníbal Ibarra «no es el enfrentamiento entre dos modelos de país». Fernández había dicho lo contrario, señaló que si pierde Ibarra, corre riesgo el proyecto político que se pretende instaurar. Duhalde machacó ayer con la posición de Solá: «No me interesa quién gane en la Ciudad de Buenos Aires porque ninguno de los dos es peronista», dijo.
Además, Duhalde y Solá hablaron en defensa propia. Ellos estuvieron representados en las listas de Macri, no en las de Ibarra. Jorge Argüello, Julio Balbi, Lucrecia Monti y los demás candidatos que integraban esa oferta expresan el «modelo bonaerense» (si eso existiera), que los peronistas de la provincia no quieren ver denigrado por el cavallista Fernández. Un paso más allá, el ex presidente y su esposa Chiche se preparan para recibir en una ceremonia especial (mate y facturas en Lomas o San Vicente) a los candidatos a diputados del PJ que fueron en la lista del presidente de Boca Jr.
Duhalde trazó otra raya ayer, cuando dijo al pasar que «a Macri nunca lo vi al lado de Menem», con lo que pegó en el corazón de la campaña de Ibarra, es decir, en el intento de vincular al adversario con la figura del riojano y con todo lo que esté asociado, lisa y llanamente, a capitalismo. Dicho sea de paso: el gobierno va sacando una a una del Congreso las leyes más antipáticas para el sector del electorado que se fascina con su prédica más o menos izquierdista. La elección porteña y su «circo de Moscú» (como llaman los graciosos al elenco de ex stalinistas que rodean al jefe de Gobierno porteño) prestan en este sentido un servicio impagable.
Además de estas advertencias cifradas, Duhalde produjo otra declaración indirecta ayer por la mañana. Hay que prestarle atención porque el acto en el cual presentó su lista de diputados fue planeado con toda minuciosidad, con la intención de divulgar estos mensajes. El jefe bonaerense dijo que «el PJ perdió en Río Negro porque fue dividido». Nadie le preguntó quién lo fragmentó, pero es más que evidente que el responsable fue Kirchner. Animado por la aversión a Carlos Soria, el Presidente alentó la candidatura de Eduardo Rosso, quien en esa provincia preside su propio «Partido de la Victoria». Kirchner recibió una y otra vez a Rosso en la Casa Rosada, se sacó fotos con él y con los intendentes que se le asociaron y mantuvo distancia respecto de Soria, el ex jefe de la SIDE de Duhalde a quien él imputa haberlo espiado en Santa Cruz. Miguel Pichetto, el presidente del bloque PJ de senadores y socio de Soria en la pelea sureña, amagó con renunciar a esa posición en medio de estas discriminaciones de la Casa Rosada.
Para cualquier conocedor de estos datos, que son públicos, el mensaje de Duhalde ayer, pidiendo que no se apoye a candidatos por fuera del PJ, intentó ser una advertencia para Kirchner, quien mantiene en la Casa Rosada un ejército de operadores alentando candidaturas alternativas en muchas provincias (apostaron en su momento a Hermes Binner en Santa Fe, a Néstor Ahuad en La Pampa, a Sergio Daza en Jujuy y abiertamente al radicalismo en Chubut, entre otros distritos).
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